El futuro de la tauromaquia en una foto: 525 pueblos perdidos y millones de euros públicos
Una imagen de la plaza de toros de Oviedo, semiderruida y cubierta de maleza, se ha convertido en el símbolo del declive taurino. No es un caso aislado. Los números cantan: el número de corridas de toros en España ha caído casi un 70% en una década, según datos de 2016 del Ministerio de Cultura recogidos por El Periódico. Córdoba perdió 44.000 espectadores entre 2007 y 2017, y un editorial de Mundotoro reconocía que 525 pueblos han dejado de celebrar festejos taurinos por falta de viabilidad económica.
Los datos de la decadencia
La tendencia es implacable. Las plazas de toros se vacían incluso en plazas de primera como Las Ventas, donde la ocupación media ha caído por debajo del 50% en muchas corridas. La crisis se ha acelerado en los pueblos pequeños, donde organizar un festejo requiere subvenciones que muchos ayuntamientos ya no pueden o no quieren asumir. Según los propios taurinos, el modelo de negocio tradicional se ha roto: los gastos (toreros, ganaderías, seguros) superan con creces los ingresos de taquilla.
Subvenciones millonarias en pleno declive
A pesar de la caída de la demanda, las administraciones públicas siguen inyectando dinero. La Comunidad de Madrid aumentó las ayudas a la tauromaquia en 2021, incluyendo la municipalización de la escuela taurina. Ayuntamientos gobernados tanto por PP como por PSOE mantienen partidas para corridas, mientras que otros, como el de Oviedo (en manos de la izquierda), han optado por cerrar sus plazas alegando falta de uso y costes de mantenimiento. El debate político está servido: unos ven un rescate insostenible de un espectáculo en vías de extinción; otros, un ataque ideológico a una tradición cultural protegida por la Constitución.
¿Hay futuro para los toros?
Los defensores señalan que en San Isidro (Madrid) y en algunos pueblos de Castellón los tendidos se llenan. En junio de 2024, ocho localidades de Castellón programaron festejos taurinos. Pero son la excepción que confirma la regla. La pregunta es cuánto tiempo podrán mantenerse estos focos sin un flujo constante de dinero público. Por ahora, la foto de la plaza de Oviedo resume mejor que mil informes lo que está pasando: un negocio que, sin la paguita del Estado, no se sostiene.
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