El euro cae frente al dólar y el yuan
¿Qué pasa cuando la moneda única pierde fuelle justo cuando la economía europea se desangra? El euro se ha depreciado un 2% frente al
dólar y un 5% frente al rublo, según los datos que manejan los analistas. La victoria de Trump en las elecciones de EEUU ha sido el detonante: los mercados descuentan aranceles masivos a los productos europeos y una menor cooperación en defensa. El resultado es una moneda que se desliza hacia la paridad con el dólar, mientras el yuan apenas se mueve. La pregunta que sobrevuela es si el BCE podrá contener la sangría sin asfixiar aún más a las empresas exportadoras.
Por qué el euro se deprecia frente al dólar
La victoria de Trump ha cambiado el tablero. Los republicanos controlan la Presidencia, el Congreso y el Senado, lo que le da vía libre para bajar impuestos y subir aranceles. Esa combinación dispara la inflación en EEUU, lo que obliga a la Reserva Federal a mantener los tipos altos. Con tipos más altos, el dólar se aprecia. El euro, mientras tanto, se queda atrás: la UE está en recesión técnica, con Alemania al borde del estancamiento y una política fiscal que no puede estimular mucho más. El BCE, además, tiene las manos atadas: si sube tipos para defender la moneda, ahoga el crédito; si los baja, el euro se hunde aún más.
El yuan, el rublo y la devaluación selectiva
Frente al yuan, la depreciación del euro ha sido mínima. Algunos analistas lo achacan a que China también está interesada en mantener su moneda débil para exportar. Frente al rublo, la caída es más pronunciada: un 5%. Rusia, sancionada y con una economía de guerra, ha visto cómo su moneda se fortalecía por los controles de capital y los altos precios de la energía. Para Europa, un euro débil frente al rublo encarece las importaciones de gas y petróleo, lo que alimenta la inflación. La trampa es evidente: cuanto más se deprecia el euro, más caro sale importar energía, y más difícil es controlar los precios.
El impacto en la economía española
Para España, un euro débil tiene dos caras. Por un lado, abarata las exportaciones: el turismo y la industria agroalimentaria pueden ganar competitividad. Por otro, encarece las importaciones de bienes de equipo y energía, lo que presiona al alza los costes de producción. Los sectores más expuestos son el automovilístico y el químico, que dependen de componentes importados. Además, si Trump cumple su amenaza de imponer aranceles a los productos europeos, las empresas españolas perderán acceso al mercado estadounidense. El gobierno de Sánchez ya ha advertido de que defenderá los intereses españoles, pero con un margen fiscal limitado, poco puede hacer.
¿Qué puede hacer el BCE?
El BCE se enfrenta a un dilema. Si sube los tipos para frenar la depreciación, corre el riesgo de provocar una recesión más profunda. Si los baja para estimular el crédito, el euro se debilita aún más. Algunos economistas apuestan por intervenir en el mercado de divisas, pero eso requeriría un consenso político que no existe. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha evitado pronunciarse sobre el nivel del euro, pero ha reconocido que la incertidumbre comercial es un lastre. Mientras tanto, los inversores siguen apostando por el dólar como refugio, lo que alimenta la espiral bajista.
El futuro de la moneda única
La pregunta clave es si el euro puede recuperarse. Depende de tres factores: la política arancelaria de Trump, la evolución de la economía china y la capacidad de la UE para coordinarse fiscalmente. Si Trump recorta impuestos y sube aranceles, el dólar seguirá fuerte. Si China devalúa el yuan, el euro sufrirá aún más. Y si la UE no logra un acuerdo para emitir deuda conjunta, la moneda única seguirá siendo vulnerable. Los mercados ya descuentan una paridad con el dólar a corto plazo. La historia reciente muestra que el euro ha sobrevivido a crisis peores, pero esta vez el contexto es diferente: la UE no tiene un motor económico claro y la fragmentación política dificulta cualquier respuesta contundente.