Ni la DANA ni el apagón: la factura de un abandono continuo
Las residencias de mayores en plena pandemia, la DANA que arrasó Valencia, el apagón masivo, la frontera de Ceuta. La lista de crisis mal gestionadas se acumula y el relato oficial de la recuperación empieza a hacer aguas. Frente a esta realidad, un argumento gana terreno: el Estado no está fallando por accidente, sino por abandono continuo del pueblo al que debería servir.
El malestar no se limita a las estadísticas. Se extiende a la clase política y salpica incluso a la Corona: las vacaciones de la familia real se comparan con las del presidente, y el «todos son iguales» ya no es un tópico, sino una conclusión.
Hay quien sostiene que esta queja es un espejismo. El propio pueblo, argumentan, es cómplice de su situación: mientras llegue la paguita, nadie se moviliza por lo que les pasa a los demás. Esa tesis tiene su parte de razón, pero choca con la evidencia de que, cuando el agua llega al cuello, la paciencia se agota.
El Estado dimite solo en los libros de texto
La dimensión más radical de la protesta recuerda que el Estado moderna, si acaso, se disuelve, y que su monopolio legal de la violencia le garantiza la supervivencia que no tienen las empresas o los ciudadanos. La apelación a métodos de fuerza, que a veces asoma en la conversación, es la espiral que conviene no alimentar: la rabia nunca ha sido un buen consejero cuando se trata de diseñar alternativas.
Mientras tanto, la lista de agravios sigue creciendo: de las medidas climáticas y de género consideradas abusivas a la gestión de los flujos migratorios en el sur. Cada acontecimiento añade un capítulo a la misma novela: la del Estado que no está donde se le necesita cuando se le necesita.
La paradoja final es que todo este descontento no termina de traducirse en las urnas. El mismo ciudadano que exige dimisiones sigue votando a los mismos o absteniéndose. Como si la queja fuese el único ritual posible. Quizá por eso nadie en el poder se siente obligado a dimitir: saben que la dimisión es un gesto que no forma parte del guion.