La jubilación del baby boom ya tensiona 170.800 millones en pensiones
¿Cuánto aguanta un sistema que afronta su mayor subida de gasto justo cuando arranca el grueso de las jubilaciones? En 2023 el pago de pensiones contributivas y no contributivas alcanzó los
170.800 millones de euros, alrededor del 12,7% del PIB, y Funcas lo eligió como el dato del año. Son
15.800 millones más que en 2022, el mayor incremento anual de la historia y el triple del ritmo registrado en los últimos quince años. Lo llamativo no es la cifra. Lo llamativo es que el baby boom
solo acaba de empezar a jubilarse.
Por qué el gasto en pensiones subió un 8,4% en un año
El salto responde a tres motores. El primero, la revalorización de las prestaciones en un
8,4% conforme a la inflación del ejercicio anterior. El segundo, el llamado efecto sustitución: los nuevos perceptores entran al sistema con nóminas más altas que las de quienes salen de él. El tercero, el goteo constante de nuevos pensionistas,
109.000 más en un año.
La pensión media se coloca ya en
1.197 euros, frente a los 1.094 de doce meses antes. La de jubilación, en 1.377 euros, 117 más. Para 2024 la revalorización pactada es del
3,8%, lo que añadirá unos 6.500 millones por sí sola. Súmese el resto de factores y el gasto total puede escalar hasta los
180.000 millones: casi un 6% más en un año en el que el PIB apenas crecerá un 2%. La factura avanza el triple de rápido que la economía que la sostiene.
Como referencia, sanidad y educación juntas costaron 144.000 millones en 2021, el último ejercicio con datos cerrados. Las pensiones, solas, ya pesan más.
Cuántos baby boomers se jubilarán y qué pasa con la población activa
Aquí llega el problema de fondo. Las proyecciones demográficas del INE sitúan la pérdida de población en edad de trabajar en más de
800.000 personas entre 2023 y 2050, mientras el colectivo de más de 65 años crecerá en más de
6 millones. En 2030 casi
4 millones de baby boomers estarán cobrando pensión; en 2040 serán más de once.
CaixaBank Research lo resumió sin mucho adorno: España entra en una etapa histórica en la que las primeras hornadas del baby boom se jubilan y las siguientes lo harán a lo largo de los próximos diecisiete años. El sistema de reparto —los cotizantes de hoy pagan la pensión de hoy— se somete así a su particular prueba de esfuerzo.
Las salidas posibles: recortes, más cotizaciones o más impuestos
El abanico es corto y ningún camino es cómodo. Recortar prestaciones resulta improbable por el peso creciente del votante mayor de 65 años. Subir cotizaciones sociales o impuestos, o una mezcla de ambos, es la vía que ya se insinúa con figuras como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional. Queda la deuda pública, pero el elevado nivel de partida la descarta casi por completo.
Sobre la mesa hay propuestas que van más lejos: elevar la jubilación anticipada a los 65 y la ordinaria a los 68, exigir 42 años cotizados para cobrar el 100% o permitir elegir los 40 mejores años de la vida laboral. El cálculo más pesimista asume que el ajuste llegará igual, tarde y de golpe.
¿Estafa intergeneracional o garantía del Estado?
Aquí el análisis se parte en dos. Para una corriente, el sistema es una transferencia de los jóvenes que no tienen nada hacia mayores que ya lo tienen todo, y las pensiones actuales se sostienen tirando de deuda. En el extremo del pesimismo se llega a comparar el diseño con un esquema de tipo Ponzi. Enfrente, la postura opuesta: la pensión pública no colapsará porque se apoya en un tributo obligatorio y en el PIB, mientras los planes privados dependen del riesgo de la inversión y de gestores que pueden hacerlo mal.
Lo incómodo es que ambas corrientes comparten un diagnóstico: el sistema nunca fue autosuficiente. De él se sacó dinero para otras partidas, y su contabilidad siempre ha ido mezclada con la del resto del Estado.
Un mercado laboral que no cuadra con el paro
Mientras se discute cómo pagar las pensiones, el
mercado laboral envía señales contradictorias. Las dimisiones superaron por primera vez el promedio de
11.000 diarias, y un 75% corresponden a trabajadores con contrato indefinido. Son 8.400 renuncias de media, un 26% más que un año antes y muy por encima de las registradas antes de la pandemia. En paralelo, la edad real de jubilación escala hasta los
65,1 años y el retiro demorado crece un 50% durante 2023.
No encaja del todo: el país con la tasa de paro más alta de la Unión Europea registra a la vez récord de dimisiones y de retraso en la salida del mercado laboral.
Las cifras sirven, al menos, para ordenar el susto. Un sistema que crece al 6% con un PIB al 2% no necesita enemigos. Necesita tiempo, y el calendario es lo único que no admite renegociación. Queda una salida cómoda que nadie ha descartado: pagarlo y mirar hacia otro lado. Funciona de maravilla hasta que deja de hacerlo.