El día que un alumno devolvió el golpe en un internado de lujo
Los internados de élite de los años 80 escondían una realidad de violencia cotidiana que hoy sería inaceptable. Un exalumno relata cómo en 1987, en un colegio interno cerca de Madrid, se enfrentó a un acosador al que describe como «alto, fuerte y provocador». El incidente ocurrió durante el estudio: el agresor le soltó un insulto grave, y la respuesta fue una paliza que dejó al otro con la cara destrozada.
El relato, que ha circulado en redes, sitúa la acción en 1º de BUP. El protagonista asegura que aquel chico era un «depredador» que pegaba muy fuerte y que todos temían. Pero aquel día, la víctima habitual decidió no achantarse. La pelea fue rápida y concluyente.
El contexto no era excepcional. El mismo narrador había pasado antes por el colegio Campillo, en Málaga, conocido como «el Alcatraz de los internados españoles». Allí, las peleas eran diarias y los vigilantes nocturnos propinaban guantazos a las tres de la madrugada por ir al baño. «Era lo normal», recuerda. Algunos de los que estuvieron allí acabaron con problemas de drogas o en prisión.
Curiosamente, el protagonista afirma que durante aquellos años internos sacaba notas excelentes. «No era malo», dice, pero sus padres trabajaban fuera y no hubo alternativa. Agradece la experiencia, pues le «preparó para lo que vino después».
La historia ejemplifica cómo la violencia era moneda corriente en instituciones que se suponía debían educar. Hoy, muchos exalumnos coinciden en que aquella dureza forjó carácter, pero también dejó cicatrices. El debate sobre el método sigue abierto.