El voto socialista como enfermedad: la deriva que cosifica al adversario
Llamar carcinoma a un bloque de votantes no es un arrebato: es el síntoma de una conversación pública que lleva años pasando de la discrepancia a la deshumanización. En una discusión reciente sobre las culpas políticas, la responsabilidad de todo lo ocurrido —pandemia, confinamiento, inflación global, gotas frías, comercio internacional, apagones— se descarga sobre el mismo grupo, y las apelaciones al franquismo aparecen sin pudor.
De la crítica a la patologización
La metáfora médica no argumenta: elimina. Quien habla de tumor no ofrece réplica, propone extirpación. Entre las intervenciones asoman la reclusión de «enfermos mentales» y el deseo de no saludar a quienes votan distinto. La discusión ha dejado de ser política para volverse clínica, con diagnóstico y receta.
Un repaso de culpas sin matices
La lista es exhaustiva: desde el Covid hasta la llegada de cinco millones de personas en ocho años, pasando por la política energética y un apagón que —según la referencia al periodista Javier Ruiz— se cargaría en las eléctricas. Nada escapa al detonante único. Se discute lo que sea, menos la complejidad.
La anécdota que retrata el momento: ante la frase «Franco lo hizo», la respuesta no es el horror, sino la nostalgia por lo que «apenas hizo». La democracia, se recuerda, no tiene vuelta atrás. Ojalá el lenguaje político lo tuviera también.