La megasequía del suroeste de EEUU y la fuga de aseguradoras
La megasequía que atenaza el suroeste de Estados Unidos acumula
23 años y, según las reconstrucciones citadas, es la peor de los últimos
1.200 años. California afronta una
espantada de aseguradoras en un escenario marcado por el calentamiento y el alza de costes, y esa fuga se presenta como la otra factura del clima.
La megasequía se define como una crisis climática continua para los ecosistemas naturales, los sistemas agrícolas y los recursos hídricos humanos. Los investigadores admiten una comprensión limitada del fenómeno, pero sostienen que episodios así serán más frecuentes y más graves si no se reduce drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero. La formulación que se repite en los informes:
«Históricamente, son algo muy raro, pero se volverán más frecuentes y más graves en el futuro».
Cuánto dura ya la megasequía del suroeste de EEUU
El episodio arrancó hace más de dos décadas y no ha dado tregua. La atmósfera cada vez más seca es el objeto de estudio de la Universidad de Virginia Occidental (WVU), que trabaja con observaciones de las redes existentes de estaciones de instrumentos repartidas por toda la región. El marco no es exclusivamente estadounidense: España es el segundo país con más estrés hídrico de Europa y el
75% de su territorio está en riesgo de desertificación.
La fuga de aseguradoras se enmarca, según las informaciones citadas, en un escenario de calentamiento y alza de costes. En el debate se subraya que ninguna compañía abandona un mercado por una sola variable.
Así se reconstruyen sequías sin termómetros ni escritura
La objeción más repetida apunta a quién anotaba la lluvia hace 1.200 años. La respuesta estándar es la dendrocronología: el ancho de los anillos anuales de los árboles refleja la disponibilidad de agua durante la temporada de crecimiento, de modo que los anillos anchos señalan años húmedos y los estrechos, años secos. Existen ejemplares de
5.000, 4.000 y 3.000 años de antigüedad que permiten reconstruir registros largos, y hay quien añade métodos de evidencia indirecta como complemento.
El escéptico razonable tiene contraargumentos serios. Se trabaja con rangos y márgenes de error, no con medidas exactas: si hoy se habla de la peor sequía en 1.200 años, ¿hubo otra peor hace 1.300? También se sostiene que en estos modelos abundan coeficientes arbitrarios, hasta el punto de que serían los coeficientes elegidos los que terminan determinando el resultado. Y si hay un solo pagador —público—, la sospecha de que primero se fija la conclusión y luego los parámetros no se disuelve sola.
Un participante añade la escala temporal de los termómetros humanos: hace 1.000 años los vikingos plantaban cebada en Groenlandia y dejaron aperos de labranza y almacenes; hoy esa misma tierra no da cebada. Según ese argumento, el clima cambió sin que nadie quemara un barril de petróleo.
Fuga de aseguradoras en California: ¿clima o cuenta de resultados?
En el hilo se sostiene que ninguna compañía abandona un mercado por una sola variable y que la inflación alta, las subidas de impuestos, las trabas al reaseguro y el empobrecimiento generalizado bastan para hacer inviable operar con rentabilidad en un territorio expuesto a incendios y sequías. Para quien defiende esa tesis, reducir todo a la catástrofe natural recuerda al cierre de un festival de música atribuido a la piratería cuando detrás había una operación inmobiliaria. Se añade, además, que los seguros rara vez cubren los desastres naturales en la forma en que el público imagina.
Un participante trae como contraste el episodio de los años treinta. En plena
Dust Bowl, tres millones de personas dejaron sus granjas y se habla de una mortalidad de hasta
5 millones. Según su lectura, aquello no era cambio climático antropogénico, sino una sequía normal, mientras que la actual se presenta como
mega.
Tormentas récord en el estado que se seca
El mismo California que protagoniza la alarma batió registros de lluvia. Las tormentas recientes recuperaron los registros históricos de precipitación y elevaron el manto de nieve, según el servicio meteorológico estadounidense, en un giro publicado un mes antes de que se popularizara la versión de la sequía imparable. Un participante gallego afirma que pocas veces se vio llover como ese año.
En el hilo se explica que el patrón de lluvias se mueve, no desaparece. El agua del planeta es constante; las precipitaciones, no. Una atmósfera más cálida debería producir más precipitación, y parece estar haciéndolo, pero puede redistribuirla. El ENSO suma ruido: un Niño intenso que se debilita y una Niña en camino. Aun así, se batió el récord de temperatura global del mes en
1,05 grados, después de un
0,93 el mes anterior.
Drones sobre las nubes y agua que se vende
Mientras se discute el diagnóstico, hay quien ya interviene en el mecanismo. En Emiratos Árabes Unidos se emplean drones para liberar cargas eléctricas en las nubes que ayudan a que las gotas se fusionen y precipiten, un sistema asociado al profesor Maarten Ambaum, de la Universidad de Reading, y recogido en la Wikipedia desde 2021. El mismo país sufrió inundaciones que saturaron sus sistemas de drenaje.
En el hilo se bromea con que en Castilla y León venden agua a los sedientos.
Un participante plantea la paradoja: si la sequía actual se mide contra otra de hace 1.200 años y ambas se etiquetan de atípicas, la referencia aguanta mal el peso que le echan encima.