El jueves, el Banco Central…
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El Banco Central Europeo se enfrenta a una decisión sin precedentes: activar el TPI para contener la deuda francesa o dejar que la prima de riesgo siga subiendo. El problema es que Francia incumple las reglas que ese mecanismo exige y la inflación del 3,8 % obliga a subir tipos a la vez.
Francia paga por su deuda lo que no pagaba desde 2002. Su prima de riesgo llegó a 178 puntos y el Banco Central Europeo tiene sobre la mesa un instrumento creado para exactamente esto: el TPI, el Instrumento de Protección contra la Fragmentación. Nunca lo ha usado.
El TPI permite al BCE comprar deuda de un país bajo presión, pero con condiciones. El país tiene que cumplir las reglas fiscales europeas y tener una trayectoria de deuda sostenible. Francia hoy no cumple. Activarlo sin esas condiciones abriría una grieta: el escudo dejaría de ser un seguro para países disciplinados y se convertiría en un salvavidas sin contrapartidas.
Christine Lagarde tiene que decidir si eso es aceptable. En 2012, Mario Draghi resolvió una crisis parecida con tres palabras: «whatever it takes». Bastaron porque el mercado le creyó. Hoy el contexto es otro: la inflación en el 3,8 % obliga al BCE a mantener el freno monetario mientras estudia pisar el acelerador con compras de deuda.
Subir tipos para contener la inflación encarece la deuda francesa. Comprar esa deuda para calmar la prima de riesgo inyecta liquidez y presiona los precios al alza. Las dos herramientas apuntan en direcciones opuestas. El jueves se sabrá qué prioriza el BCE.
El asunto no se queda en París. Si la prima francesa se descontrola, el contagio llega a España y a las hipotecas variables, que se referencian al euríbor. Un euríbor al alza encarece las cuotas. Las fechas importan: la reunión del jueves, la evolución de la inflación y la respuesta del mercado a lo que decida Lagarde.
España no tiene la prima de riesgo francesa, pero comparte moneda y mercado de deuda. Un episodio de fragmentación encarecería la financiación de todos. El TPI se diseñó precisamente para evitarlo, y su primer uso marcaría un precedente: qué país lo recibe y con qué condiciones.
La decisión del jueves no es solo técnica. Es política y tiene consecuencias directas sobre el coste de la deuda y las hipotecas. Si el BCE activa el escudo sin exigir cumplimiento, el mensaje es que las reglas se pueden saltar. Si no lo activa, la prima francesa puede seguir subiendo. No hay opción limpia.
El jueves, el Banco Central…