El 70% de los nuevos empleos en España los ocupan trabajadores extranjeros: ¿éxito o espejismo?
Una peluquería de barrio en Madrid busca a una recepcionista. Salario: 1.200 euros brutos. Tres candidatos: dos migrantes recién llegados y un español de 28 años con el título de técnico en peluquería. El dueño contrata al primero que acepta hacer media hora más sin cobrarla. Esa escena, que se repite cada día, explica mejor que los discursos oficiales por qué el 70% de los puestos de trabajo creados en España en el último año han ido a parar a personas migrantes, según datos de El Independiente.
Un mercado partido en dos
La cifra, que ha reabierto el debate sobre el modelo laboral, admite varias lecturas. Por un lado, quienes señalan que los migrantes ocupan mayoritariamente empleos de baja cualificación –camareros, repartidores, limpiadores– que los autóctonos rechazan por mal pagados y precarios. Por otro, los que subrayan que también hay cada vez más médicos, ingenieros y directivos extranjeros, sobre todo hispanoamericanos, que cubren vacantes que el sistema educativo español no llena.
El punto más conflictivo aparece al mirar la calidad del empleo. Según los críticos con el modelo, buena parte de esos nuevos puestos son temporales o en economía sumergida: mientras la afiliación a la Seguridad Social sube, lo hace también el embeleco en sectores como la hostelería y el reparto. Se argumenta que se está sustituyendo empleo estable por mano de obra barata, lo que algunos califican de dumping laboral.
La formación como vara de medir
Hay quien sostiene que el problema no son los migrantes, sino la falta de reciclaje de los trabajadores españoles. En muchos oficios –peluquería, fontanería, atención al cliente– los recién llegados están dispuestos a formarse en ciclos de FP mientras los nacionales se resisten. El resultado es que, incluso en empleos cualificados como la sanidad, el porcentaje de extranjeros no deja de crecer.
El dato final que desconcierta: a pesar de la preferencia institucional por contratar a colectivos vulnerables –donde los migrantes entran con ventaja–, el desempleo de larga duración entre varones autóctonos sin estudios sigue por encima del 20%. El mercado laboral español no crea empleo para todos por igual; lo crea para quien está dispuesto a aceptar las condiciones que ofrece.