Schweinsteiger: «nos hemos estancado en la mediocridad»
El hilo no trae fútbol nuevo. Trae un enlace y un aviso. Un forero pega una entrevista del exjugador Bastian Schweinsteiger y, a partir de ahí, los mensajes dejan de mirar al once alemán para mirar al español dentro de una década. La bronca no baja: se muda.
Qué se ha sabido
Entra una fuente externa después de varias tandas de cuentas hechas a mano. Es un
artículo de AS sobre Schweinsteiger y la selección alemana. El mensaje que lo pega pone una cifra,
42 años, y le cuelga al exjugador una frase entrecomillada: «Ya no somos un equipo de élite, nos hemos estancado en la mediocridad». El mismo forero sostiene que los exjugadores critican al equipo sin atreverse a decir el motivo que él da por sabido y callado.
Ahí se acaba lo documentado. Lo demás son fechas puestas a ojo y proyectadas hacia delante:
2034 aparece como el año del Mundial en el que la selección española podría parecerse a esta Alemania, y un mensaje engancha con el
2030 y lo que describe como pago por organizar el torneo. Nada de eso llega con prueba alguna. También se cuela
1945 en un mensaje que zanja que aquel país ya no existe y que, por tanto, tampoco su selección.
A la lista de fechas se suma el golpe corto: un mensaje cierra con «La Alemania campeona en 2014, no haré más preguntas señoría». Y otro resume la jornada con el clásico de que el fútbol no iba a ser la excepción de nada.
Dónde está la bronca
En dos frentes que ya no van juntos.
El primero es el del físico. Un participante repite dos veces el mismo argumento: en el fútbol el físico no decide, cuentan colocarse, anticiparse y la técnica en el control, el pase o el disparo; con velocidad y resistencia no se va a ninguna parte. Y remata que la raza es irrelevante porque hay jugadores con físico y poco más, de cualquier origen, en Primera. Alguien le contesta por el otro lado: si el físico fuera la clave, que le digan cuántos mundiales gana Alemania. Ninguno de los dos habla del partido. Hablan de lo mismo de siempre con otras palabras.
El segundo frente es el de los apellidos y la adaptación. Un mensaje cuenta que solo uno de los convocados tiene apellido alemán, dice que son todos del mismo barrio y que no hay adaptación a la cultura del país. Otro directamente lo deja en provocación: que esa alineación parece hecha a propósito. Hay quien insiste en que la crisis futbolística alemana va a seguir. Y no hay, en todo el tramo, ni una línea sobre cómo jugaron.
En medio, la burla. Un forero explica en broma que los jugadores se han vuelto más oscuros por las horas de sol y los rayos UVA en Europa central, y cierra llamando racista al propio hilo. Otro dice que, por la proporción, aquello parece la selección de Namibia. Un tercero se ríe directamente del asunto. Y uno más saca a relucir la marca de la camiseta como remate de la coña. Es el tono que recorre la tanda: nadie discute, todos pasan por encima.
El aviso que apunta a España
Aquí está lo nuevo de verdad. Tres mensajes distintos dicen lo mismo sin ponerse de acuerdo: esto no se queda en Alemania. Uno avisa de que la selección española dentro de
20 años estará igual. Otro sentencia que ya están casi como Francia y que es buen espejo en el que fijarse para ver cómo será la española del
Mundial de 2034. Un tercero lo da por hecho: nosotros estamos en proceso.
La respuesta no llega por el lado del fútbol, llega por el lado del alivio. Un mensaje corto celebra, medio en serio medio en broma, que somos la esperanza de Europa. Otro añade que hay que verlo para creerlo. Nadie propone cómo evitarlo.
Qué cambia respecto a antes
Cambia la fuente, no el argumento. Hasta ahora todo eran recuentos propios y apreciaciones de foro; ahora hay un enlace con un exjugador dentro y una cifra, 42 años, que sirve de aval para el que ya pensaba igual. Cambia el objetivo: el once alemán pasa a ser el espejo donde mirar el futuro del español, con fechas concretas sobre la mesa. Y cambia el cierre: donde antes se discutía si el ciclo alemán se había agotado, aquí se da por agotado y se pregunta cuándo llega el turno.
Lo que no cambia es nada más. Nadie rectifica. Nadie baja el tono. Ni un mensaje se molesta en contar qué pasó en el campo.