Cuentan el once: dos alemanes y nueve de origen migrante
El hilo deja el marcador y se pone a contar. Un mensaje reparte el once en dos alemanes y nueve jugadores de origen migrante, y a partir de ahí los demás ya no discuten el partido: discuten esa cuenta. Unos la repiten, otros la retocan, otros la contestan. Y en medio, la derrota con Grecia funciona de remate, porque era justo lo que faltaba para que la broma dejara de ser broma. La frase que mejor resume el tramo la suelta alguien que llama Nostradamus de época a los que ya lo veían venir.
Qué se ha sabido
En esta tanda de mensajes no hay ni un enlace, ni un tuit, ni un vídeo. Todo son cuentas hechas a mano. El
2 + 9 con el que se reparte el once es el único recuento que se repite, y se repite con variantes: uno habla de dos alemanes y nueve, otro reordena la misma idea con otras palabras, otro directamente la niega. Nada de eso viene con fuente.
La segunda cifra que entra es demográfica: un forero pone a Alemania en
80 millones de habitantes y lo usa como argumento. Con ese volumen, dice, tiene que haber mejores jugadores que los convocados, y afirma que en la segunda división alemana hay futbolistas por encima de los que van a la selección. Un tercero sitúa el arranque del desastre
25 o 30 años atrás y remata con un pronóstico: dentro de 20 años, peor.
También aparece la queja por la representación en la publicidad. Un mensaje señala que en los anuncios de la OTAN no sale ninguno de esos jugadores; otro engancha con los anuncios de la campaña de vacunación. Son apreciaciones de foro, sin dato detrás. Sobre el seleccionador, un mensaje corto pregunta si es
otro fail suyo, y hay quien zanja que la lista la firma él, así que todo en orden.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos y esta vez la grieta no va de fútbol.
Por un lado están los que cargan el nivel del equipo sobre el origen de los convocados. Ahí se mezclan la queja demográfica, la económica y la cultural en el mismo párrafo: el país que fue grande, la decadencia moral y económica, la sensación de que Europa
se está oscureciendo. Hay quien sostiene abiertamente que esta Alemania ya no representa a los alemanes, que no hay ningún alemán en el once y que eso es una burla. El recuento del 2 + 9 es la versión ordenada de ese argumento.
Por el otro, la respuesta llega por tres vías. La primera es el marcador: si el equipo hubiera ido solo con jugadores de origen alemán, el correctivo griego habría sido todavía mayor. La segunda, la de ciclo: alguien sostiene que el fútbol alemán agotó su época y que ahora el turno es de países como España y Francia. La tercera es la más práctica, y la trae un forero que defiende que ningún seleccionador renuncia a los mejores vengan de donde vengan, porque la presión mediática se lo come antes de firmar la lista. Cuenta que él mismo, si entrenara, dejaría fuera a Lamine Yamal y lo echarían del cargo en menos que canta un gallo.
En medio, un mensaje corta por lo histórico con retranca —que Alemania perdió la guerra y no sé qué se esperaba— y varios dejan caer, sin desarrollarlo, que esto ya se veía venir.
Los mensajes que solo reaccionan
Buena parte del tramo no argumenta: responde. Hay mensajes de tres palabras que solo expresan rechazo, alguno que se limita a preguntar qué ha pasado, y frases de barra de bar sobre que la Alemania de los mundiales victoriosos ya se puede ir olvidando. También circula la comparación del equipo con un club grande, y un par de foreros discuten entre ellos sobre si el problema es el origen o el nivel de los convocados, sin salir de ahí y sin que ninguno mueva su posición.
Qué cambia respecto a antes
Cambia la herramienta. Ya no se discute si un once distinto explica la derrota; se discute cuántos son y de dónde. El recuento sustituye al argumento y el hilo se enreda contando apellidos en lugar de contar ocasiones.
Entra además un asunto que antes no estaba sobre la mesa: que los convocados no son los mejores disponibles. Eso mueve la crítica del origen al criterio y devuelve al seleccionador al centro, pero por otro motivo. Nadie ha traído un dato que lo sostenga y la discusión se queda ahí.