Ceuta: el minuto que dejó en evidencia al Ejército español
A las 6:30 de un vídeo que circula esta semana, un militar español parece dejar pasar a un migrante mientras decenas cruzan por las piedras del espigón. El gesto es un enigma: para unos, una negligencia; para otros, una instrucción deliberada. La escena resume la crisis de Ceuta, con el Ejército desplegado en labores fronterizas que no le son propias.
Estado fallido o cálculo de Estado
Una corriente describe la situación con palabras gruesas: estado fallido, cadena de mando descompuesta, un Gobierno que no se respeta a sí mismo. En las antípodas, otra lectura ve una jugada meditada: evitar cualquier paso en falso que dé a Jovenlandia o a sus aliados una excusa para intervenir. El presidente, dicen, está gestionando la crisis con el freno de mano puesto a propósito. El capitán general de los tres ejércitos aparece en la conversación, pero su papel institucional no convierte una avalancha migratoria en una operación militar.
¿Por qué no se devuelve a Jovenlandia a quien cruza?
La pregunta de fondo sigue abierta. Quienes entran desde territorio jovenlandés no pueden ser expulsados sin más: el principio de no devolución obliga a tramitar primero cualquier petición de asilo. Los acuerdos de readmisión con Rabat existen, pero no cubren todos los supuestos ni todos los momentos. Sobre el papel, la solución suena sencilla; sobre el terreno, es otra cosa.
La ironía del episodio es que el mayor elogio a la gestión del Ejecutivo llega precisamente de quien la describe como una estrategia de supervivencia. O sea: el Estado no falla, calcula. El vídeo, entretanto, sigue durando más de seis minutos y nadie explica qué ocurrió antes del 6:30.