Ecuador: el narco que nadie quiere ver
En el primer cuatrimestre de 2025, Ecuador registró 3.094 homicidios intencionales, un 58% más que en el mismo periodo de 2024. Quien recorrió por tierra Quito-Guayaquil en 2011 describe un país apacible; los datos actuales dibujan otra película: la tasa de homicidios se ha disparado y las proyecciones apuntan a más de 10.000 muertes violentas en el año, la cifra más alta de la historia del país.
Los números del descontrol
Las cifras son contundentes. Bajo el mandato de Daniel Noboa, la criminalidad habría aumentado un 700%, según los análisis más citados. Solo entre enero y abril de 2025 se contabilizaron 3.094 homicidios, un incremento del 58% respecto al año anterior. La capacidad de respuesta del Estado es, cuando menos, limitada: se estima que menos del 7% de la cocaína que sale de Ecuador es incautada, y de ese porcentaje, una parte acaba desapareciendo.
La ruta es conocida: la cocaína llega desde Colombia y se exporta a Estados Unidos, Europa y Asia en buques cargados de bananas. El propio Noboa es dueño de una empresa bananera, lo que ha alimentado las sospechas sobre su implicación, aunque no hay una condena firme. Algunos sectores lo presentan como el “Bukele ecuatoriano” por su discurso de mano dura; los resultados, de momento, apuntan en otra dirección.
El debate incómodo
El contraste con Venezuela resulta incómodo para el relato oficial. Mientras que el país caribeño sufre sanciones y un bajo tráfico comercial aéreo y marítimo, Ecuador multiplica por 20 esa actividad, lo que lo convierte en el socio perfecto para el narcotráfico. Se argumenta que la infiltración narco en el Estado ecuatoriano es total, y que quien se atreve a denunciarlo, muere. También se señala que el dinero del narcotráfico se blanquea en los grandes centros financieros de Londres, un componente que la “lucha contra la droga” evita mencionar.
El dato que descoloca es la impunidad. Con menos de un 7% de incautación y desapariciones inexplicables en ese porcentaje, el negocio funciona sobre seguro. La pregunta no es por qué Ecuador es un narco estado, sino por qué nadie quiere nombrarlo.