El hilo se parte entre creer el relato o tenerlo por invento
El relato del marido harto deja de discutirse por lo que cuenta y empieza a discutirse por si es verdad. En este tramo el hilo se parte en dos: los que se lo creen entero y los que lo tienen por invento. Y entre una cosa y otra, media docena de foreros aprovechan para contar su propio matrimonio, su propia ex o su propio divorcio.
Qué se ha sabido
Nadie aporta una prueba. Se aportan cuentas. Un forero sentencia que un camarero no puede permitirse Japón un mes, Bali el siguiente y Nueva Zelanda después, y remata: si no está conforme, que se busque un millonario. Otro lo despacha en una frase: o es invent, o los protagonistas no han aceptado su clase social. Se apunta a la baja de maternidad como pieza que no encaja.
Y un tercero recuerda que él tampoco puede pagarse un ático de 200 metros en la calle Almagro de Madrid, que el que es pobre hace bien en asumirlo pronto y que el nivel de vida se adapta a los ingresos.
Aparece también una tabla de porcentajes de soltería por edad y sexo. De 25 a 34 años, un 56% de hombres sin pareja frente a un 48% de mujeres. De 35 a 44, un 33% frente a un 27%. De 75 en adelante se da la vuelta: 51% de hombres solos y 70% de mujeres.
Y salen presupuestos ajenos. Uno dice que en su casa entra un sueldo por encima de los 3.000 euros y que su pareja no quiere salir ni a cenar ni al cine. Otro explica que unos conocidos hacen
dos findes de viaje al mes, todos los puentes y dos o tres viajes largos al año. Un tercero echa la cuenta del postureo: 3.000 euros una semana para colgar 50 fotos son 600 euros por foto.
Dónde está la bronca
Primer choque: real o inventado. Los que no se lo creen piden fuente y sostienen que un matrimonio de camareros no sostiene ese nivel de gasto. Los que sí se lo creen dicen que no hace falta comprobarlo porque se han cruzado con casos iguales.
Segundo choque, más de fondo: qué se hace. Hay quien reduce todo a un «pues que le diga que no». Le contestan que decir que no termina en divorcio, en perder la casa y en seguir pagándola mientras duermes en otro sitio. Ahí entra el pacto de socios: un forero compara el matrimonio con una empresa, dice que se firma sin leer las condiciones y propone presupuesto, reparto de cuidados y fecha de vuelta al trabajo.
Tercer choque, el más caliente: cómo se arregla esto. Un veterano sostiene que solo una guerra selecciona a los hombres «valiosos» y que después de ella las mujeres tendrían que comportarse. Le responden que en el frente muere el que se expone y que ellas se adaptan a cualquier escenario sin perder nada. El intercambio se queda ahí, sin acuerdo.
Y por debajo, la ronda de experiencias. Uno cuenta que él es el que viaja y su mujer pasa de moverse; otro, que llevan doce años de paz porque ambos van «de tranquis» y se reparten gastos; otro, que en su casa el dinero es de todos y que su mujer es feliz de camping sin salir de España. Enfrente, el que se separó harto de ser amo de casa, el que aguantó un reparto de gastos asimétrico y el que se fue a la primera foto de más.
Qué cambia respecto a antes
El eje se mueve. Ya no se discute quién paga el viaje, sino cuánto de esto le ha pasado a cada uno. Entran dos asuntos que antes no estaban: la menopausia como fase que se lleva por delante a la mitad de los matrimonios que sobrevivieron al primer bebé, y el matrimonio entendido como contrato con condiciones que nadie lee.
También entra el plan B. Varios cuentan que ya lo tienen: una casa pequeña en la sierra con huerto, cerrar la cuenta, esperar a que el hijo menor cumpla los 18. Uno dice que le quedan seis años. Otro dice que no le preocupa porque no tiene nada que perder. Y los que se creen el relato añaden una predicción: la denuncia por violencia de género cuando ella dé el paso.
El tramo acaba sin zanjar lo del invent. Cada uno se ha ido a su propia casa.