Dover vendió 800.000 copias y se disolvió tras vender 5.000
Dover es el retrato de una banda que se comió a sí misma. Su primer disco,
Devil Came to Me, colocó
800.000 copias y la convirtió en un fenómeno en España y también en Alemania y otros países. El último, el del giro africano, se quedó en
5.000. Entre uno y otro no hubo una caída lenta: hubo cuatro o cinco decisiones que fueron vaciando la sala hasta dejar al grupo sin público y sin proyecto.
Para la generación que llegó a la música en el cambio de milenio, Dover era la prueba de que un grupo español podía cantar en inglés y triunfar. La letra pequeña llegó después: un directo que buena parte de quien los vio recuerda como flojo y la sensación creciente de que la banda se desprendía justo de lo que la hacía reconocible.
La caída disco a disco: de 800.000 a 5.000 copias
El primer álbum fue un boom, y no solo por la música. La banda se hizo popular a raíz de un anuncio de una bebida refrescante hoy desaparecida llamada
Radical. El sonido era guitarrero, heredero directo del grunge que dominaba la escena, y cantado en inglés.
800.000 copias.
El segundo disco viró a un sonido más metalero y pesado, con temas como «DJ», y aun así aguantó
300.000 copias.
I Was Dead for Seven Days in the City of Angels sumó otras
200.000 y pareció asentar una identidad: guitarras potentes y voces melódicas. Después llegó
The Flames:
50.000 copias y la sensación de estar ante más de lo mismo. Ahí se rompió la inercia comercial.
El giro pop, el disco africano y el final
El grupo cambió entonces de estilo y de imagen y experimentó con sonidos más pop y bailables, para desconcierto de sus seguidores. Funcionó en ventas, pero abrió una brecha con quienes los habían seguido desde el principio. La fórmula ya no era la misma y el público tampoco.
El golpe definitivo fue el disco siguiente. Una relación personal de Amparo Llanos con alguien originario de Malí la acercó a los sonidos africanos, y esa influencia se coló hasta el estudio. El álbum incluyó temas en inglés, francés y dambara, una lengua de aquellos países. El resto del grupo se dejó convencer. El resultado vendió
5.000 copias. Poco después, Dover se disolvió.
Por qué Dover cantaba en inglés: el precedente de Los Bravos
Que Dover triunfara cantando en inglés siendo un grupo español se cita a menudo como un mérito casi único. El matiz importa: no fueron los primeros.
Black is Black, de Los Bravos, sonaba en la radio en
1966, vendió
dos millones de copias en España, fue número uno en Los 40 durante seis semanas consecutivas, llegó al segundo puesto en el Reino Unido y al primero en Canadá. También las Baccará lograron un éxito cantando en inglés.
Lo que sí es cierto es que en los noventa cantar en inglés era una rareza, y algunos análisis sugieren que la banda lo eligió porque tenía menos cosas que decir y en otro idioma se nota menos.
Amparo Llanos, el directo y la letra pequeña del negocio
La composición y, en buena medida, la dirección del grupo recayeron en
Amparo Llanos. Ella firmó tanto los discos que funcionaron como los experimentos finales. La otra vocalista, según quienes siguieron su rastro, se alejó por completo de la industria y de los medios.
Sobre el negocio pesa un testimonio incómodo. El expresidente de Sony Carlos López describió su paso por la banda con una frase que resume el problema: «Dover tenía el aspecto estético de un grupo de rock en sus canciones, pero no era un grupo de rock. Era un grupo pijo que hacía rock». La crítica al directo, en cualquier caso, es casi unánime entre quienes los vieron.
Y sin embargo, hay quien sostiene lo contrario: que cambiar de estilo con el éxito ya en la mano es lo más difícil, y que hacerlo mal no convierte a nadie en impostor.
Con esos números, la pregunta no es por qué Dover cambió, sino por qué nadie en su entorno frenó el último giro. La banda tenía margen para seguir facturando con la fórmula que funcionaba. Eligió lo contrario. Y todavía hoy no hay acuerdo sobre si fue valentía o directamente un naufragio.