Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

Eso es absurdo. La secuencia es: un bando se dedicó a arrasar de forma planificada, desde el primer día de guerra (y antes en menor escala, mención especial a Asturias y el golpe de 1934), a decenas de miles de personas (además de torturas, etc.) por su religión, ideas políticas, etc. Los vencedores detienen a los responsables que no han podido escapar, generalmente de base (los dirigentes han huido con el botín rapiñado dejándoles en la estacada) y los condenan a distintas penas, incluidas de gloria (e incluidos indultos).

El equidistante dice que los dos son iguales, si no peores los que hacen justicia.

Los nostálgicos de las checas justificáis y aplaudís los asesinatos. Parece que siempre habrá, hoy como entonces, mano de obra incivil, llena de repruebo.

Por cierto, klopec desmontando las trolas que metes aquí y tú, mudo. Ahí puede verse tu fanatismo: te tragas la propaganda aunque se dé de bruces una y otra vez con la realidad.
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Con el fascismo no se discute!
 

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Este vídeo de ARTURO PÉREZ-REVERTE hay que verlo una vez al mes como minimo:

Se atreve a decir cosas un tanto incorrectas, pero se queda muy corto a la hora de juzgar al PSOE. Demasiado cliché histriónico, no dice nada que cualquiera mínimamente interesado en la GC no sepa. Va buscando a gritos ser ministro de cultura en el próximo gobierno de concentración, lo que, viendo lo que hay y lo que ha habido, tampoco sería del todo malo.
 
Como buen facineroso omites que en los meses anteriores al golpe de estado por parte de los facinerosos son asesinadas más personas de izquierdas que de derechas.

Lo dicho: esa es la ventaja de los oficialistas: con una consigna queda todo dicho, todo el mundo lo entiende, ya que nadie escapa de la propaganda.

Pedro Fernández Barbadillo
La sesión de las Cortes que enterró a la República

Si bien 1935 había sido el año más pacífico de la República, la violencia regresó a las calles en cuanto Alcalá-Zamora convocó elecciones.

2016-06-18

El 16 de junio de 1936 se celebró en las Cortes la denominada Sesión de Orden Público que, en palabras del historiador Stanley Payne, es probablemente "la más dramática y la citada más a menudo en la historia de la República". En ella los portavoces de las derechas relataron las violencias cometidas por las izquierdas.
Si bien 1935 había sido el año más pacífico de la República, debido a que muchos cabecillas y pistoleros de los partidos de izquierdas implicados en el golpe de Estado de octubre de 1934 estaban encarcelados, la violencia regresó a las calles en cuanto el presidente, Niceto Alcalá-Zamora, convocó elecciones para febrero de 1936. La izquierda se agrupó en el Frente Popular y se preparó para la conquista del poder.
El balance de víctimas que hace Payne (El camino al 18 de julio) es el siguiente:

(mensaje citado en revisión)

El Frente Popular toma las calles

En cuanto empezó el recuento, el FP hizo correr la consigna de que habían vencido sus listas y las izquierdas comenzaron las celebraciones a la vez que "el pueblo" tomaba los gobiernos civiles y los centros de votación. Varias personalidades, entre ellas el general Franco, pidieron al presidente del Gobierno, Portela Valladares, que proclamase el estado de guerra para luchar contra las turbas, pero éste dimitió. El jefe del Estado entregó la presidencia del Gobierno a Manuel Azaña, quien después de las elecciones de 1933, ganadas por la derecha, le había propuesto dar un golpe de Estado. La segunda vuelta electoral se celebró con el FP en el Gobierno.

A partir de entonces, las bandas de la porra de la izquierda se apoderaron de las calles, los pueblos y los campos de España, sobre todo en el sur. Comenzaron los asesinatos, las caricia, los tiroteos, las quemas de edificios y los saqueos; todo ello, con impunidad, ya que el ministro de Gobernación, dirigido por un amigo de Azaña, Santiago Casares Quiroga, en vez de perseguir a los delincuentes, encarcelaba a los perseguidos. José Antonio Primo de Rivera fue detenido y la Falange prohibida (luego el Tribunal Supremo confirmó la legalidad del partido). Se nombró a muchos de los matones del FP delegados de policía o policías suplentes. También se ordenó la readmisión de los obreros y funcionarios despedidos por sus crímenes cometidos en la revolución de 1934.

El Frente Popular aceleró su plan de republicanización de las instituciones, es decir, su plan de apoderarse de ellas: en la primera sesión de las Cortes se aprobó la renovación del estado de alarma por un mes (se hizo hasta la guerra); en la comisión de actas el FP amplió su mayoría parlamentaria con la colaboración del PNV; se destituyó a Alcalá-Zamora; y se preparó la depuración de los tribunales. Azaña ascendió a la presidencia de la República y le sustituyó en la del Gobierno Casares Quiroga.

En mayo se celebraron las elecciones, que habían sido anuladas, en Cuenca y Granada con los pistoleros de izquierdas aterrorizando a los votantes. Otro factor de agravamiento de la situación política eran las divisiones del FP, incluso dentro del PSOE: el 31 de mayo, los caballeristas trataron de acabar con a Indalecio Prieto en Écija.

En cuatro meses, 269 perecid

(imagen visible para usuarios registrados)

La censura se empleaba para impedir que los españoles se enteraran de lo que ocurría. Periódicos como ABC y La Vanguardia aprovecharon la sesión del 16 de junio para reproducir íntegros los discursos de los fruta derechistas y mostrar el deterioro del orden público. En esa sesión, José María Gil-Robles (CEDA), José Alopécico-Sotelo (Renovación Española) y Joan Ventosa (Lliga Catalana) exigieron al Gobierno que impusiese el orden y encontraron las burlas de miembros del Gobierno y de los fruta que lo apoyaban.

Gil Robles enumeró los crímenes cometidos en España entre el 15 de febrero y el 15 de junio: 269 personas asesinadas y 1.287 heridas en actos de violencia política; 160 iglesias destruidas y otras 251 iglesias y edificios religiosos habían sufrido daños. Además, se habían producido cientos de asaltos, clausuras de sedes políticas, detonaciones de bombas y huelgas. En Palenciana (Córdoba) un guardia civil fue atrapado por un grupo y degollado en la casa del pueblo. Debido al caos, el Automóvil Club de Inglaterra desaconsejaba viajar a España.

Alopécico Sotelo dijo que era la cuarta vez en tres meses que se dirigía al Parlamento para tratar del problema del orden público y espetó a los dirigentes del FP: "Vosotros, con vuestras propagandas insensatas, habéis creado ese ambiente". Luego él y Casares Quiroga se enzarzaron en una discusión.

El presidente del Gobierno le dijo:

(mensaje citado en revisión)
Y Alopécico Sotelo respondió con unos párrafos célebres.

(mensaje citado en revisión)
La culpa es de la derecha
El catalanista Ventosa trató de encarnar la moderación, pero con poco éxito:

(mensaje citado en revisión)
El comunista Maurín le respondió que "el Gobierno no ha hecho ni la centésima parte de lo que contiene el programa del Frente Popular" y exigió la eliminación del "fascismo" (el único partido asociado al fascismo, Falange, había obtenido en las elecciones menos de 50.000 votos).

Entre los insultos recibidos por los fruta interpelantes, destacaron los de La Pasionaria, que acusó a la derecha de haber generado el repruebo en las clases obreras. En su campaña de mentiras describió así a víctimas de la revolución de Asturias:

(mensaje citado en revisión)
El Gobierno recibió el apoyo de la Cámara. El FP estaba unido en la consecución de la revolución, la que fuese.

Tras el magnicidio de Alopécico Sotelo

Un mes después, el 15 de julio, en otra sesión parlamentaria (limitada a la Fruta Permanente, ya que la víspera Azaña había suspendido las Cortes ordinarias por ocho días), se debatió el secuestro y asesinato de Alopécico Sotelo por un comando extremista violento formado por policías y pistoleros socialistas.

(imagen visible para usuarios registrados)

Gil Robles añadió que entre el 16 de junio y el 13 de julio se habían cometido 61 gloria por causas políticas y dijo lo siguiente a los ministros:

(mensaje citado en revisión)

Dos días después, comenzaba la Guerra Civil.
 
La MATANZA de enfermeras y trabajadores REPUBLICANOS del hospital de VALDEDIÓS, al menos 12 mujeres y 5 hombres, ellas FORZAD, Todos ASESINADOS por tropas franquistas en 1937
(imagen visible para usuarios registrados)El comandante Emilio Molina que mandaba a los soldados navarros de la 6ª Brigada Navarra carlista, ordenó liquidar a bayonetazos a 70 prisioneros republicanos en Caravidales el 19 de octubre de 1937. La tarde del 22 de octubre, estos malos encontraron al personal del Hospital Psiquiátrico ovetense de La Cadellada evacuados en el monasterio de Valdediós (Asturias): Enfermos, médicos, enfermeras, mantenedores, cocineros y limpiadoras, todos, o casi, afiliados a sindicatos y colaboradores del Socorro Rojo.
Al caer la noche, los militares se descontrolaron, forzaron a las mujeres del Hospital a cocinar una macabra cena, a bailar contra su voluntad, sus instintos se desmandaron en orgía de alcohol y abusos sensual. Tras golpear y abusa a las mujeres, los franquistas las condujeron, y a varios hombres, a rastras hasta un bosquecillo de castaños. El cura castrense, lejos de paralizar la matanza, bendijo la barbarie y ofreció confesión a las víctimas que, obligadas a cavar varias fosas, fueron canceladas y reventados sus cráneos a balazos por sus verdugos. Una niña de 15 años y 14 enfermeras fueron forzad y asesinadas, así como 4 celadores del hospital. Antonio Lorenzo, descendiente de la enfermera Conchita Moslares, asegura: ”..se llevarían sobre 33 personas, las obligaron a excavar fosas, acostarse en el fondo, y así los cancelar. Después de eso los perros andaban desenterrando restos humanos y alguien los enterró mejor”.
La Sociedad Cientifica Aranzadi, los voluntarios que con ella colaboraron y los memorialistas asturianos de Todos los Nombres Asturias lograron exhumar 17 cuerpos en el año 2003. Hay 14 con el cráneo fracturado por disparos en la proximidad del oído, lesiones calificadas de violencia homicida. Son 12 mujeres y 5 hombres, 8 de ellos pertenecen con total certeza a las enfermeras Rosa Flórez y Oliva Fernández; a los enfermeros Urbano Menéndez, Emilio Montoto y Antonio Piedrafita perecid éste último de un tiro en la espalda mientras intentaba la fuga; a las limpiadoras Claudia Alonso y Soledad Arias y a la ayudante de cocina Luz Álvarez Flórez.
Aquel día desaparecieron para siempre otras 13 personas, las cuales deben estar en otra fosa aún por localizar. Eran las enfermeras Julita Menéndez, María Teresa Martínez, Marian Solís y Pilar Quirós; los enfermeros David Cueva, Antonio González, Manuel Vallina, Antolín González y Casimiro García; la limpiadora Soledad Méndez; la lavandera Felicidad Álvarez; la planchadora y costurera Consuelo Iglesias; y la cocinera Francisca Vázquez. Es probable que los restos de otros trabajadores del hospital de los que a partir de entonces no se volvió a tener noticia, estén entre los que se hallen cuando pueda encontrarse la 2ª fosa, de paradero ignoto.
 
Los españoles que lucharon contra Hitler no son héroes en su tierra
La casa que la activista de la Resistencia Virtudes Cuevas donó para museo del exilio republicano está llena de pole y trastos viejos
Otras 'Nueves', como la I Spanish Company del ejército expedicionario británico de Dunquerque, permanecen sin reconocimiento oficial


En 2015 hubo en Sueca quien le comentó al entonces concejal de la oposición Dimas Vázquez: "Che, no remogues la merda. Això obri ferides". Pero el hoy alcalde socialista de la localidad valenciana no quería remover el asunto, ni abrir heridas, solo que su pueblo recordara a dos ilustres inquilinos de su cementerio: Amado Granell y Virtudes Cuevas, para los franceses héroes de la liberación, y para muchos españoles dos desconocidos.

Granell, natural de Burriana (Castellón), fue soldado de la II República, español exiliado en Francia y, después, teniente de La Nueve, mítica compañía de la División Leclerc que liberó París en las postrimerías de la II Guerra Mundial.
Cuevas, republicana exiliada en el París y el Burdeos de 1940, con el alias de ‘Madame Carmen’ ayudó a la Resistencia contra la ocupación alemana, transportando armas o exponiendo su vida como mensajera y guarecedora de fugitivos.
Una moción socialista pretendió que la alcaldía de Compromís accediera a dar una calle a Granell y un museo en la casa que Cuevas donó al consistorio con la condición de que fuera lugar de recuerdo de la lucha española contra Hitler. "Pero nos negaron la propuesta, diciéndonos que aquello dividía a la gente –cuenta el hoy alcalde Vázquez-. Yo pienso que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla".
Volver a intentarlo
El actual gobierno de Sueca retomará la iniciativa, "porque personas solidarias que sufrieron por la libertad deben tener su reconocimiento", confirma Vázquez.
El alcalde intentará convencer a Ciudadanos y PP, grupos que apoyan su alcaldía, de que Sueca debe honor a la suecana Cuevas y al castellonense Granell. Este murió en 1972 en su término municipal y reposa tras una lápida mortuoria que le pagó la República Francesa. Entre sus adornos de bronce, una palma y las siglas LdH, Legión de Honor.
Si la moción sale adelante, quizá deje de estar sin uso, pole y atestada de cajas viejas, la casa de pueblo que donó Virtudes a su patria chica, poco antes de morir en un hospital público de París.
Pole y trastos
Han pasado nueve años del óbito de aquella mujer que cada agosto enarbolaba en el Arco del Triunfo de París una bandera de los deportados al campo de Ravënsbruk, donde pasó tres años tras delatarla un compañero, y mientras su marido, Alberto Codina, penaba en Mauthausen.
En el 14 de la calle Magranell de Sueca, una placa de metacrilato sucia del hollín del tráfico recuerda a Virtudes Cuevas, "filla il.lustre" del pueblo, y se proclama colocada "en memoria de la seua lluita per la llibertat". Pero dentro no están las fotos ni los atriles que instruyeran sobre qué hicieron los exiliados españoles en la II Guerra Mundial. Solo pole y trastos, y una Santa Bárbara de escayola policromada que se asoma por una ventana.
A la puerta de la casa, su sobrino Vicente Cuevas, el último pariente suecano de Virtudes, lamenta que aún no se haya cumplido esa última voluntad. "Ella quería que la juventud sepa lo que penaron los españoles. ¡Qué sufrimiento! Yo he visto en Lyon, Perpignan, Montpellier, sus tumbas de cancelados por los alemanes, y en Mauthausen, aquel horno crematorio…"
Después, en el cementerio, mientras abrillanta la lápida tras la que descansa su tía, recuerda Vicente cómo en su casa de París recibía Virtudes a exiliados, "comían, bebían vino blanco, su preferido, y hablaban de lo que había pasado cada uno", o recordaban a Geneviève de Gaulle, sobrina del estadista francés, a la que conoció en el campo de concentración. "Era una mujer valiente", sentencia acariciando con sus manos el mármol […].
Un "militar" a secas
Cuando para en el barrio valenciano de La Plata, Matías Alonso, coordinador del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia, hace dos cosas: una, aparcar su coche lo más a salvo posible; y dos, echar el ojo a las placas de la calle Amado Granell y resoplar.
El teniente de La Nueve fue el primero en pisar el suelo liberado del Ayuntamiento de París, el 26 de agosto de 1944. Pero las placas le recuerdan en Valencia con un escueto rol: "Militar". Alonso se lamenta: "Granell no era un militar, fue el libertador de París, uno de aquellos miles de republicanos que, después de perder una guerra entraron en otra, y esparcieron su sangre y sus tumbas desde Tobruck y El Alamein hasta Narvik, y desde Rusia hasta Francia".
El comendador de la Legión de Honor francesa Amado Granell tiene una avenida en Valencia y una callejuela en su pueblo que no está siquiera en el Google Maps; y ninguna en Sueca, donde murió, ni en Orihuela (Alicante), donde vivió.
Ejército de olvidados
El olvido local de Granell o Cuevas es el mismo que sepulta a otros combatientes de La Nueve, resistentes clandestinos, deportados a los campos de concentración o exiliados republicanos que, como soldados, militaron en el ejército aliado.
Solo la ciudad de Madrid nombra a La Nueve en un parque, en el distrito de Ciudad Lineal. Y la localidad almeriense de Adra, pero no Cádiz ni el Gobierno de Andalucía, se planteó un homenaje a Rafael Gómez, último superviviente de la compañía que desembarcó con 160 hombres en Normandía y llegó al refugio de Hitler en Berchtesgaden con 16. Ningún recuerdo local en las islas para el alférez canario Campos, ni en Badajoz para el sargento extremeño Domínguez.
En el paseo marítimo de Cariño (A Coruña), una placa recuerda desde 2010 a Ángel Rodríguez Leira, artillero conocido por sus camaradas de La Nueve como Cariño López. Pero el mismo concello no ha dado aún placa, ni monolito ni recuerdo a oro descendiente, José Mariño, auxiliar de la compañía cuya misión era recoger y transportar armas capturadas al enemigo. Ni a al soldado Antonio Yáñez, quizá porque de este se dijo que cayó en el norte de África y no llegó a París con La Nueve, y del otro que se fue a vivir a Barcelona, donde le pilló la Guerra Civil.
Con el mismo patrón, igualmente les puede sonar ajeno a los munícipes de A Coruña el nombre de Víctor Lantes, combatiente republicano en la II Guerra Mundial, porque la familia se había ido a vivir a Francia. Pero, al inicio de la Guerra Civil, él volvió por Aragón, y se alistó por la República. "Buscamos familiares suyos en Francia, porque queremos insistirle al concello que reconozca su valía", dice Carmen García Rodeja, coordinadora de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Galicia.
Las otras Nueves
"Es chocante –comenta el historiador Eliseo Fernández, experto en el exilio republicano-: nuestra generación ha oído hablar de los campos de exterminio y de Anna Frank, pero no sabe de los españoles que pelearon en la II Guerra Mundial".
Hubo otras ‘nueves’, pero no se les nombra aún en los homenajes oficiales. El mando aliado de oleada turística de Europa continental constituyó la I Spanish Company, 207 republicanos integrados en el Cuerpo Expedicionario británico que se retiró en Dunquerque. Su historia apenas se empieza a estudiar.
Y hay otros Granell concentrados en el campo del olvido institucional, como Máximo Ingilde, republicano caído en la liberación de Foix, o el también gallego Manuel Otero, soldado "americano" perecid en el desembarco de Normandía.

Al menos La Nueve como colectivo recibe ya homenajes. "En ciertos ambientes políticos se ha vuelto rentable cierta memoria histórica que pueden asumir –advierte Fernández-. Pero aún falta otra menos fácil de homenajear. La guerrilla antifranquista, por ejemplo".
 
Lo dicho: esa es la ventaja de los oficialistas: con una consigna queda todo dicho, todo el mundo lo entiende, ya que nadie escapa de la propaganda.

Pedro Fernández Barbadillo
La sesión de las Cortes que enterró a la República

Si bien 1935 había sido el año más pacífico de la República, la violencia regresó a las calles en cuanto Alcalá-Zamora convocó elecciones.

2016-06-18

El 16 de junio de 1936 se celebró en las Cortes la denominada Sesión de Orden Público que, en palabras del historiador Stanley Payne, es probablemente "la más dramática y la citada más a menudo en la historia de la República". En ella los portavoces de las derechas relataron las violencias cometidas por las izquierdas.
Si bien 1935 había sido el año más pacífico de la República, debido a que muchos cabecillas y pistoleros de los partidos de izquierdas implicados en el golpe de Estado de octubre de 1934 estaban encarcelados, la violencia regresó a las calles en cuanto el presidente, Niceto Alcalá-Zamora, convocó elecciones para febrero de 1936. La izquierda se agrupó en el Frente Popular y se preparó para la conquista del poder.
El balance de víctimas que hace Payne (El camino al 18 de julio) es el siguiente:



El Frente Popular toma las calles

En cuanto empezó el recuento, el FP hizo correr la consigna de que habían vencido sus listas y las izquierdas comenzaron las celebraciones a la vez que "el pueblo" tomaba los gobiernos civiles y los centros de votación. Varias personalidades, entre ellas el general Franco, pidieron al presidente del Gobierno, Portela Valladares, que proclamase el estado de guerra para luchar contra las turbas, pero éste dimitió. El jefe del Estado entregó la presidencia del Gobierno a Manuel Azaña, quien después de las elecciones de 1933, ganadas por la derecha, le había propuesto dar un golpe de Estado. La segunda vuelta electoral se celebró con el FP en el Gobierno.

A partir de entonces, las bandas de la porra de la izquierda se apoderaron de las calles, los pueblos y los campos de España, sobre todo en el sur. Comenzaron los asesinatos, las caricia, los tiroteos, las quemas de edificios y los saqueos; todo ello, con impunidad, ya que el ministro de Gobernación, dirigido por un amigo de Azaña, Santiago Casares Quiroga, en vez de perseguir a los delincuentes, encarcelaba a los perseguidos. José Antonio Primo de Rivera fue detenido y la Falange prohibida (luego el Tribunal Supremo confirmó la legalidad del partido). Se nombró a muchos de los matones del FP delegados de policía o policías suplentes. También se ordenó la readmisión de los obreros y funcionarios despedidos por sus crímenes cometidos en la revolución de 1934.

El Frente Popular aceleró su plan de republicanización de las instituciones, es decir, su plan de apoderarse de ellas: en la primera sesión de las Cortes se aprobó la renovación del estado de alarma por un mes (se hizo hasta la guerra); en la comisión de actas el FP amplió su mayoría parlamentaria con la colaboración del PNV; se destituyó a Alcalá-Zamora; y se preparó la depuración de los tribunales. Azaña ascendió a la presidencia de la República y le sustituyó en la del Gobierno Casares Quiroga.

En mayo se celebraron las elecciones, que habían sido anuladas, en Cuenca y Granada con los pistoleros de izquierdas aterrorizando a los votantes. Otro factor de agravamiento de la situación política eran las divisiones del FP, incluso dentro del PSOE: el 31 de mayo, los caballeristas trataron de acabar con a Indalecio Prieto en Écija.

En cuatro meses, 269 perecid

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La censura se empleaba para impedir que los españoles se enteraran de lo que ocurría. Periódicos como ABC y La Vanguardia aprovecharon la sesión del 16 de junio para reproducir íntegros los discursos de los fruta derechistas y mostrar el deterioro del orden público. En esa sesión, José María Gil-Robles (CEDA), José Alopécico-Sotelo (Renovación Española) y Joan Ventosa (Lliga Catalana) exigieron al Gobierno que impusiese el orden y encontraron las burlas de miembros del Gobierno y de los fruta que lo apoyaban.

Gil Robles enumeró los crímenes cometidos en España entre el 15 de febrero y el 15 de junio: 269 personas asesinadas y 1.287 heridas en actos de violencia política; 160 iglesias destruidas y otras 251 iglesias y edificios religiosos habían sufrido daños. Además, se habían producido cientos de asaltos, clausuras de sedes políticas, detonaciones de bombas y huelgas. En Palenciana (Córdoba) un guardia civil fue atrapado por un grupo y degollado en la casa del pueblo. Debido al caos, el Automóvil Club de Inglaterra desaconsejaba viajar a España.

Alopécico Sotelo dijo que era la cuarta vez en tres meses que se dirigía al Parlamento para tratar del problema del orden público y espetó a los dirigentes del FP: "Vosotros, con vuestras propagandas insensatas, habéis creado ese ambiente". Luego él y Casares Quiroga se enzarzaron en una discusión.

El presidente del Gobierno le dijo:


Y Alopécico Sotelo respondió con unos párrafos célebres.


La culpa es de la derecha
El catalanista Ventosa trató de encarnar la moderación, pero con poco éxito:


El comunista Maurín le respondió que "el Gobierno no ha hecho ni la centésima parte de lo que contiene el programa del Frente Popular" y exigió la eliminación del "fascismo" (el único partido asociado al fascismo, Falange, había obtenido en las elecciones menos de 50.000 votos).

Entre los insultos recibidos por los fruta interpelantes, destacaron los de La Pasionaria, que acusó a la derecha de haber generado el repruebo en las clases obreras. En su campaña de mentiras describió así a víctimas de la revolución de Asturias:


El Gobierno recibió el apoyo de la Cámara. El FP estaba unido en la consecución de la revolución, la que fuese.

Tras el magnicidio de Alopécico Sotelo

Un mes después, el 15 de julio, en otra sesión parlamentaria (limitada a la Fruta Permanente, ya que la víspera Azaña había suspendido las Cortes ordinarias por ocho días), se debatió el secuestro y asesinato de Alopécico Sotelo por un comando extremista violento formado por policías y pistoleros socialistas.

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Gil Robles añadió que entre el 16 de junio y el 13 de julio se habían cometido 61 gloria por causas políticas y dijo lo siguiente a los ministros:



Dos días después, comenzaba la Guerra Civil.
supongo que en madrid tocarian cuatro o cinco al menos. cuales?
 
supongo que en madrid tocarian cuatro o cinco al menos. cuales?
Supongo, supongo, supongo... ¿Cuáles? ¿cuáles? ¿cuáles?...
Los fruta del frente popular no negaron ningún crimen ni vandalismo de sus bandas denunciados por los fruta derechistas en la cámara para que pudieran tener publicidad, ya que imperaba la censura roja de prensa pero no se podían censurar los discursos del parlamento. Solo protestaron y amenazaron.

Y que, habiendo miles de iglesias en España, le tengan que tocar por narices "cuatro o cinco" a Madrid porque tú lo supones, es una suposición sin fundamento.
 
Última edición:
o sea, que eres incapaz de decir una iglesia en madrid de las 160 supuestamente destruidas en cuatro meses, a una diaria.
No lo quiero buscar, no hace falta (incluso pudiera ser posible que ninguna, aunque sí muchas, eso seguro, anteriormente), los fruta rojos tuvieron que aceptarlo; acepta tú también como tus "héroes" incivil.
 
75 Aniversario: Así fue incendiada la Iglesia de San Luis en Madrid. Un recuerdo infantil
Armando Marchante Gil
11 marzo 2011
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En aquella primavera trágica de 1936 quien esto escribe tenía diez años de edad, pero la dureza de los acontecimientos que entonces viví ha hecho posible que conserve en la memoria el vivísimo recuerdo de aquellos dramáticos hechos, en mala hora acaecidos.

Todas las tardes tenía que pasar por la calle Mayor de Madrid al regreso de mi colegio, regentado por los salesianos que habían tenido que trasformarse en lo que oficialmente se llamaba “Mutua Escolar de Enseñanza y Cultura” a cuyo frente se puso un salesiano italiano para darle a la institución un aire seglar y extranjero. Como es sabido, aquella República había prohibido toda enseñanza a cargo de religiosos.

Pues bien, en mi recorrido por la calle Mayor era muy frecuente encontrarme con alguna manifestación en dirección a la Puerta del Sol, sede entonces del Ministerio de la Gobernación. Puño en alto, profiriendo insultos contra “la caverna”, marchaban hombres y mujeres que infundían temor a su paso, siempre violento y amenazador con alusiones a la inmediata revolución para implantar lo que llamaban “comunismo libertario” o “dictadura del proletariado”.

Solían ir cantando la “Joven guardia” cuyo estribillo era “no les des paz ni cuartel”, refiriéndose a las derechas en general y a los burgueses y falangistas en particular. Su grito predilecto, siempre alzando el puño, era “U.H.P.” cuyo significado era “Unión de Hermanos Proletarios”, aunque las siglas recibían frecuentemente otra interpretación.

Dentro de estos casi continuos aquelarres no faltaban grupos de mujeres que, a su vez, entonaban repetidamente el grito de “¡descendientes si, maridos no! “, expresión que demuestra que sus seguidoras de estos tiempos son bastante menos decentes que sus antecesoras quienes, al menos, no defendían el aborto como método anticonceptivo ni, por supuesto, la entonces desconocida píldora postcoital, tan difundida hoy desde los medios gubernamentales. Aquellas no admitían maridos, pero, por lo menos, tenían la decencia de no propugnar el asesinato de sus descendientes en su vientre..

Una tarde [*], días antes de la festividad de San José, mi padre, que era Teniente de la Guardia Civil, fue a recogerme al Colegio desde donde le acompañé a la Gran Vía donde iba a realizar no sé qué gestiones. Naturalmente, yo iba de su mano sintiendo una seguridad no habitual en aquellos días. Concluidas sus gestiones mi padre se dirigió conmigo hacia la Plaza Mayor para tomar el tranvía que nos llevaría hasta nuestro domicilio.

Para ello descendimos desde la Red de San Luis por la calle de la Montera; a mitad de nuestro recorrido vimos a nuestra derecha un numeroso grupo congregado frente a la iglesia de San Luis que, violentamente y entre blasfemias, entraban y salían del templo obligando a quienes estaban dentro a salir a la calle donde eran cubiertos de insultos y amenazas. Otros de aquellos individuos blandían latas de gasolina con la que rociaban la puerta principal y los pies del templo mostrando así la intención evidente de prenderle fuego.

Vista la situación, mi padre, que vestía de paisano, aceleró nuestra marcha para llegar lo más rápidamente posible a la Puerta del Sol, donde se dirigió, una vez identificado, al Teniente jefe del retén de Guardias de Asalto que se encontraban en el edificio formando parte de su guardia. Allí requirió al citado Teniente para que acudiese con sus hombres a la iglesia de San Luis, situada unos 200 metros más arriba, para impedir la actuación de los incendiarios. El Oficial informó a mi padre de que tenía órdenes expresas de no acudir a disolver ningún tipo de manifestación, aunque las intenciones de sus componentes fuesen evidentes. Tras un breve intercambio de frases mi padre se rindió a la evidencia de que las órdenes del gobierno eran no impedir en modo alguno ningún acto de violencia callejera y menos si se dirigían contra la Iglesia.

Mi padre intentó volver sobre nuestros pasos hacia la iglesia de San Luis pero el propio Teniente le disuadió ante el peligro que íbamos a correr mi padre y yo. Esto no obstante mi padre se aproximó a la embocadura de la calle de la Montera desde donde presenciamos cómo el edificio de la iglesia era envuelto por las llamas que, en menos de media hora, abarcaron todo el templo del que sólo se pudieron salvar escasos enseres, entre ellos los vasos sagrados que fueron llevados a la cercana iglesia del Carmen ante el regocijo de los allí congregados que impedían el acceso de los bomberos al incendio. Al día siguiente, la prensa daba cuenta escuetamente de lo sucedido sin añadir comentario de condena alguno pues el miedo invadía ya a todos los ciudadanos.

Terminada la guerra civil, lo que quedaba de la reaccionarioda de San Luis fue trasladado a los pies de la cercana iglesia del Carmen, remodelada para ampliar la calle de la Salud. Allí está lo que fue portada de San Luis.

Iglesia del Carmen: ubicación actual de la portada de la desaparecida Iglesia de San Luis

Cuando he leído en determinados panfletos que se ha exagerado la quema de iglesias y que, todo caso, de algunas de ellas había partido alguna provocación, no dejó de recordar, todavía con estremecimiento, los hechos de que fui testigo de niño y que acabo de relatar.

Esto fue la II República a la que se presenta ahora como un prodigio de pogre, estabilidad, libertad y democracia. Así se escribe la “memoria histórica”.

[*] 13 de marzo de 1936
 
La masacre de la plaza de toros de Badajoz y el empeño por vaciar la memoria
El coso taurino se derribó en 1998 bajo la presidencia de Rodríguez Ibarra y ante los impactos de las ejecuciones en la tapia del cementerio se construyó un cerramiento.

"El 14 de agosto se han cumplido 83 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Gloria, al mando del teniente coronel Yagüe, de infausta memoria. 83 años del día más nefasto de la reciente historia de Badajoz, a partir del cual comenzó un período de violencia incivil que se llevó por delante a miles de personas, y que marcó para siempre la vida de esta ciudad. La masacre que se desarrolló a partir del 14 de agosto de 1936 fue una de las primeras evidencias ante el mundo de la política de exterminio del adversario, programada por los militares golpistas". (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura).
Conté hace un par de meses, con motivo de la presentación de mi libro La memoria nombrada en Badajoz por invitación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX), que al pasar por donde está ubicado el monumental Palacio de Congresos de la ciudad, un amigo me ilustró acerca de la identidad de una estructura tubular que se encuentra al lado del edificio, obra de la artista Blanca Muñoz y que responde al título de Eclíptica. Tal monumento proyecta en el suelo, al parecer, una sombra en forma de flor a determinada hora del 14 de agosto, fecha del inicio de la llamada Batalla de Badajoz, que acabó con una gran masacre en la plaza de toros de la ciudad, lugar en el que ahora se encuentra el citado Palacio de Congresos.

Como entonces escribí, con motivo de mi visita, no hay junto a la obra -que entonces estaba siendo reparada de algún acto vandálico- ningún rótulo que la identifique como homenaje a la memoria de las numerosas víctimas asesinadas en el coso taurino hace 83 años. Me quedé, por lo tanto, sin leer el contenido de esa placa, dado que se encontraba en el interior del Palacio de Congresos, sin posibilidad de que el viandante foráneo reconozca la significación de la Eclíptica. Pendiente de que me enviaran la fotografía correspondiente, compruebo mediante la misma que son dos las placas. Una reseña la inauguración de dicho edificio el 27 de abril de 2006 bajo la presidencia de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. La redacción de la segunda es todo lo cínica, equidistante y enterradora de la memora histórica que revelan estas líneas: "sobre el olvido no puede construirse una sociedad justa, libre, fraternal...en memoria de quienes perdieron la vida en los terribles días de la guerra civil española".

Fue en el transcurso del gobierno regional del señor Rodríguez Ibarra, ciertamente dilatado en la historia reciente de Extremadura, cuando se derribó la vieja plaza de toros, escenario de la tragedia, algo que con toda seguridad hubiera sido imposible en una ciudad como Guernica. Esta, gracias a la obra de Pablo Picasso que lleva su nombre, ocupa desde siempre primerísimo lugar como enclave simbólico de la represión franquista, con el concurso en este caso primordial de los aviones de la Legión Cóndor hitleriana, afanosa por experimentar sobre la población civil de España la temible arma de guerra que emplearía a fondo en la segunda Guerra Mundial.

Para algunos de los que con mayor o menor acierto nos dedicamos a investigar en nuestra memoria democrática desde hace bastantes años, no es Guernica sino la plaza de toros de Badajoz o la propia ciudad extremeña en su conjunto las que ocupan sin duda ese primer lugar, refrendado por el hecho de que en esa provincia también se perpetró una de las más sangrientas campañas de represión de todo el país por parte de los militares facciosos, la llamada Columna de la Gloria. A la ciudad de Badajoz o a su plaza de toros le faltó la pueblerino de un afamado pintor de renombre internacional que pintara su tragedia y lograra el gran predicamento mundial que obtuvo y mantiene la singular obra de Picasso. En el muro del cementerio pacense quedaron también los impactos de los fusilamientos, pero el Ayuntamiento del Partido Popular levantó hace años un cerramiento para ocultar esa memoria.
El profesor José Luis Gutiérrez Casalá, contrastando las listas de fallecidos con los registros civiles y eclesiales, documenta en una tesis publicada al respecto un total 12.971 víctimas mortales en la provincia, de las que 1.937 serían responsabilidad del gobierno republicano o de quienes lo apoyaban, y 11.034 corresponderían a las tropas sublevadas contra la legalidad constitucional de ese gobierno. Entre estas últimas, 6.367 fueron eliminadas por ajuste de cuentas, 1.084 tras un consejo de guerra y 3.587 fueron canceladas, según la información recogida de listas documentadas municipio a municipio. Badajoz tenía en 1930 algo más de 40.000 habitantes. Si el número de ejecutados se cifrara en torno a 4.000, sería el 10 por ciento de la población.

Que la plaza de toros de Badajoz, todo un símbolo de una acción incivil masiva perpetrada en periodo de guerra, haya sido erradicada del plano urbano por el gobierno presidido por un militante del Partido Socialista Obrero Español, cuando tantos de sus compañeros fueron asesinados en ese lugar, deberá contar para siempre como una lacra en el currículum político del entonces presidente de la Junta de Extremadura. Tal memoricidio no tuvo lugar en los primeros años de la Transición, entre el azote homicida de un violencia extremista a dos bandas y las amenazas y los intentos golpistas de un episodio esperpéntico como el del 23 de febrero de 1981 (del que algún día sabremos la verdad), sino en 1998, transcurridos veinte años desde la aprobación de la Constitución vigente, cuando todavía la memoria histórica no había aflorado como reivindicación necesaria en el devenir del ya avanzado régimen de 1978.
En lugar de un gran archivo regional o nacional sobre el golpe militar, la represión franquista y la guerra -como escribió en su día el historiador Francisco Espinosa-, cuya creación fue una de las reivindicaciones del movimiento pro memoria para cultivo de la investigación histórica, se edificó en los terrenos de la plaza taurina un Palacio de Congresos que bien podía haber sido ubicado en cualquier otro lugar de la ciudad. De la memoria democrática que podría haber permanecido señalada en el corazón de Badajoz, únicamente quedan las voces y banderas del homenaje que anualmente llevan adelante en fecha como la de hoy una serie de colectivos republicanos y algunos partidos políticos, además de esa sutilísima Eclípitica de Blanca Muñoz, de muy licuescente y astral significación, y esa borrosa placa vergonzante y equidistante en el interior del nuevo edificio, alejada de la propia obra a la que debería complementar de modo informativo y claramente identificativo de las víctimas republicanas.
 
75 Aniversario: Así fue incendiada la Iglesia de San Luis en Madrid. Un recuerdo infantil
Armando Marchante Gil
11 marzo 2011
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En aquella primavera trágica de 1936 quien esto escribe tenía diez años de edad, pero la dureza de los acontecimientos que entonces viví ha hecho posible que conserve en la memoria el vivísimo recuerdo de aquellos dramáticos hechos, en mala hora acaecidos.

Todas las tardes tenía que pasar por la calle Mayor de Madrid al regreso de mi colegio, regentado por los salesianos que habían tenido que trasformarse en lo que oficialmente se llamaba “Mutua Escolar de Enseñanza y Cultura” a cuyo frente se puso un salesiano italiano para darle a la institución un aire seglar y extranjero. Como es sabido, aquella República había prohibido toda enseñanza a cargo de religiosos.

Pues bien, en mi recorrido por la calle Mayor era muy frecuente encontrarme con alguna manifestación en dirección a la Puerta del Sol, sede entonces del Ministerio de la Gobernación. Puño en alto, profiriendo insultos contra “la caverna”, marchaban hombres y mujeres que infundían temor a su paso, siempre violento y amenazador con alusiones a la inmediata revolución para implantar lo que llamaban “comunismo libertario” o “dictadura del proletariado”.

Solían ir cantando la “Joven guardia” cuyo estribillo era “no les des paz ni cuartel”, refiriéndose a las derechas en general y a los burgueses y falangistas en particular. Su grito predilecto, siempre alzando el puño, era “U.H.P.” cuyo significado era “Unión de Hermanos Proletarios”, aunque las siglas recibían frecuentemente otra interpretación.

Dentro de estos casi continuos aquelarres no faltaban grupos de mujeres que, a su vez, entonaban repetidamente el grito de “¡descendientes si, maridos no! “, expresión que demuestra que sus seguidoras de estos tiempos son bastante menos decentes que sus antecesoras quienes, al menos, no defendían el aborto como método anticonceptivo ni, por supuesto, la entonces desconocida píldora postcoital, tan difundida hoy desde los medios gubernamentales. Aquellas no admitían maridos, pero, por lo menos, tenían la decencia de no propugnar el asesinato de sus descendientes en su vientre..

Una tarde [*], días antes de la festividad de San José, mi padre, que era Teniente de la Guardia Civil, fue a recogerme al Colegio desde donde le acompañé a la Gran Vía donde iba a realizar no sé qué gestiones. Naturalmente, yo iba de su mano sintiendo una seguridad no habitual en aquellos días. Concluidas sus gestiones mi padre se dirigió conmigo hacia la Plaza Mayor para tomar el tranvía que nos llevaría hasta nuestro domicilio.

Para ello descendimos desde la Red de San Luis por la calle de la Montera; a mitad de nuestro recorrido vimos a nuestra derecha un numeroso grupo congregado frente a la iglesia de San Luis que, violentamente y entre blasfemias, entraban y salían del templo obligando a quienes estaban dentro a salir a la calle donde eran cubiertos de insultos y amenazas. Otros de aquellos individuos blandían latas de gasolina con la que rociaban la puerta principal y los pies del templo mostrando así la intención evidente de prenderle fuego.

Vista la situación, mi padre, que vestía de paisano, aceleró nuestra marcha para llegar lo más rápidamente posible a la Puerta del Sol, donde se dirigió, una vez identificado, al Teniente jefe del retén de Guardias de Asalto que se encontraban en el edificio formando parte de su guardia. Allí requirió al citado Teniente para que acudiese con sus hombres a la iglesia de San Luis, situada unos 200 metros más arriba, para impedir la actuación de los incendiarios. El Oficial informó a mi padre de que tenía órdenes expresas de no acudir a disolver ningún tipo de manifestación, aunque las intenciones de sus componentes fuesen evidentes. Tras un breve intercambio de frases mi padre se rindió a la evidencia de que las órdenes del gobierno eran no impedir en modo alguno ningún acto de violencia callejera y menos si se dirigían contra la Iglesia.

Mi padre intentó volver sobre nuestros pasos hacia la iglesia de San Luis pero el propio Teniente le disuadió ante el peligro que íbamos a correr mi padre y yo. Esto no obstante mi padre se aproximó a la embocadura de la calle de la Montera desde donde presenciamos cómo el edificio de la iglesia era envuelto por las llamas que, en menos de media hora, abarcaron todo el templo del que sólo se pudieron salvar escasos enseres, entre ellos los vasos sagrados que fueron llevados a la cercana iglesia del Carmen ante el regocijo de los allí congregados que impedían el acceso de los bomberos al incendio. Al día siguiente, la prensa daba cuenta escuetamente de lo sucedido sin añadir comentario de condena alguno pues el miedo invadía ya a todos los ciudadanos.

Terminada la guerra civil, lo que quedaba de la reaccionarioda de San Luis fue trasladado a los pies de la cercana iglesia del Carmen, remodelada para ampliar la calle de la Salud. Allí está lo que fue portada de San Luis.

Iglesia del Carmen: ubicación actual de la portada de la desaparecida Iglesia de San Luis

Cuando he leído en determinados panfletos que se ha exagerado la quema de iglesias y que, todo caso, de algunas de ellas había partido alguna provocación, no dejó de recordar, todavía con estremecimiento, los hechos de que fui testigo de niño y que acabo de relatar.

Esto fue la II República a la que se presenta ahora como un prodigio de pogre, estabilidad, libertad y democracia. Así se escribe la “memoria histórica”.

[*] 13 de marzo de 1936
A saber cuántas víctimas hubo ahí por parte de algunos curas.
 
En 1715 se reunió en Madrid un grupo de 124 vascongados que decidieron fundar una Congregación con fines benéficos bajo la advocación de San Ignacio de Loyola. El Consejo de Castilla aprobó las Constituciones en 1718 y desde entonces la Congregación, y a lo largo de más de 300 años de historia ha continuado con su misión.

La Congregación tiene como sede la Iglesia de San Ignacio de Loyola, de Madrid, donde realiza sus actividades. Este blog es un canal de información dirigido a todos sus miembros y personas interesadas en conocerla más de cerca.

Historia del incendio de la Iglesia de San Ignacio

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El último Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, publicado en homenaje a Juan Antonio Garmendia Elósegui, presenta el artículo de Estíbaliz Ruiz de Azúa y Martínez de Ezquerecocha titulado: "Volvieron las horas de locura a Madrid: el incendio de la Iglesia de San Ignacio en marzo de 1936."

El artículo trata de historiar la quema de la Iglesia de San Ignacio de los Vascos ocurrida en Madrid en marzo de 1936 durante la etapa de la Segunda República denominada "Frente Popular". Tras una aproximación al escenario (Madrid y calle del Príncipe), el trabajo se centra en el día del incendio y su repercusión en los medios eclesiásticos, periodísticos y parlamentarios, y en la Real Congregación de Naturales y Oriundos de las tres Provincias Vascas, propietaria del templo.
 
Si en 1978 la izquierda de este país no hubiera cedido, ahora no existirían hilos como este.

Pero aprovecho al menos la ocasión para recordar a las organizaciones de izquierda que mantuvieron sus posiciones en aquel momento.
 
(mensaje citado en revisión)

Siendo tan comprensible el enfado de este forero como respetables sus opiniones, no queda más remedio que hacer algunas puntualizaciones:

- De la exhumación de la fosa común en el año 2015 no se puede establecer que los cuerpos inhumados, excepto uno, sean de víctimas de la guerra civil. Por tanto, la ritualización de un enterramiento con restos de origen desconocido y de fecha de inhumación indeterminada no deja de ser algo personal, pero de ningún valor histórico. Lamentablemente no tiene ningún valor probatorio, máxime si no se ha conseguido ninguna identificación.

El informe realizado por técnicos de la Junta es contundente:

Se ha localizado una fosa con unas dimensiones estimadas de 2 metros de largo por dos de ancho, con un total de 4 cuerpos en conexión. Asociado a esta fosa se ha localizado un osario, donde algunos restos extraídos presentan signos de violencia.

Esta única fosa localizada contiene cuatro sujetos tras varias décadas sometida a la dinámica del cementerio. Considerando las aportaciones en desconexión anatómica del osario vecino, con pruebas claras de que contiene parte de los restos de los individuos de la fosa y de otros, estaríamos hablando al menos de un depósito colectivo de seis sujetos.

La presencia de una fosa colectiva conteniendo a 4 individuos en conexión anatómica resulta incompatible con los usos funerarios contemporáneos al momento de los presuntos hechos incivil y sí con la ocultación de unos hechos incivil.

Al este de la fosa colectiva pero sin contacto físico con ella se identifican elementos óseos en desconexión anatómica y asociados en muchos casos a inhumaciones ritualizadas. Parte de este material pertenece a sujetos subadultos y es descartado pero se recupera material de sujetos adultos del esqueleto apendicular y cinco cráneos. Se identifican una serie de evidencias:

1º) Un posible orificio de salida en un cráneo, aunque con dudas en la morfología del orificio en su tabla interna
2º) Una hemimandíbula izquierda con roturas en fresco (perimortem) en la zona anterior próxima al mentón y que podría corresponder a un orificio de salida de un proyectil que entraría por la zona posterior derecha del cráneo.


- La cifra de 40 víctimas en Paterna de Rivera no es cierta. En ese número se incluyen casuísticas variadas que abarcan desde los efectivamente represaliados (los menos) hasta huidos, pasando por gloria debidas a diversas causas. Incluso se incluyen personas que huyeron y se desconoce su paradero. Nunca van a encontrar a los 40 porque ni son 40 ni están ahí. Algunos ejemplos:

Antonio García Orihuela murió en la cárcel de Orihuela de tuberculosis, como Enrique Rubio Carrera en la de Cádiz.
Domingo Velasco Panal murió en Tarifa (Cádiz) por causas desconocidas en 1939.
Miguel Caballero Torrejón y Juan Rubio Cabrera, perecid en combate (Madrid).
Miguel García Lozano, huido en Málaga.
Francisco Pérez Velasco, desaparecido en Málaga.

- Con respecto a los señores Vega, militantes de CNT, podía hacer un esfuerzo y recordar, ya que dice que estuvieron en El Gastor, si participaron en los combates que se produjeron en ese pueblo, sobre todo cuando la emboscada que realizaron a falangistas en "El Duende".

- Además es interesante saber por qué a estos señores los detuvieron en 1933 a causa de los sucesos de Casas-Viejas, por cierto, con Azaña en el gobierno.

Así que no se quejen cuando alguien utiliza el término de "buscadores de huesos". Dejen de exhumar y reinhumar huesos de no se sabe quién, construyan relatos serios, creíbles, fundamentados y documentados y después podrán pedir la credibilidad y el respeto que posiblemente merezcan.
 
Si en 1978 la izquierda de este país no hubiera cedido, ahora no existirían hilos como este.

Pero aprovecho al menos la ocasión para recordar a las organizaciones de izquierda que mantuvieron sus posiciones en aquel momento.

Un saludo.

Pero esas incontinencias de pipi las padece la «ETA berri», como en su día las sufrió la «ETA zarra». El incivil del «comando Araba» Juan Arruti Azpitarte, «Paterra», relacionado con más de una treintena de asesinatos, lloró como un niño tras su detención, se defecó en los pantalones y cantó ópera para delatar a quince compañeros de la banda, que pudieron ser detenidos, y conducir a la Benemérita a diez «pisos francos» de ETA.

Se orinó en la detención​

https://www.abc.es/espana/abci-orino-detencion-200812100300-911802709522_noticia.html
 
La masacre de la plaza de toros de Badajoz y el empeño por vaciar la memoria
El coso taurino se derribó en 1998 bajo la presidencia de Rodríguez Ibarra y ante los impactos de las ejecuciones en la tapia del cementerio se construyó un cerramiento.

"El 14 de agosto se han cumplido 83 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Gloria, al mando del teniente coronel Yagüe, de infausta memoria. 83 años del día más nefasto de la reciente historia de Badajoz, a partir del cual comenzó un período de violencia incivil que se llevó por delante a miles de personas, y que marcó para siempre la vida de esta ciudad. La masacre que se desarrolló a partir del 14 de agosto de 1936 fue una de las primeras evidencias ante el mundo de la política de exterminio del adversario, programada por los militares golpistas". (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura).
Conté hace un par de meses, con motivo de la presentación de mi libro La memoria nombrada en Badajoz por invitación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX), que al pasar por donde está ubicado el monumental Palacio de Congresos de la ciudad, un amigo me ilustró acerca de la identidad de una estructura tubular que se encuentra al lado del edificio, obra de la artista Blanca Muñoz y que responde al título de Eclíptica. Tal monumento proyecta en el suelo, al parecer, una sombra en forma de flor a determinada hora del 14 de agosto, fecha del inicio de la llamada Batalla de Badajoz, que acabó con una gran masacre en la plaza de toros de la ciudad, lugar en el que ahora se encuentra el citado Palacio de Congresos.

Como entonces escribí, con motivo de mi visita, no hay junto a la obra -que entonces estaba siendo reparada de algún acto vandálico- ningún rótulo que la identifique como homenaje a la memoria de las numerosas víctimas asesinadas en el coso taurino hace 83 años. Me quedé, por lo tanto, sin leer el contenido de esa placa, dado que se encontraba en el interior del Palacio de Congresos, sin posibilidad de que el viandante foráneo reconozca la significación de la Eclíptica. Pendiente de que me enviaran la fotografía correspondiente, compruebo mediante la misma que son dos las placas. Una reseña la inauguración de dicho edificio el 27 de abril de 2006 bajo la presidencia de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. La redacción de la segunda es todo lo cínica, equidistante y enterradora de la memora histórica que revelan estas líneas: "sobre el olvido no puede construirse una sociedad justa, libre, fraternal...en memoria de quienes perdieron la vida en los terribles días de la guerra civil española".

Fue en el transcurso del gobierno regional del señor Rodríguez Ibarra, ciertamente dilatado en la historia reciente de Extremadura, cuando se derribó la vieja plaza de toros, escenario de la tragedia, algo que con toda seguridad hubiera sido imposible en una ciudad como Guernica. Esta, gracias a la obra de Pablo Picasso que lleva su nombre, ocupa desde siempre primerísimo lugar como enclave simbólico de la represión franquista, con el concurso en este caso primordial de los aviones de la Legión Cóndor hitleriana, afanosa por experimentar sobre la población civil de España la temible arma de guerra que emplearía a fondo en la segunda Guerra Mundial.

Para algunos de los que con mayor o menor acierto nos dedicamos a investigar en nuestra memoria democrática desde hace bastantes años, no es Guernica sino la plaza de toros de Badajoz o la propia ciudad extremeña en su conjunto las que ocupan sin duda ese primer lugar, refrendado por el hecho de que en esa provincia también se perpetró una de las más sangrientas campañas de represión de todo el país por parte de los militares facciosos, la llamada Columna de la Gloria. A la ciudad de Badajoz o a su plaza de toros le faltó la pueblerino de un afamado pintor de renombre internacional que pintara su tragedia y lograra el gran predicamento mundial que obtuvo y mantiene la singular obra de Picasso. En el muro del cementerio pacense quedaron también los impactos de los fusilamientos, pero el Ayuntamiento del Partido Popular levantó hace años un cerramiento para ocultar esa memoria.
El profesor José Luis Gutiérrez Casalá, contrastando las listas de fallecidos con los registros civiles y eclesiales, documenta en una tesis publicada al respecto un total 12.971 víctimas mortales en la provincia, de las que 1.937 serían responsabilidad del gobierno republicano o de quienes lo apoyaban, y 11.034 corresponderían a las tropas sublevadas contra la legalidad constitucional de ese gobierno. Entre estas últimas, 6.367 fueron eliminadas por ajuste de cuentas, 1.084 tras un consejo de guerra y 3.587 fueron canceladas, según la información recogida de listas documentadas municipio a municipio. Badajoz tenía en 1930 algo más de 40.000 habitantes. Si el número de ejecutados se cifrara en torno a 4.000, sería el 10 por ciento de la población.

Que la plaza de toros de Badajoz, todo un símbolo de una acción incivil masiva perpetrada en periodo de guerra, haya sido erradicada del plano urbano por el gobierno presidido por un militante del Partido Socialista Obrero Español, cuando tantos de sus compañeros fueron asesinados en ese lugar, deberá contar para siempre como una lacra en el currículum político del entonces presidente de la Junta de Extremadura. Tal memoricidio no tuvo lugar en los primeros años de la Transición, entre el azote homicida de un violencia extremista a dos bandas y las amenazas y los intentos golpistas de un episodio esperpéntico como el del 23 de febrero de 1981 (del que algún día sabremos la verdad), sino en 1998, transcurridos veinte años desde la aprobación de la Constitución vigente, cuando todavía la memoria histórica no había aflorado como reivindicación necesaria en el devenir del ya avanzado régimen de 1978.
En lugar de un gran archivo regional o nacional sobre el golpe militar, la represión franquista y la guerra -como escribió en su día el historiador Francisco Espinosa-, cuya creación fue una de las reivindicaciones del movimiento pro memoria para cultivo de la investigación histórica, se edificó en los terrenos de la plaza taurina un Palacio de Congresos que bien podía haber sido ubicado en cualquier otro lugar de la ciudad. De la memoria democrática que podría haber permanecido señalada en el corazón de Badajoz, únicamente quedan las voces y banderas del homenaje que anualmente llevan adelante en fecha como la de hoy una serie de colectivos republicanos y algunos partidos políticos, además de esa sutilísima Eclípitica de Blanca Muñoz, de muy licuescente y astral significación, y esa borrosa placa vergonzante y equidistante en el interior del nuevo edificio, alejada de la propia obra a la que debería complementar de modo informativo y claramente identificativo de las víctimas republicanas.

La matanza de la plaza de toros de Badajoz en 1936, por A. Manuel Barragán Lancharro

La matanza de Badajoz: ¿Leyenda o realidad?

Memoria Histórica Borrada: Desmontando el mito de la matanza de Badajoz

Guernica, Badajoz y la técnica de la falsedad profesionalizada (II) | Más España y más democracia

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(Covaleda)
 
Un saludo.

Pero esas incontinencias de pipi las padece la «ETA berri», como en su día las sufrió la «ETA zarra». El incivil del «comando Araba» Juan Arruti Azpitarte, «Paterra», relacionado con más de una treintena de asesinatos, lloró como un niño tras su detención, se defecó en los pantalones y cantó ópera para delatar a quince compañeros de la banda, que pudieron ser detenidos, y conducir a la Benemérita a diez «pisos francos» de ETA.

Se orinó en la detención​

https://www.abc.es/espana/abci-orino-detencion-200812100300-911802709522_noticia.html

Normal que se orinase ante el temor a ser torturado por la guardia civil, y quien sabe si despues tambien enterrado en cal viva.
 
La matanza de la plaza de toros de Badajoz en 1936, por A. Manuel Barragán Lancharro

La matanza de Badajoz: ¿Leyenda o realidad?

Memoria Histórica Borrada: Desmontando el mito de la matanza de Badajoz

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Son cansinos. No se cuantas veces hay que darles con los datos en las narices para que se enteren.
 

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