Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

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La huida.

El 6 de Noviembre, Barea fue llamado al despacho de su jefe Rubio Hidalgo.
El ambiente era de mudanza apresurada. Rubio anunció oficialmente a Barea lo que ya sabía todo Madrid: que las tropas rebeldes habían llegado al Manzanares, la caída de la capital era inminente.
El gobierno se trasladaba a Valencia y los funcionarios debían seguir al gobierno. Barea –que sólo era un voluntario interino–, debía quedarse para cerrar la oficina y después intentar salvar su propio pellejo.
Le entregaron dos meses de salario: “para que si las cosas vienen mal se pueda bandear un poco.”
Si el Gobierno hubiera tomado la decisión de marchar a Valencia tres o cuatro semanas antes, su alejamiento habría simulado responder a un plan. Pero ahora, con los insurgentes en Carabanchel, aquello parecía una humillante huida.
Barea estaba pensando en esto [o algo parecido,] cuando se fijó en unas fotos.
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Fotos de niños tomadas en el depósito de cadáveres de Madrid, según el testimonio de Barea habían perecid en un bombardeo sobre Getafe.

"Encima de la mesa, una hilera de fotografías con brillo de seda me mostraban una sucesión de niños perecid."
Entonces preguntó a su jefe:
— ¿Qué va usted a hacer con esas fotografías?
— Quemarlas, y los negativos también. Queríamos haberlas usado para propaganda, pero conforme están las cosas, al que le cojan con estas fotos le vuelan los sesos en el sitio.

En "La LLama," [el último libro de su trilogía autobiográfica,] Barea asegura que eran las fotos de unos niños fallecidos por el bombardeo de un Junker sobre la escuela de Getafe, les habían prendido un número para identificarlos:
— ¡Déjeme usted llevármelas!
Rubio se encogió de hombros y le alargó la caja con los negativos:
— Si quiere usted arriesgar el pellejo, es cuenta suya.

[En cursiva extractos de la trilogía "La Forja de un Rebelde", de Arturo Barea.]
Barea se queda en Madrid y llegan los nuevos jefes.
Arturo Barea decidió quedarse en la oficina de prensa desobedeciendo las órdenes recibidas. No quiso huir –al contrario–, mientras Madrid resistiera decidió que mantendría funcionando el servicio de censura y daría a conocer al mundo el pavor de aquellas fotos.
El nuevo gobierno militar-municipal del General Miaja le confirmó en el cargo y dos rusos: Mijail Kolstov y Vladimir Gorev pasaron a controlar la censura.
El primero era corresponsal de Pravda y espía personal de Stalin en Madrid. El segundo era agregado militar de la embajada soviética y jefe de la delegación del GRU, el servicio de inteligencia militar.
Con los nuevos jefes la censura se profesionalizó. Ya no se trataba tanto de bloquear la información, como de convertirla en un aparato al servicio de la causa.
La tragedia de España atraía la atención mundial y el objetivo era que el proletariado del mundo [unido] levantara el puño saludando a Madrid. Cuantos más políticos e intelectuales rechazaran la política de no intervención de sus gobiernos, mejor.
(mensaje citado en revisión)
La oficina de censura contrató americanos, polacos, franceses, austriacos, etc... expertos en idiomas, muchos de ellos adiestrados en Moscú.
Entre ellos, Ilse Kulcsar, una austriaca rellenita de voz suave que acabó siendo la mujer más importante de la vida de Barea [estaba casado, con descendientes y tenía una amante cuando la conoció.] Ilse hablaba cinco idiomas.
Arturo Barea decidió entregar las fotos de los niños perecid en Getafe a su amigo del partido comunista. “Había un chiquitín con la boca abierta de par en par en un grito que nunca acabó.”
Tiempo después tuvo viajar a Valencia a entrevistarse con su antiguo jefe. Luis Rubio no aceptaba de buen grado que Arturo Barea ocupara ahora su antiguo despacho. La huida le había dejado en desairada situación.
Pasó unos días en Valencia antes de que su antiguo jefe se dignara a recibirlo en el palacio que habían incautado para instalar las nuevas oficinas del Servicio de Prensa y Propaganda y mientras esperaba se dedicó a pasear por la ciudad.
Las tiendas rebosaban de fruta, pollos, pescado y toda clase de alimentos que escaseaban en Madrid. En la plaza de Emilio Castelar, tocaba una banda de música y, frente al ayuntamiento, pudo ver un gigantesco organización incivil de propaganda con las fotos de los niños de Getafe.
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Según Barea los niños habían perecid en un bombardeo a Getafe. No aparecen en el registro de cementerio municipal, en Getafe nunca les han hecho un homenaje, nadie conoce a sus familias.
Las fotos habían acabado en manos de Jaume Miravitlles, jefe del Comisariado de Propaganda de la Generalitat de Cataluña y las había distribuido por todo el mundo con esta sentencia: "Que el mundo civilizado juzgue."
La guerra continuó y los problemas de Barea con los jefes de Valencia no se solucionaron. En 1938, tuvo que exiliarse, junto con Ilsa Kulcsar, en Francia. La guerra no había terminado y el S.I.M. le seguía los talones.
Nunca regresaron, Barea acabó teniendo pasaporte inglés, pero esa ya es otra historia...
BIBLIOGRAFÍA.
“La Forja de un Rebelde.” Arturo Barea Ogazón. Ed. Debolsillo. (2010)
“Corresponsal en España,” H. Edward Knoblaugh. Ed. Fermín Uriarte (1967)
“Hotel Florida, verdad, amor y gloria en la guerra civil,” Amanda Vaill. Ed. Turner (2014)
[Hemos escrito una reseña de los tres libros anteriores en este artículo de nuestro blog.]
"Idealistas bajo las balas"Paul Preston. Ed. Debate (2007.)
"Guerra Gráfica, fotógrafos, artistas y escritores en guerra." Michel Lefebvre-Peña. Lungwerg Editores (2013)
Corresponsales en la Guerra de España. Centro Virtual del Instituto Cervantes.
Colección de posters de la guerra civilde la UC San Diego.
La matanza de los inocentes de Getafe. Interesante estudio de José María Real Pingarrón, un vecino de la localidad.
 
María del Niño Jesús Baldillou y compañeras, Beatas
Mártires Escolapias, 8 de agosto

Por: . | Fuente: Escolapias.org

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Religiosas Mártires
Martirologio Romano: En Valencia, España, beatas María del Niño Jesús Baldillou y Bullit y sus compañeras, vírgenes del Instituto de las Hijas de María de las Escuelas Pías y mártires, que, en la persecución contra la fe, salieron gloriosamente al encuentro de Cristo, su Esposo, martirizadas por la violencia de los enemigos de la Iglesia (1936).(imagen visible para usuarios registrados)
María del Niño Jesús Baldillou y Bullit
Nació en Balaguer (Lérida), el 6 de febrero de 1905. Allí transcurrió su infancia y juventud. En 1924 ingresó en el noviciado escolapio de Masnou (Barcelona), donde profesó el 18 de abril de 1927 a los 22 años de edad. Ya en el noviciado dio muestras de una virtud poco común y de una obediencia esmeradísima. Destinada al colegio de Valencia, en esta casa permaneció hasta su gloria, ocupada en los oficios domésticos. Tanto para la comunidad como para las niñas fue modelo de vida totalmente entregada al Señor, en la sencillez y alegría de la cotidiana educación. Joven a los 31 años, el 8 de agosto de 1936, el Señor la encontró preparada para su encuentro con Él, en las playas del Saler (Valencia)

Presentación de la Sagrada Familia (Pascalina) Gallén y Martí
Era natural de Morella (Castellón). Nació el 20 de noviembre de 1872, en un hogar profundamente cristiano. Dios lo bendijo con cuatro hijas y las cuatro fueron religiosas: una Hija de la Caridad y tres Escolapias. Junto con su hermana Josefa, hicieron el noviciado en San Martín de Provensals (Barcelona), y allí profesaron el 30 de Agosto de 1892. Tras siete años en el colegio de Olesa de Montserrat fue destinada al colegio de Valencia; en este colegio estuvo el resto de su vida, sembrando la Buena Nueva del Reino entre las niñas confiadas a su apostolado. Fue un modelo constante para sus hermanas de comunidad: sencilla y modesta, humilde y servicial. Y como recompensa, a los 64 años, Dios la invitó al supremo sacrificio de amor, el 8 de agosto de 1936.

María Luisa de Jesús Girón y Romera
Nació en Bujalance, (Córdoba) el 25 de agosto de 1887. Fue alumna del colegio de Bujalance. Ingresó en el noviciado de Carabanchel (Madrid), en el 1916, y profesó el 31 de marzo de 1918. La mayor parte de su vida escolapia la pasó en Cuba. De 1934 a 1936, entre las niñas valencianas, derrochando simpatía con su característico gracejo andaluz. Siempre se la vio alegre y jovial, con la sonrisa en los labios y una serenidad que admiraba a sus hermanas. En varias ocasiones comentó que no le importaría morir mártir. Y el Señor escuchó sus deseos a sus 49 años de edad y 18 de profesión religiosa, un caluroso 8 de agosto de 1936, en las playas valencianas del Saler.

Carmen de San Felipe Neri (Nazaria) Gómez y Lezaun
Natural de Eulz (Navarra), nació el 27 de julio de 1969. Sintió la llamada del Señor e ingresó en el noviciado de Carabanchel (Madrid), donde profesó el 8 de septiembre de 1895. Ese mismo día destinada al colegio de Valencia. Encargada de la portería durante 41 años, vivía intensamente la vida escolapia y sabía hermanar el trabajo y la oración. Afable y sonriente, supo transformar aquella portería bulliciosa, por el constante ir y venir de las alumnas y sus familiares, en una Betania, donde se recreaba el Señor, que le acompañaba siempre. Su vida fue unja preparación continua, y ante la llamada apremiante del Señor, el 8 de agosto de 1936, supo responder con heroísmo, a los 67 años de edad, junto a sus otras cuatro hermanas escolapias.

Clemencia de San Juan Bautista (Antonia) Riba y Mestres
Nació en Igualada (Barcelona), el 8 de octubre de 1893. Alumna del colegio igualadino escolapio se distinguió por su aplicación y simpatía natural. Sintió pronto el deseo de abrazar la vida religiosa, pero no pudo realizar sus deseos hasta el 31 de mayo de 1919, fecha de su profesión religiosa. Después de una breve estancia en el juniorato de Zaragoza, fue destinada al colegio de Valencia. Las hermanas que convivieron con ella aseguraban que todas la querían: las superioras hallaban en ella un descanso y consuelo, las hermanas un corazón amplio, siempre dispuesto a hacer el bien; y las alumnas una progenitora. En la playa del Saler trocó la vida terrena por el cielo, cuando contaba 41 años de edad.

M. María Baldillou, M. Presentación Gallén, M. Mª Luisa Girón, M. Carmen Gómez, y M. Clemencia Riba formaban parte de la comunidad escolapias de Valencia. Dada la situación persecutoria y antirreligiosa en la ciudad, el 19 de julio de 1936, buscaron refugio en un piso de la calle de San Vicente, cerca del colegio. Allí pasaron días calamitosos. El 8 de agosto de 1936, a las cinco de la mañana, fue asaltada la vivienda por unos milicianos. Habían sido denunciadas y debían declarar en el Gobierno Civil. Un coche las esperaba a la puerta. Peor no fueron llevadas al Gobierno Civil, sino a la playa del Saler, donde al amanecer de ese mismo día, sellaron con su sangre su vida de fidelidad al Señor, y en la ciudad del Turia recibieron la palma del martirio.

Seducidas por Cristo - Maestro vivieron entregadas a la educación, bajo el lema calasancio "Piedad y Letras". Fueron vidas sencillas, ejemplares, empapadas de bienaventuranzas y sonrisas, que sembraron entre las niñas y jóvenes los frutos de su madurez y de sus experiencias pedagógicas, hasta derramar su sangre por amor. Mujeres fieles y prudentes, humildes y fuertes como buenas hijas de Santa Paula Montal, vivían con sencillez y amor, entregadas totalmente a la educación de las niñas y jóvenes, a la promoción de la mujer, sin intervenir, ni mezclarse para nada en la política, agitada y hostil a la iglesia.

Porque eran discípulas de Cristo, derramaron su sangre, con serenidad y paz, glorificando a Dios con la profesión de su fe y perdonando a los que las injuriaban y asesinaban. Estas Mártires Escolapias, ofreciéndose en holocausto al Señor, son el testimonio más elocuente de su amor a Cristo y un estímulo real para la Escuela Pía y para la iglesia en general, en su vida de seguimiento de Jesús.

Fueron solemnemente Beatificadas, el 11 de marzo de 2001, por el Papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro como parte de un total de 233 mártires por su fe.
 
Historias de la Historia de España Cap. 94. Un general, un desastre y la masacre de Monte Arruit.
21/08/201508/08/2016Cervantes

El 29 de julio la columna del general Navarro se retiró hasta Monte Arruit. Allí organizó la defensa de la misma con una fuerza de 3.017 soldados. Sin víveres, agua y municiones suficientes, sin que las tropas españolas que estaban llegando a Melilla fueran capaces de salir a combatir y rescatar a las tropas asediadas del general Navarro, éste se vió obligado a capitular tras 14 días de asedio. Cuando el 11 de agosto los soldados comenzaron a salir de Monte Arruit, las fuerzas rifeñas se echaron sobre ellos y masacraron a la mayoría.
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Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, Barón de Casa Davalillo, nació en Madrid, 21 de julio de 1862. Su padre fue Carlos Navarro y Padilla y su progenitora Francisca Ceballos-Escalera y de la Pezuela, hermana de Joaquín Ceballos-Escalera y de la Pezuela, Marqués de Miranda de Ebro y General de Artillería.

Ingresó como alumno en la Academia de Caballería el 1 de septiembre de 1877, siendo promovido al empleo de alférez en julio de 1880. Fue destinado al Regimiento de Pavía hasta agosto de 1882, en que fue nombrado ayudante de campo del Ministro de la Guerra con 20 años y dos años de servicio en filas.

Cuando en octubre de 1883 Martínez-Campos dejó el Ministerio de la Guerra y pasó a ser Capitán General de Ejército, se llevó consigo a Navarro, primero destinado a sus órdenes directas y luego nombrándole su Ayudante de Campo en febrero de 1885.

En septiembre de 1888 se le destinó al Regimiento de la Reina, y en noviembre ascendió al empleo de Teniente con 26 años. Continuó en el regimiento hasta diciembre de 1890, en que pasa de nuevo al Regimiento de Pavía. Posteriormente ejerció el cargo de ayudante de campo de los Generales de División D. Federico Ochando y D. Bernardo Echaluce.

En diciembre de 1892 volvió a destinársele al Regimiento de la Reina. En septiembre de 1893 fue nombrado alumno de la Escuela Superior de Guerra, pero en el mes de noviembre fue destinado al Ejército de Operaciones de Africa, que mandaba el Capitán General D. Arsenio Martínez Campos, de nuevo como ayudante de campo suyo. Participó en las operaciones de Melilla hasta marzo de 1894, y recibió una Cruz Blanca al Mérito Militar de Primera Clase. A finales de ese mes se incorporó a la Escuela Superior de Guerra.

El 26 de junio de 1886 se casó con María Cristina Morenés y García Alessón, Baronesa de Casa Davalillo, nacida en Madrid el 20 de octubre de 1862. Era hija de Carlos Morenés y Tord, Barón de Cuatro Torres y Gentilhombre de Cámara, y de María Fernanda García Alessón y Pardo, Condesa del Asalto y Baronesa de Casa Davalillo.

En septiembre de 1888 se le destinó al Regimiento de la Reina, y en noviembre ascendió al empleo de Teniente con 26 años. Continuó en el regimiento hasta diciembre de 1890, en que pasa de nuevo al Regimiento de Pavía. Posteriormente ejerció el cargo de ayudante de campo de los Generales de División D. Federico Ochando y D. Bernardo Echaluce.

En diciembre de 1892 volvió a destinársele al Regimiento de la Reina. En septiembre de 1893 fue nombrado alumno de la Escuela Superior de Guerra, pero en el mes de noviembre fue destinado al Ejército de Operaciones de Africa, que mandaba el Capitán General D. Arsenio Martínez Campos, de nuevo como ayudante de campo suyo. Pero dos meses después de iniciar sus estudios los interrumpió, al producirse en Melilla las derrotas españolas con las que comenzó la que se conocería como Guerra de Margallo o Primera Guerra del Rif, presentándose voluntario al Ejército de Operaciones de África cuyo mando se entregó a Martínez-Campos, de quien de nuevo fue nombrado Ayudante de Campo en noviembre de 1893.

Participó en las operaciones hasta la finalización de la campaña en marzo de 1894, por las que fue recompensado con una Cruz del Mérito Militar con distintivo Blanco de 1.ª Clase. A finales de ese mes se reincorporó a la Escuela Superior de Guerra, pasando poco después a pertenecer al Regimiento de Caballería de Santiago.

En abril de 1895, al iniciarse la guerra de independencia cubana o Guerra del 95, interrumpió de nuevo sus estudios para incorporarse voluntariamente al Ejército de la Isla de Cuba como Ayudante de Campo de su General en Jefe, de nuevo Martínez-Campos. Emprendió a su llegada operaciones de campaña contra los insurrectos separatistas, condecorándosele con la Cruz al Mérito Militar con distintivo Rojo de 1.ª Clase por su actuación en las operaciones sobre Mayari Arriba y por su comportamiento en el combate del 3 de junio librado en Seboruco. El 7 de enero de 1896 participó en el combate sostenido en el ingenio de San Dimas, concediéndosele por el mérito que entonces contrajo la Cruz de María Cristina (tercera recompensa al valor, antecesora de la Medalla Militar) de 1.ª Clase.(imagen visible para usuarios registrados)

Ese mismo mes Martínez-Campos fue relevado por el General Valeriano Weyler y Nicolau como Gobernador de Cuba, así que Navarro también regresó a la península a finales del mismo. Fue nombrado Ayudante de Campo de su tío, el General de División D. Joaquín Ceballos-Escalera y de la Pezuela, prosiguiendo sus estudios en la Escuela Superior de Guerra. En marzo de 1896 ascendió a Capitán (con 33 años) y en septiembre concluyó por fin su accidentado curso de Estado Mayor. Al mes siguiente, y con el fin de realizar las prácticas reglamentarias del Cuerpo de Estado Mayor, se le destinó al IV Cuerpo de Ejército a la vez que se le nombraba, por quinta y última vez, Ayudante de Campo de Martínez-Campos, que moriría en 1900.
 
Franquismo sociológico. En nuestro país hay un déficit educativo sobre la Guerra de España. No ha habido proceso de desnazificación
(imagen visible para usuarios registrados)España tiene un problema con la memoria histórica de la dictadura por una razón obvia: el régimen de Franco se basaba en el terror. Sus tácticas bélicas estaban calculadas para cancelar al mayor número posible de republicanos. Su control posterior de la educación, el púlpito y los medios fue total. De este modo, hubo un lavado de cerebro nacional, creándose lo que se ha llamado el franquismo sociológico. En el momento de la Transición, al establecer una democracia limitada (la mejor posible dadas las circunstancias), no iba a haber un contralavado de cerebro; lógicamente, porque era una democracia y existía una libertad de expresión que se extendía a los franquistas.
Claro, estos no querían saber nada de la memoria histórica. Sobre las víctimas de los republicanos se había investigado a fondo. Primero, por las propias autoridades republicanas y, después, a través de todo el asunto de la causa general, etc. Pero con las víctimas de Franco, ocurrió lo contrario. En los primeros años de la Transición, los políticos no quisieron hacer nada, incluso los de izquierdas. Recuerdo haber tenido discusiones con Alfonso Guerra, y decirme este: “No es el momento, es muy peligroso”. Quedan provincias enteras donde no se ha investigado nada; claro, gobernadas por el PP.
El gran dominio de las derechas sobre el Estado durante el periodo democrático ha conllevado la continuación de lo que Paul Preston ha llamado, con razón, el franquismo sociológico, resultado del adoctrinamiento que tuvo lugar bajo la dictadura a través del absoluto control que esta tuvo sobre los medios de comunicación, el sistema escolar y la Iglesia. La permanencia de este franquismo sociológico se debe a que no hubo un “proceso de desnazificación” como ocurrió en Alemania y en otros países gobernados por dictaduras nancy o facinerosos, resistiéndose el Estado a recuperar la historia real del país (conocido como la recuperación de la memoria histórica). En este sentido, los intentos del PSOE cuando gobernó fueron excesivamente moderados para cambiar ese franquismo sociológico. Pero, en fin, si uno es franquista, con una obra de Pío Moa o de César Vidal ya es suficiente para lo que busca.
 
Vosotros no conocéis la matanza de Badajoz que hicieron los franquistas, ¿verdad? Alrededor de 4.000 personas fueron ejecutadas. Por cierto, no hay hecho más infame que traer a extranjeros a abusa y liquidar españoles (la mayoría civiles) como hacía la Guardia […] de Franco pueblo por pueblo.
 
Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García
"¿Pucherazo o embeleco localizado? Da igual: la izquierda manipuló las elecciones de 1936"
Dos historiadores reconstruyen en un libro los días críticos de las elecciones republicanas de febrero de 1936 en el año crítico en el que estalló la guerra civil
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Celebración en Cibeles (Madrid) tras los comicios de febrero de 1936 que dieron la victoria al Frente Popular
Daniel Arjona
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19/03/2017 05:00 - Actualizado: 09/04/2017 10:21
"¿Fue un pucherazo o un embeleco localizado. Da igual, ese es un debate nominalista y lo sustancial es que la izquierda manipuló los resultados de las elecciones. Sin esa manipulación el resultado habría sido distinto". Hablamos con Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, dos historiadores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid que acaban de sacudir la historiografía española contemporánea con una tesis a la contra: las elecciones del 16 de febrero de 1936 que dieron el triunfo a la coalición de izquierdas del Frente Popular no fueron limpias; la izquierda alteró los resultados finales a su favor en un clima de intimidación y violencia. Cinco meses después una parte del ejército dio un golpe de estado contra la II República. Comenzaba la guerra civil.

(imagen visible para usuarios registrados)Ucronías ibéricas: Pasionaria, presidenta, ¿y si los 'rojos' hubieran ganado la Guerra Civil?
Daniel Arjona
Quién quiere una máquina del tiempo -o un ministerio- para alterar la historia cuando tiene un método mucho más útil y barato a mano: la literatura


"Ningún estudio había hecho algo parecido hasta la fecha sencillamente porque da mucho trabajo y, quizás también, por otras razones". Álvarez Tardío y Villa García han reunido los resultados de cinco años de investigación, de minucioso rastreo de todo tipo de documentos y actas electorales en el libro '1936: embeleco y violencia en las elecciones del Frente Popular' (Espasa). En sus páginas se invierten los papeles que la historiografía ha otorgado tradicionalmente a los diferentes actores políticos: la izquierda queda retratada como intratable y agresiva, pretendida despositaria única de las esencias republicanas -y que nunca se arrepintió de la revolución de octubre de 1934- y la derecha católica como posibilista y conciliadora.


(imagen visible para usuarios registrados)'1936'. (Espasa)
¿Qué variación produjo en los resultados finales el supuesto embeleco cometido en el escrutinio oficial iniciado el 20 de febrero? No fue una alteración radical pero sí suficiente, según afirman los historiadores, para que el Frente Popular alcanzara una mayoría absoluta de la que no gozaba. Al menos 50 escaños de los 240 logrados por la coalición de izquierdas serían dudosos, fruto de la alteración, de urnas con más votos que votantes, escrutinios sin testigos, actas cuajadas de tachaduras y reescrituras...
Un hecho sorprendente, apenas señalado según los autores, fue la velocidad con la que el dirigente de la izquierda republicana Manuel Azaña regresó a la presidencia del gobierno sustituyendo al centrista Portela en pleno escrutinio: "El nuevo Gobierno heredaba del anterior la gestión del proceso electoral y su primera labor era asegurar el recuento oficial. Sin embargo, la impresionante oleada de violencia entre la tarde del 19 y la mañana del 22, apenas contenidad, propició que este se realizara en un notorio ambiente de coacción, con efectos, como demostramos, en resultados de varias provincias. Por consiguiente, lo que fue una votación generalmente limpia se convirtió en un recuento adulterado que, en un contexto de resultados apretados y aún abiertos, influyó decisivamen te en el reparto final de escaños, otorgando una victoria al Frente Popular por la que tanto habían presionado en las calles las izquierdas obreras", argumentan Álvarez Tardío y Villa García.
Derechas e izquierdas
En las páginas de '1936' asoma una complejidad que desenfoca el punto de vista habitual sobre la historia de la Segunda República en la que, desde su proclamación el 14 de abril de 1931 ni las izquierdas ni las derechas fueron homogéneas. Es precisamente el caso de las segundas el que interesa a estos historiadores que niegan la tesis habitual acerca de la existencia de una reacción antirepublicana furibunda que habría apostado por demoler la nueva forma de gobierno desde su mismo nacimiento. "El plural es fundamental para no simplificar", afirma Álvarez Tardío. "Desde luego, la CEDA fue tan posibilista como que el gobierno republicano de Lerroux del segundo bienio no habría existido sin su apoyo. Querer revisar la Constitución no significaba ser autoritario ni antidemócrata. El primer revisionista era el presidente de la República".
Si la CEDA triunfó fue porque la España conservadora no apoyaba una deriva autoritaria sino una República conservadora
"Los monárquicos eran un mundo muy complejo, donde también había liberales", prosigue Villa García. "Ser monárquico no significaba ser un facineroso. Ahora bien, hubo un sector de la derecha de corte autoritario que venía de apoyar la Dictadura de Primo de Rivera. Muy pocos al principio y muy poco relevantes en las elecciones. Si la CEDA triunfó y consiguió tantos votos fue, precisamente, porque la España conservadora no apoyaba una deriva autoritaria sino una República conservadora compatible con el constitucionalismo".
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Acta alterada para otorgarle más votos al Frente Popular. (Espasa)
Los autores son conscientes de que sus conclusiones pueden alimentar el debate -no precisamente sosegado- acerca de la legitimidad del regimen republicano pero aseguran que son "ajenos a cualquier determinismo". "Quienes proyectaron y siguen proyectando la guerra civil hacia atrás es probable que no tengan el más mínimo interés en asimilar los datos y argumentos aquí expuestos, convencidos, como ya lo estaban los dos bandos en pugna, de que todo debate sobre la llegada del Frente Popular al poder ha de conllevar una toma de partido". Le señalamos a Tardío y García la faja de su libro en la que Stanley G. Payne afirma que se trata del “fin del último de los grandes mitos políticos del siglo XX". Hace ya bastantes años una obra titulada precisamente así, ‘Los mitos de la guerra civil’, de Pío Moa, arrancaba una nueva ola historiográfica sobre la guerra civil que fue tachada de revisionista. ¿Se adscriben?
- Nosotros estamos totalmente en contra de cualquier etiqueta, somos historiadores profesionales no publicistas, y además nos apoyamos en el trabajo de los historiadores previos. Pero es verdad que toda historia, si está bien hecha, revisa el pasado.
 
una matanza desconocida
El bombardeo de Jaén en 1937: más perecid que en Guernica un mes antes
Una sola pasada letal de seis bombarderos Junckers pilotados por españoles, y no alemanes, dejó más víctimas que el célebre ataque sobre la villa vasca
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Foto de Jaén el 1 de abril de 1937 desde uno de los aviones que los nacionales utilizaron para bombardear la ciudad

01/04/2017 10:20 - Actualizado: 26/04/2017 18:21
El 1 de abril de 1937 la aviación republicana y la nacional se enzarzaron en dos de los peores bombardeos de toda la Guerra Civil. Fue un día después de otro duro ataque de la Legión Cóndor en Durango, Vizcaya, y apenas un mes antes del propagandístico y salvaje bombardeo de Guernica. Este sábado se cumplen 80 años de aquella matanza ocurrida en Andalucía y menos conocida. Un acontecimiento que quedó en el olvido en una secuencia de terror contra la población civil desde ambos bandos que se saldó con muchos más perecid que en la localidad vasca, objeto de debate aún en la historiografía, aunque el balance de las más recientes investigaciones sitúan los fallecidos en torno a 120. El baile de cifras de perecid y la polémica sobre el origen de la orden ha sido constante.


Los bombarderos republicanos en cambio de Córdoba -ciudad controlada por el bando nacional bajo el mando del general Queipo de LLano, fueron más concisos, más silenciados y con una cifra de perecid que apenas ha variado a lo largo de los años y que contrasta con la guerra de números que protagonizó el símbolo de la barbarie de la Legión Cóndor. En Córdoba murieron alrededor de 40 personas y en Jáen, unas 157, a las que habría que añadir 128 más: siguiendo el inmediato fusilamiento de los presos “derechistas” en la ciudad: unas sacas que ayudaron a silenciar desde el bando republicano el macabro bombardeo, tal y como señala a El Confidencial, Luis Miguel Sánchez Tostado, experto en la Guerra Civil en Jaén y autor en 2006 de 'La Guerra Civil en Jaén (historia de un pavor inolvidable)', referencia historiográfica sobre el conflicto en la provincia.


(imagen visible para usuarios registrados)Portada de Frente Sur: 'Jaén bombardeado'
Muchas obras citan además, errónemante, según el mismo autor, el bombardeo como una operación de la Legión Cóndor, cuando fue en cambio ejecutada por pilotos y personal del bando nacional, y no por parte de los pilotos alemanes, a pesar de que se emplearan seis bombardeos Junkers de fabricación germana. Tal y como señala otro de los expertos en la provincia de Jaén durante la Guerra Civil, Juan Cuevas, el bombardeo fatal sobre la ciudad andaluza se produjo a las 17:00 de la tarde. Una sola pasada letal por parte de seis bombarderos Junckers pilotados por españoles y no alemanes que dejó más perecid que el célebre ataque sobre Guernica acaecido un mes después y convertido en símbolo de la barbarie del bando nacional durante la guerra.
Fue una operación de castigo y terror sobre la población civil, ya que no existía un frente en ese momento en Jaén, ni objetivos militares
En el bombardeo de Jaén, a diferecia de Guernica, no existen dudas sobre la autoría de la orden, que fue firmada por el general Queipo de Llano el mismo día del ataque a Córdoba y registrada como la número 295, desde el aeródromo de Sevilla. El propio Queipo se encargaría de remarcar esta versión en una de sus radioemisiones un día después.
La secuencia de los hechos
Su cometido consistió en una operación de castigo y terror sobre la población civil, ya que no existía un frente en ese momento en Jaén, ni objetivos militares, tal y como escribe el historiador Juan Cuevas. La secuencia se produjo de la siguiente forma:
A las 12:30 de la mañana, los Tupolev y Katiuskas del ejército republicano rugieron en el cielo de Córdoba y soltaron varias bombas que impactaron en la ciudad causando daños especialmente en el Hospital General Militar. Apenas unas horas depués, Queipo de Llano ordenó a la aviación nacional que se dirigiera sobre Jaén, que carecía de objetivos militares, como pura represalia por el bombardeo anterior. Los bombardeos acaecidos en los estratégicos y brutales ataques sobre Durango y Guernica el 31 de marzo y el 26 de abril respectivamente, fueron un precedente de la barbarie en que se convertiría la lucha área contra la población civil durante la guerra.
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Casas destruidas por el bombardeo de Jaén de 1937
No importó que el múmero de victimas fuera mayor: 158, especialmente ancianos, mujeres y niños, ya que no se trataba de un objetivo militar, por otra parte, según señala Luis Miguel Sánchez Tostado a este medio, el episodio se silenció en la República fundamentalmente porque la reacción al bombardeo de Córdoba y de Jaén vino seguida por una serie de sacas a la lo largo de la semana siguiente de presos sospechosos de quintacolumnismo en los que fueron asesinados otras 128 personas. Ni siquiera existía la excusa del frente. Asesinados como reacción a la reacción, a sangre fría, siguiendo la espiral de repruebo y venganza que rigió los primeros meses de la Guerra Civil.
En total, entre el 1 de abril y la semana siguiente murieron alrededor de 285 personas, el doble que en Guernica. Y todo cayó en el olvido
En total, durante el día 1 de abril y la semana siguiente murieron alrededor de 285 personas, casi el doble que en Guernica. Y a pesar de todo, cayó en el olvido, oscurecido por la campaña norte, que en cambio, se convirtió en la piedra angular de la propaganda republicana a partir del artículo de George Steer en The Times y las obras posteriores de Herbert Southworth rebatidas en los años noventa por el historiador Jesús Salas Larrázabal.
 
CALAFELL: SE CUMPLEN 80 AÑOS
CUIDABAN EN EL SANATORIO A NIÑOS POBRES, RAQUITICOS Y ESCROFULOSO

(mensaje citado en revisión)
El día 30 de julio de 1936, a las cinco de la tarde, fueron asesinados en Calafell (Baix Peine) quince hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, la comunidad religiosa que regía el Sanatorio Marítimo de la villa, donde eran asistidos gratuitamente unos setenta niños pobres, enfermos poliomielíticos o afectados de enfermedades óseas, especialmente la tuberculosis ósea u osteomielitis. Contaba, también, con un Noviciado en el que se formaban los futuros cuidadores de los enfermos. Para Calafell, la presencia del Sanatorio tenía una gran importancia. Los hermanos realizaban una eficaz misión de servicio a los enfermos sin recursos, a base de pedir limosna para ellos recorriendo los municipios de la provincia y visitando las instituciones oficiales para recabar recursos. El Sanatorio funcionaba a base de las limosnas de la gente. Además de las intervenciones quirúrgicas que se realizaban en él, tenía como objetivo acoger a los enfermos procedentes del Asilo de San Juan de Dios, de Barcelona, para aprovechar el clima marítimo de Calafell, con la exposición de las llagas de los enfermos al sol y poder beneficiarse del aire yodado del mar. Era la medicina que se aplicaba en aquellos tiempos.

INCAUTACIÓN DE TEMPLOS Y PROPIEDADES.- Este era el ambiente del Sanatorio cuando estalló la guerra civil y se agravó la persecución religiosa a la Iglesia católica, con la incautación de templos, propiedades, centros de enseñanza y hospitales o sanatorios como el de Calafell. El 4 de abril de 1936 (la guerra civil estallaría el 18 de julio), todos los centros de los Hospitalarios de San Juan de Dios radicados en España, recibieron un comunicado del Hermano General que, desde Roma, les exhortaba a ser fieles al servicio de los enfermos y a no abandonar los centros hospitalarios que las autoridades habían incautado. “Estén a la cabecera de los enfermos hasta que las autoridades se encarguen de ellos”, advertía el comunicado.

La incautación se basaba en el texto de la ley de Confesiones y Congregaciones religiosas (mayo de 1933), dictada en ejecución de los artículos 26 y 27 de la Constitución de la Republica, por la cual las propiedades de la Iglesia pasaban a poder del Estado. Por lo tanto, el Sanatorio no podía ser regido por los Hospitalarios; había que transferirlo al Estado y sustituir al personal que estaba al cuidado de los enfermos. En junio del mismo año, el Papa Pío XI hizo pública la encíclica “Directíssima Nobis”, sobre la injusta situación creada en España a la Iglesia católica, a causa de las decisiones tomadas por los Gobiernos de la República.

NOTICIAS ALARMANTES.– Las noticias que iban llegando al Sanatorio eran cada día más alarmantes. El miedo y la angustia eran difíciles de controlar; pero se hacía a base de oraciones, misa diaria, reuniones y la atención segarro a los enfermos, hasta que las autoridades de la Generalitat se hicieran cargo de ellos. Fieles a las orientaciones de Roma, allí permanecieron, formando piña alrededor de los enfermos, hasta que se hicieron cargo de los niños “las autoridades liberadoras de la ponzoña religiosa”. Y allí se encontraron con el engaño de que “los nuevos cuidadores” les apartaron de sus niños y llevaron a quince de ellos directamente al martirio, por voluntad “democrática” de la izquierda marxista y anarquista catalana.

EL DRAMA DEL SANATORIO.- La persecución religiosa se dejó sentir pronto en Calafell. El 22 de julio era profanada e incendiada la iglesia parroquial. El día 24 llegó al Sanatorio un grupo de inspección oficial que hizo un registro de las instalaciones, advirtiendo que al día siguiente llegarían los nuevos administradores del centro. Al mismo tiempo, el jefe de la expedición anarco-marxista les dice: “Quitaros los hábitos. ¡Que nadie vista hábitos; aquí todos somos iguales!” El día 25, los hermanos pasan la noche y las primeras horas del día celebrando misa y rezando, preparándose para un posible martirio. El día 26, al despertar, los niños enfermos escucharon de los milicianos vigilantes el primer saludo matinal, con el siguiente lema: “No hay Dios”; y les obligaron a responder: “¡Viva el comunismo!”. Los días 27 y 28, los milicianos eliminaron todos los signos religiosos del Sanatorio, y repetían: “Es hora de terminar con ese Cristo”. El día 29 prometen a los hermanos dejarles libres al día siguientepara marcharse a Barcelona para ser expatriados a Francia.

La madrugada del día 30, al celebrar la misa de despedida, el hermano Braulio (hoy, beato), maestro de novicios, dijo en el momento de recibir la comunión: “Tal vez sea la última que recibimos a Jesús bajo estos velos de pan. Avivemos nuestra fe. Pronto, muy pronto, vamos a tener la dicha de verle sin velos, tal como El es; y de poseerle sin temor a perderle. ¡Ánimo y adelante hasta el martirio si es preciso! Jesús os comunicará luz, vida y fortaleza”. Fueron palabras proféticas. Los “nuevos administradores” dejaron en el centro algunos hermanos para que les enseñaran a cuidar de los niños. A mediodía salía el resto en dos grupos, hacia las estaciones vecinas de tren de Calafell y San Vicente de Calders con destino a Barcelona. Una vez salidos del Sanatorio, los nuevos “administradores” se pusieron en contacto telefónico con el Comité revolucionario de Vilanova i la Geltrú, que, inmediatamente, desplazó grupos de milicianos armados en los cruces de caminos para obligar a los religiosos a concentrarse en las estaciones de Calafell y San Vicente de Calders.

Pero en lugar de subir al tren que les dejaría en Barcelona, ya situados en las estaciones para partir, fueron obligados a subir en una camioneta para trasladarlos a El Vendrell, donde fueron expuestos a los insultos y vejaciones del populacho. Concluida la fantochada de El Vendrell, la camioneta encaró la carretera de Barcelona, y a la salida de Calafell, en el lugar denominado “Corral del Rión”, les obligaron a bajar del vehículo y fueron cancelados inmediatamente los quince Hospitalarios de San Juan de Dios: seis eran profesos y siete, novicios. El informe señala que presentaban heridas por arma de fuego en la cabeza y en diversas partes del cuerpo. Eran las cinco de la tarde del 30 de julio de 1936. Esta descripción tan precisa ha sido posible gracias a que uno de los hermanos que viajaba con ellos, de nacionalidad argentina, logró salvar la vida por ser extranjero; pudo presenciar el drama desde la cabina de la camioneta; y dejarlo escrito una vez finalizada la guerra.

HE AQUÍ LAS VICTIMAS

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Esta es la relación manuscrita original de los quince Hospitalarios asesinados en Calafell el 30 de julio de 1936, suscrita por el Ayuntamiento.

1.- BRAULIO MARÍA CORRES DÍAZ DE CERIO, sacerdote profeso, maestro de novicios y consejero provincial, nacido en Torralba del Río (Navarra), el 26 de junio de 1897. Al salir del hospital guía el grupo a la estación de Calafell. Sobre la camioneta les dice: “Descendientes míos, nos van a cancelar; haced un acto de contrición y os voy a dar la absolución”. Les invita a mirar al cielo y a perdonar a sus malos. Arrodillado y con las manos juntas, muere diciendo: “Padre, perdónalos, que no saben los que hacen”. Tenía 39 años de edad.

2.- JULIÁN CARRASQUER FOS, superior de la comunidad. Nace en Sueca (Valencia) el año 1881 e ingresa en la Orden en febrero de 1917. Ejerció el servicio hospitalario en varios centros de España. A Calafell llegó un mes antes de la revolución. Al salir del hospital guía al grupo a la estación de San Vicente de Calders. Durante el trayecto entona el “Magnificat”. Al descender del vehículo baja el primero y ayuda a todos. Muere de rodillas, acribillado. Tenía 55 años de edad.

3.- EUSEBIO FORCADES FERRATÉ, nace en Reus (Baix Camp) el año1875; ingresa en la Orden en 1899. Como hospitalario realiza su labor durante 24 años en España y 12 en México. En Calafell era el encargado de la ropería. Antes de salir hacia el martirio lo deja todo preparado, para los enfermos y los religiosos que se quedaban. Durante el trayecto reza sin cesar el rosario. En la ejecución tarda mucho en morir; los milicianos comentaban, malhumorados: “Este perro viejo no muere nunca; tiene siete vidas”. En dos meses iba a cumplir 61 años.

4.- CONSTANCIO ROCA HUGUET, nació en Sant Sadurni de Noia (Barcelona) el año 1895; ingresa en la Orden en 1910. En el verano de 1936 viaja a Calafell, con un grupo de niños pobres enfermos, procedentes del hospital de Barcelona. Fuera del hospital es separado del grupo y, mientras caminaba por la vía del tren, fue ametrallado. Mortalmente herido, murió con el rosario en las manos. Tenía 41 años de edad.

5.- BENITO JOSÉ LABRE MAÑOSO GONZÁLEZ.- Nació en Lomoviejo (Valladolid) el año 1879. Ingresó en la Orden en 1913. Como Hospitalario ejerció en varias comunidades, las últimas Sant Boi y Calafell, donde ejerció como limosnero ejemplar. Al ver la iglesia parroquial de El Vendrell profanada gritó: “Viva Jesús Sacramentado”, lo que le valió insultos y golpes del populacho. En el momento de ser cancelado con los brazos en cruz, exclamó de nuevo: “¡Viva Jesús Sacramentado!”. Tenía 57 años de edad.

6.- VICENTE DE PAÚL CANELLES VIVES.- Nació en Onda (Castellón) el año 1894. Terminado el servicio militar comunicó a sus padres que quería dedicarse a la vida religiosa. Ingresa en los carmelitas, y el año 1926, en San Juan de Dios. Ejerció su servicio hospitalario en varias comunidades. En Calafell se incorpora al servicio de noche del hospital. Juntamente con los demás culmina el mismo destino martirial. Tenía 42 años de edad.

7.- TOMÁS URDANOZ ALDAZ.- Nació en Echarri (Navarra) el año 1903; ingresó en la Orden en 1935. Cumplió el postulantado en Sant Boi, y siguió su formación como novicio en Calafell. Al ser cancelado dio un paso adelante con los brazos en cruz, gritando “Viva Cristo Rey”, que corearon sus compañeros de martirio. Tenía 33 años de edad.

8.- RAFAEL FLAMARIQUE SALINAS.- Nació en Mendivil (Navarra) el año 1903. Renuncia al matrimonio e ingresa en la Orden en 1935. Hace el postulantado en Sant Boi; y en 1936 se encuentra en Calafell, formándose en el noviciado. Convencido de su sacrificio, muere gritando “¡Viva Cristo Rey!” Tenía 33 años de edad.

9.- ANTONIO LLAURADÓ PARISI.- Nació en Reus (Baix Camp) el año 1910. Antes de decidir su futuro visita el Sanatorio de Calafell varias veces y efectúa una peregrinación a la Virgen de Montserrat, dedicada por la vocación hospitalaria. Ingresa en Sant Boi; al estallar la persecución religiosa se hallaba en Calafell, formándose como novicio. Sobrelleva con entereza de ánimo la presencia de los milicianos en el Sanatorio. Muere arrodillado y con las manos juntas. Tenía 26 años de edad.

10.- MANUEL LÓPEZ ORBARA.- Nació en Puente la Reina (Navarra), el año 1913. Ingresó en la Orden en noviembre de 1935. Hace el postulantado en Sant Boi; sólo llevaba cuatro meses en el noviciado de Calafell. Sobrelleva con calma la intolerancia de los milicianos. Acompaña al grupo que se dirige a la estación de Calafell. Muere mártir a los 23 años de edad.

11.- IGNACIO TEJERO MOLINA.- Nació en Monzalbarba (Zaragoza) el año 1961. Ingresó en la Orden en 1935. Hace el postulantado en Sant Boi; sólo llevaba cuatro meses en el noviciado de Calafell. Sabe aceptar su sacrificio y muere un día antes de cumplir los 20 años de edad.

12.- ENRIQUE BELTRÁN LLORCA.- Nace en Vila-real (Castellón) el año 1899; ingresa en la Orden en 1935. Después del postulantado de Sant Boi, pasa al noviciado de Calafell, junto con su amigo Domingo Pitarch. Sale del Sanatorio en el primer grupo que se dirige a la estación de San Vicente. Muere mártir a la edad de 36 años.

13.- DOMINGO PITARCH GURREA.- Nace en Vila-real (Castellón) el año 1909; ingresa en la Orden el año 1935, en el postulantado de Sant Boi, junto con su amigo Enrique Beltrán. Ingresa en el noviciado de Calafell y acepta la persecución. Al caer herido bajo las balas, empapa en su propia sangra el crucifijo y el rosario de llevaba y se lo da a un miliciano rogándole que lo entregue a su progenitora. Tenía 27 años de edad.

14.- ANTONIO SANCHÍZ SILVESTRE.- Nació en Villamarchante (Valencia) el año 1910; ingresa en la Orden convencido de su vocación, pese al clima antirreligioso dominante. Inicia el noviciado en Calafell en junio de 1936. Se mantiene firme ante la presencia de los milicianos en el Sanatorio. Sale en el primer grupo que se dirige a la estación de San Vicente. Muere gritando “¡Viva Cristo Rey!” a la edad de 25 años.

15.- MANUEL JIMÉNEZ SALADO.- Nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) el año 1907; ingresó en la Orden el año 1930, en Cienpuzuelos, de donde salió para reincorporarse a la vida familiar, pero reingresa en 1935. Tras una breve estancia en Sant Boi y Barcelona, se incorpora a Calafell. Los milicianos le proponen para que se quede en el Sanatorio, pero él no acepta. Sale con el segundo grupo, en dirección a la estación de Calafell. Muere mártir a la edad de 28 años.

INHUMADOS EN SANT BOI Y BEATIFICADOS.- Enterrados en dos fosas comunes, en el cementerio de Calafell, pasada la contienda revolucionaria sus restos fueron trasladados al Sanatorio restituido a la Orden, por el régimen del general Franco, y enterrados en una cripta, de donde fueron trasladados a la iglesia del Sanatorio de Sant Joan de Deu, de Sant Boi de Llobregat, el 25 de noviembre de 1972, dedicándoles un altar, renovado recientemente. El año 1948, la diócesis de Barcelona abrió el proceso de su santidad. (Calafell pertenecía entonces a la diócesis barcelonesa). La Iglesia católica los proclamo beatos el 25 de octubre de 1992, hará 25 años, en Roma. El Papa Juan Pablo II, (hoy, Santo) firmo el decreto el 14 de mayo de 1991, en el que se incluyen 69 compañeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, inmolados en el resto de España en la misma época.
 
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ASESINADOS EL PÁRROCO, EL ALCALDE Y UN EMPRESARIO.

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Hoja original, donde aparecen las personas residentes en la población que resultaron perecid violentamente, además de los quince hospitalarios.

Con posterioridad a estos lamentables hechos, el día 13 de septiembre de 1936 aparecía asesinado en el cementerio de El Vendrell, mosén JAIME SOLER PUIGVERT, de 60 años de edad, sacerdote, quien tenía a su cargo el oratorio de San Santonio, su cadáver presentaba heridas por arma de fuego en la cabeza y diversas partes del cuerpo. Constan las personas sospechosas de haber participado en el crimen. Obedecen a los apodos “Pitxet”, “Canela”, “El Maleta” y “El Maño”, todos en paradero desconocido. En enero de 1943, los restos de mosén Soler fueron trasladados desde el cementerio de El Vendrell a la capilla de San Pere, donde reposan.

El día 27 del mismo mes y año fue hallado el cadáver de JOSÉ GÜELL PALAU, de 40 años de edad, empresario del restaurante Salomé, alcalde y de derechas, en el lugar denominado “Apeadero de Cubellas”. Su cadáver presentaba heridas por arma de fuego. Aparecen los presuntos autores del crimen, Martín Nomdedeu y Salvador Isern, ambos cancelados. El 20 de enero de 1939 fue hallado el cadáver de BLAS SOLÉ GÜELL, de 37 años de edad, maestro albañil, de derechas, en Juncosa, término de Aiguaviva, con heridas por arma de fuego en la cabeza y el cuerpo. Se ignora quienes fueron sus malos.

DESTRUCCIÓN DE IGLESIAS Y OBJETOS DE CULTO

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En este documento aparece la relación de templos devastados y objetos de culto requisados, profanaciones y otros hechos delictivos.

IGLESIA PARROQUIAL DE LA SANTA CREU.- El templo antiguo es una construcción del románico lombardo, de una sola nave, realizada en piedra sillar, que fue ampliada con otra nave lateral en el siglo XIV. Se mantuvo como iglesia parroquial, hasta 1806, año en que fue bendecido e inaugurado un nuevo templo de estilo neoclásico, cuya construcción se había decidido a finales del siglo XVIII, aprovechando un momento de prosperidad económica. El 15 de julio de 1806 se bendijo con toda solemnidad, habiendo bajado desde la iglesia del castillo al nuevo templo, el “Sant Crist Gros” y la “Mare de Déu de la Cova”, junto con otros santos, y un retablo barroco de San Isidro. La fiesta de inauguración se hizo coincidir con la fiesta mayor del pueblo. Hasta el año 1957 fue parroquia del obispado de Barcelona; después pasó a formar parte del arzobispado de Tarragona, de acuerdo con el Concordato firmado entre la Santa Sede y España en el año 1953.

INFORME DEL PÁRROCO.- Inmediatamente después de la guerra, el obispado del Barcelona envió dos circulares a todas las parroquias, solicitando información sobre aquellos años. La primera abordaba los hechos ocurridos durante la guerra y la persecución, y la segunda se refería al estado en que quedó el patrimonio de la Iglesia en la localidad. El sacerdote que regía la parroquia, Mn. Ramón Brugarolas y Serradora (ejerció como ecónomo de 1933 a 1941), manifestó en su escrito que la iglesia no fue incendiada ni bombardeada; pero fueron destruidos los once (11) altares, los confesionarios, la pila bautismal, el púlpito y treinta (30) imágenes sagradas. Resultó deteriorado el pavimento del templo. Los desperfectos no afectaron a la fábrica, por lo que las paredes no resultaron dañadas y el tejado quedó intacto. Calculó los daños causados en unas 10.000 pesetas de la época. Los feligreses contribuyeron para atender las primeras necesidades del restablecimiento del culto, así como el Ayuntamiento.

El templo estuvo cerrado al culto desde el 22 de julio de 1936 hasta el 5 de febrero de 1939. Durante el periodo republicano no se celebraron cultos ni se administraron los Sacramentos. Los matrimonios se celebraban civilmente, a la espera de legalizar la situación. Una vez acabada la guerra bautizaron a los nacidos durante la contienda. Para restablecer decorosamente el culto fueron necesarias unas 2.000 pesetas. El armonio no sufrió desperfectos. Campanas: sólo respetaron la grande. Todos los ornamentos sagrados fueron quemados y parte de los objetos de culto, destruidos; el resto desapareció sin saber quien se lo apropió; dos cálices y un copón grande que eran de plata, nada más se supo de ellos. En la exposición realizada en el seminario de Barcelona después de la guerra sobre objetos religiosos perdidos, no fue hallado ninguno de Calafell. No obstante, un cáliz de estilo barroco de 1783, que había sido sustraído, así como una custodia de estilo plateresco, fueron localizados en Tarragona en el año 1940, y devueltos a la parroquia. Durante la incautación, el templo fue destinado a almacén y a cuartel. Después de la guerra, el Ayuntamiento y las entidades locales colaboraron en la restauración del mismo.

PROFANACIONES.- Fue profanada la imagen del Santo Cristo con golpes de martillo en la cabeza, con la colaboración de un vecino del pueblo. De las imágenes destrozadas, la del Carmentenía valor artístico; la de San Isidro tenía valor arqueológico y la de Mare de Déu de la Cova gozaba de gran devoción popular y tenía una cofradía. Todas eran importantes porque eran imágenes sagradas y estaban destinadas al culto de los fieles. Los retablos y las imágenes de talla fueron incendiados. Los vasos sagrados como cálices, copones, cruz procesional, custodia, vera cruz y otros elementos de culto fueron entregados en las Oficinas de los Museos de Tarragona; tenía el recibo de la entrega el Ayuntamiento. Los objetos más valiosos eran dos cálices y un copón “que han desaparecido”. “Las pérdidas generales en la parroquia se calcularon 95.000 pesetas de la época”, según testimonia el sacerdote. Fueron salvados los fondos de las asociaciones, cofradías y fundaciones pías de la parroquia, que ascendían a 200 y 500 pesetas, respectivamente.

EL “VICI DE LA BLASFÈMIA”.- Manifiesta el párroco que antes de la guerra no se produjo ninguna situación de violencia en la parroquia; pero durante el conflicto circularon listas zainas de personas que había que eliminar, que eran buscadas y registrados sus domicilios y los de sus allegados. Los altercados fueron provocados, fundamentalmente, por forasteros; los vecinos adoptaron una actitud pasiva. El resultado de las elecciones del 16 de febrero de 1936 fue favorable a Ezquerra Republicana. En el pueblo había dos locales sociales, el de las derechas y el de los republicanos. Nadie molestó al párroco, que huyó con el pasaporte en regla, ni al beneficiado. Después de la guerra, en general, el pueblo vio con buenos ojos el cambio de Régimen. El sacerdote nota que la gente va más a misa y ha descendido el “vici de la blasfèmia”. Todos los que se habían unido en matrimonio civil legalizaron su situación, contrayendo matrimonio canónico, bautizando a los descendientes y celebrando sufragios por los fallecidos durante la guerra. En 1941 la parroquia tuvo que pagar una multa de 232,50 pesetas, por haber representado una comedia en catalán.

LIMOSNAS DE AMOR PARA EL SANATORIO.- El sanatorio de San Juan de Dios fue inaugurado por el Rey Alfonso XIII en 1929. Su construcción corrió a cargo de la Orden para acoger a niños con enfermedades respiratorias y óseas. La playa de Calafell, con la que limitaba, es de las más yodadas de la zona y resultaba altamente beneficiosa para los niños. Para su construcción, la Orden vendió una casa en Barcelona y se organizó una colecta popular a través de la radio, por medio de una campaña titulada “Limosna de amor”, que permitió comprar los terrenos y levantar el moderno edificio. El sanatorio se hizo sobre pilares para permitir una total ventilación y que las mareas pasasen bajo el edificio.

Los vecinos de Calafell siempre se identificaron con el Sanatorio sus objetivos solidarios: los hermanos y los niños pobres enfermos. Los pescadores les llevaban cada día cajas de sardinas; muchos vecinos fueron atendidos en él. También se recuerdan las festividades de Navidad y Reyes. Durante muchos años, los programas altruistas del ilustre periodista tarraconense, José Maria Tarrasa, y su inmortal Maginet, a través de Radio Tarragona, ayudaron de forma altruista a los niños del Sanatorio de Calafell, por medio de concursos benéficos que alcanzaron una gran popularidad.

Francesc Basco Gracià. Periodista. Del libro inédito “LA REPRESIÓN DEL FRENTE POPULAR EN TARRAGONA”.
 
Vosotros no conocéis la matanza de Badajoz que hicieron los franquistas, ¿verdad? Alrededor de 4.000 personas fueron ejecutadas. Por cierto, no hay hecho más infame que traer a extranjeros a abusa y liquidar españoles (la mayoría civiles) como hacía la Guardia […] de Franco pueblo por pueblo.

Las 4000 personas ejecutadas en Badajoz es mentira. Su origen nace en el artículo del propagandista Jay Allen «Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of pavor» publicado en el Chicago Tribune el 30 de agosto de 1.936. Hay que decir que Allen estaba en Elvas por lo que no pudo ver ni comprobar los datos. Los perecid en Badajoz, incluyendo milicianos caídos en acción de guerra no pasó de 500 personas, mucho menor a las víctimas de las matanzas del bando republicano en la provincia hasta el final de la guerra.

En los años 30 no existía ninguna «Guardia […]». La inmensa mayoría de los estragos atribuídos a los Regulares son parte de la propaganda republicana. Se les atribuyen abusa y asesinatos hasta en zonas en las que nunca estuvieron.

De cualquier forma las tropas regulares eran parte del Ejército Español antes de la guerra. No así las tropas mercenarias de la Komintern llamadas «Brigadas Internacionales», mucho mas sanguinarias que lo que el bando republicano llama los «segarro». Sólo en el campo de entrenamiento de Albacete, el jefe de las Brigadas André Marty, llamado el «carnicero de Albacete» mandó acabar a cientos de sus brigadistas.


Las patrañas de Badajoz orquestadas por la extrema izquierda están desmontadas en su totalidad, afortunadamente para la verdad y la memoria.
 
Como es posible que un partido que ha protagonizado golpes de estado, ha armado grupos paramilitares, ha perpetrado asesinatos de rivales parlamentarios, ha saqueado el tesoro público, ha protagonizado los más y mayores casos de corrupción de la historia de España, ha puesto la política nacional en manos de separatistas y ha recurrido incluso al violencia extremista de Estado sea todavía legal.

Es un misterio.
 
LA MATANZA DE SACERDOTES DURANTE LA GUERRA DEL 36

- septiembre 01, 2008
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"Se cree que murieron 6.844 religiosos: 12 obispos, 283 monjas, 4.184 sacerdotes y 2.365 monjes (1).

Muchos de estos crímenes estuvieron acompañados de una frívola y sádica crueldad. Por ejemplo, al parecer, el párroco de Torrijos, Liberio González Nonvela, dijo a los milicianos que lo hicieron prisionero: «Quiero sufrir por Cristo.» «¡Ah!, ¿si? - le contestaron -, pues entonces morirás como Cristo.» Lo desabrigadaron y lo azotaron despiadadamente. Luego cargaron un tronco sobre las espaldas de su víctima, le dieron a beber vinagre y lo coronaron de espinas. «Blasfema y te perdonaremos», decía el jefe de los milicianos. «Yo soy quien os perdona y os bendice», contesto el sacerdote. Los milicianos discutieron como lo cancelar. Algunos querían crucificarlo, pero al final lo cancelar a tiros. Su última voluntad fue morir de cara a sus torturadores, para poder bendecirlos.

El obispo de Jaén fue asesinado con su hermana por una miliciana apodada «la Pecosa» ante una multitud alborozada de dos mil personas, cerca de Madrid, en un terreno pantanoso conocido con el nombre de «el pozo del tío Raimundo». Los obispos de Guadix y Almería fueron obligados a fregar la cubierta del buque prisión Astoy Mendi antes de ser asesinados cerca de Málaga. El obispo de Ciudad Real fue asesinado mientras trabajaba en una historia de Toledo. Después de fusilarlo, destruyeron su fichero de 1.200 fichas. Una monja fue asesinada porque rechazo la proposición matrimonial que le hizo uno de los milicianos que irrumpieron en su convento de Nuestra Señora del Amparo, en Madrid. El «Comité de la sangre» de El Pardo, en las afueras de Madrid, se fue emborrachando con vino de misa mientras sus miembros juzgaban al párroco. Uno de los milicianos se afeito utilizando el cáliz para mojar la brocha. Hubo casos aislados de monjas forzad antes de ser ejecutadas. En la calle María de Molina de Madrid, fue abandonado el cadáver de un jesuita con un letrero colgado del cuello en el que se leía: «Soy un jesuita». En Cervera (Lérida), a unos monjes les metieron cuentas de rosario en las orejas hasta que les perforaron los tímpanos. En Barcelona, la exposición de los cuerpos exhumados de diecinueve monjas salesianas atrajo a grandes muchedumbres. A Antonio Díaz del Sarracena, en Ciempozuelos (cerca de Madrid), lo encerraron en un corral lleno de toros de lidia, que lo cornearon hasta dejarlo inconsciente. Después le cortaron una oreja, a imitación de la fruta de la oreja del toro que se hace en honor del torero, después de una buena faena. A menudo se pasearon orejas de sacerdotes. Algunas personas fueron quemadas, y otras enterradas vivas, después de verse obligadas a cavar su propia tumba. En Alcázar de San Juan, a un joven que se distinguía por su piedad le arrancaron los ojos. En esta provincia de Ciudad Real, los crímenes fueron realmente atroces. A la progenitora de dos jesuitas la obligaron a tragarse un crucifijo. Ochocientas personas fueron arrojadas al pozo de una mina. A menudo, el momento de la gloria era acogido con aplausos, como si se tratara del momento de la verdad en una corrida. Luego venían los gritos de «¡Libertad! ¡Muera el fascismo!». Mas de un sacerdote se volvió orate ante estas atrocidades. Un párroco de Barcelona se paseo varios días enloquecido antes de que le pidieran su carnet sindical. «¿Que necesidad tengo de carnet? Soy el párroco de San Justo», contesto sin pensar . La matanza de los miembros de la Iglesia de Cataluña y Aragón dejó atónitos a muchos de los habitantes de estas dos regiones. Casi nadie sospechaba que el anticlericalismo fuera tan grande. Al fin y al cabo, desde 1931 allí no se había quemado ninguna iglesia.

En todo el país, la gente ya no decía «adiós», sino siempre «salud». Incluso un hombre llamado Fernández de Dios escribió al ministro de Justicia preguntando si podía cambiar su apellido por el de Bakunin, porque «no quería tener nada que ver con Dios» ". «¿Sigues creyendo en este Dios que nunca habla y que no se defiende ni siquiera cuando son quemados sus imágenes y sus templos?. Reconoce que Dios no existe y que vosotros, los curas, sois todos unos hipócritas que engañáis al pueblo». Estas preguntas se formularon en innumerables ciudades y pueblos de la España republicana. En ningún momento de la historia de Europa, y quizás incluso del mundo, se ha manifestado un repruebo tan apasionado contra la religión y todas sus obras.

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Desde luego, el número de perecid entre los seglares fue muy superior al de los eclesiásticos. Cualquiera de quien se sospechara que sentía simpatía hacia el alzamiento nacionalista estaba en peligro. Al igual que entre los nacionalistas, las circunstancias irracionales de una guerra civil hacían imposible discernir que era traición y qué no lo era. Morían personas ilustres, y a menudo sobrevivían personas indignas. En la Andalucía oriental, los camiones de la CNT llegaban a los pueblos y ordenaban a los alcaldes que entregaran a los facinerosos de la localidad. A menudo los alcaldes tenían que decir que todos habían huido, pero muchas veces había alguien que informaba a los terroristas, diciéndoles cuales de los ricos del pueblo que seguían allí; entonces estos eran detenidos y cancelados en un barranco próximo. En la mayoría de los casos, los perecid fueron labradores denunciados por personas que les debían dinero. Haber apoyado a la CEDA o ser miembro de la antigua policía catalana de la época de Martínez Anido, el Someten, bastaba para ser cancelado en Sitges (Barcelona). Haber sido miembro de la Falange era fatal en casi todas partes, aunque muchos escaparon gracias a la negligencia o el arrepentimiento de quienes los habían detenido. .../... En las zonas rurales, a menudo la revolución consistió básicamente en el asesinato de los miembros de la clase alta o la burguesía. Y así, la descripción que hace Ernest Hemingway en su novela "Por quien doblan las campanas" de como los habitantes de un pueblo golpean primero a los hombres de la clase media y luego los arrojan por un precipicio se aproxima a la realidad de lo que ocurrió en la famosa ciudad andaluza de Ronda (aunque de lo ocurrido fuera responsable una banda de Málaga). Allí fueron asesinadas 512 personas el primer mes de la guerra. En Guadix, un grupo de jóvenes terroristas de ideas más o menos anarquistas se apoderó de la ciudad y mato bastante indiscriminadamente durante cinco meses.

En las grandes ciudades, donde los enemigos potenciales eran más numerosos, se utilizaron procedimientos más sofisticados. Los partidos políticos de izquierdas crearon unos cuerpos de investigación que se enorgullecían de llamarse a si mismos, siguiendo el modelo ruso, con el nombre de «checas». Solamente en Madrid, había varias docenas. Estos primeros días de la guerra civil en las ciudades republicanas se caracterizaron por la aparición de un verdadero laberinto de grupos diferentes, todos ellos con poder para decidir sobre la vida y la gloria, y cada uno responsable ante un partido, un departamento del Estado, o un simple individuo. Las diferentes checas a veces se consultaban unas a otras antes de llevar a sus víctimas a «dar un paseo». (El lenguaje procedía de Hollywood; un reflejo de la gran cantidad de cines construidos en tiempos de Primo de Rivera). Pero no siempre se respetaba esta formalidad. Los interrogatorios de los sospechosos a menudo se desarrollaban entre insultos y amenazas. A veces, el jefe de la checa enseñaba al acusado un carnet a cierta distancia, para hacerle creer que se trataba de su carnet de afiliado a un partido hostil al Frente Popular.

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Milicianos disfrazados con vestiduras religiosas tras el saqueo de una iglesia.

Las sentencias de gloria de estos «tribunales» se indicaban en los documentos correspondientes con la letra «L» de libertad seguida de un punto. Esto significaba que el prisionero debía ser ejecutado inmediatamente. De esta tarea se encargaban brigadas especiales, con frecuencia compuestas por antiguos delincuentes.

Quizá la checa mas temida de Madrid era la conocida con el nombre de «la patrulla del amanecer», por la hora en que llevaba a cabo sus actividades. Pero no había mucha diferencia entre esta banda y la «brigada de investigación incivil», dirigida por un antiguo impresor y ex-dirigente juvenil comunista, Agapito García Atadell, quien, al parecer con el beneplácito de las autoridades, instaló su «checa antifascista» en un palacio de la Castellana. Ambos grupos utilizaron los archivos del ministerio de la Gobernación para facilitar su tarea persecutoria con los miembros de los partidos de derechas. (La Falange había destruido su lista de miembros; pero los carlistas y la UME no.)"

Hugh Thomas, "La guerra civil española"
 
Los preliminares de la persecución religiosa en Madrid
Alberto Royo Mejía, el 28.01.13 a las 12:43 AM
18-20 JULIO 1936: COMIENZAN LOS ASESINATOS RELIGIOSOS EN LA CAPITAL
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Un informador inmediato, y ajeno al conflicto, dada su condición de diplomático, el embajador latinoamericano Aurelio Núñez Morgado, nos proporciona las siguientes cifras globales acerca de los primeros días de la guerra civil española en Madrid: “Apenas producido el alzamiento militar en África el 18 de julio, estalló en Madrid la Revolución social que venía preparándose desde meses antes (…) El asesinato de millares de personas llevado a cabo por las milicias marxistas había sido atroz. Se mantuvo durante seis meses un ritmo de asesinatos de trescientos cincuenta a cuatrocientos por día, con recrudecimiento en relación con las derrotas de los ejércitos rojos. Después de este periodo disminuyó hasta quedar reducido a diez o quince por día al cabo del primer año. Más tarde casi desapareció el asesinato callejero para quedar reducido a los que dictaban los tribunales populares, que también guardaban relación con los triunfos de Franco.“
Explica José francisco Guijarro, experto en el tema, en su libro “Persecución religiosa y guerra civil", que esta situación de represión anárquica se puede decir, sin temor a equivocarnos, y con las indiscutibles excepciones, que en la capital duró desde las primeras noticias que se recibieron sobre el alzamiento de los militares en Jovenlandia, hasta las eficaces medidas adoptadas por la Junta Delegada de Defensa de Madrid, a partir del día 7 de noviembre de 1936. En esta situación de violencia se fue imponiendo pogre el sistema de las checas, instaurado o por lo menos autorizado por el mismo gobierno del Frente Popular. A partir de las primeras funciones de la Junta Delegada de Defensa, se instauró la eliminación de detenidos mediante el procedimiento de las “sacas” de los establecimientos penitenciarios de Madrid. Cada uno de estos sistemas sucesivos de violencia tolerada, cuando no institucionalizada, causó un número considerable de bajas, tanto por motivos religiosos -que es lo que a nosotros nos interesa- como por otros motivos diferentes, principalmente políticos, que tampoco podemos perder de vista; pero se trata de fenómenos diferentes, que no pueden ser confundidos entre sí.
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Seguimos a José Francisco Guijarro, que nos explica que el primer acto violento con víctima mortal por motivos religiosos del que tenemos referencia es particularmente execrable, dentro de lo que siempre es cualquier ataque extremista violento contra la vida humana de un inocente. Tuvo lugar por la mañana del mismo sábado 18 de julio de 1936, y fue el asesinato a sangre fría de un niño, descendiente del sacristán de la parroquia de San Ramón, en el interior de la parroquia de San Ramón Nonato, en el Puente de Vallecas.
Al mismo tiempo, en la mañana del mismo sábado 18 de julio, en el Seminario Conciliar de Madrid se celebra un retiro espiritual para los seminaristas que estaban ya de vacaciones en sus casas, previsto para que asistieran los que vivían en Madrid o en los pueblos más cercanos, en el que les dirige la palabra el párroco de Carabanchel Bajo, don Hermógenes Vicente, que pocos días después será asesinado: murió, efectivamente, en Carabanchel Bajo, el 18 de septiembre.

Cuenta el sacerdote don Hermengildo López Gonzalo, testigo directo de los hechos que “ese mismo día, 18 de julio, en el seminario, sobre el mediodía, recuerdo que estando comiendo en el seminario de Madrid el Sr. Rector, el prefecto de teólogos y yo, bajó el portero del seminario a decirnos que estaban las turbas para apoderarse del Seminario e incluso que ya habían roto la mampara de cristales que impedía el libre acceso si él no abría. Enseguida nos fuimos a la capilla a consumir las Sagradas Especies y los tres vestidos de paisanos tuvimos que salir por la puerta posterior que había en la huerta del Seminario y que era para el servicio del hortelano. Nos separamos y cada uno se fue a su casa (…) Al día siguiente yo llamé al seminario preguntando si podía ir a celebrar la Santa Misa y ya me contestó un miliciano diciendo que me iba a escabechar”
Otro acto de violencia contra la religión, con víctimas mortales, del que se han encontrado referencias, aunque no se haya podido llegar a identificar aún a las víctimas, tuvo lugar en la mariana del domingo 19 de julio, antes de que hubiera comenzado el primer acto propiamente de guerra en Madrid, que fue el asedio al Cuartel de la Montana. En el barrio de Torrijos, ante la iglesia de los Dominicos, pandillas de jovenzuelos, unos armados con pistolas y otros con mosquetones, la emprendieron a tiros contra los fieles, cuando estos salían del templo. En él se encontraba la familia del político Serrano Suñer, que asistían a las misas gregorianas en sufragio del alma de su padre, fallecido pocos días antes. Los fieles salieron de la iglesia como pudieron: unos por las puertas laterales y otros descolgándose por las ventanas. Varios fieles resultaron perecid y otros heridos.
No obstante, durante la mañana de aquel domingo aún se observaba, al menos en el centro de Madrid, una cierta normalidad religiosa. El domingo 19 se celebró en las Calatravas la última Misa, era la de una de una tarde, que siempre tuvo un concurso de devotos elegantes. Pero en este día se celebró en medio de un ambiente dramático. Eran ya pocas las gentes que se atrevían a salir de casa, y los fieles que asistieron lo hacen con el ánimo sobrecogido y conturbado ante la inminencia de la tragedia. Porque ya por la calle de Alcalá patrullas de obreros armados detenían a los transeúntes e imponían la autoridad de la Casa del Pueblo.
Todavía se celebran las misas y la Adoración diurna del Santísimo, como de costumbre, en la iglesia de la Consolación de la calle de Valverde. Sin embargo, en la noche del 19 al 20 se suspendió en Valverde la tradicional vela al Santísimo que celebraban los adoradores todas las noches sin interrupción desde hace 50 años. Las circunstancias son graves, y podían tomarla los revolucionarios como una reunión clandestina con la agravante de nocturnidad. Al día siguiente se suspendió también la Adoración diurna, después de 40 años de actuación. Durante la noche del 19 al 20 de julio, en Madrid, fueron incendiadas cincuenta Iglesias.
Queda confirmado que en el lunes 20 de julio, día en el que sobre las once de la mañana se culminó la operación militar de la conquista del Cuartel de la Montana, fueron asesinados en Madrid diecisiete, entre sacerdotes, religiosos y religiosas, a los que hemos de sumar, al menos, los dos hermanos paúles de Hortaleza, que dados por perdidos ya el día anterior, fueron vistos con vida en ese día, mas no después, y el párroco de Meco, Cecilio Hernández Caballero, cancelado según algunas versiones al amanecer del mismo dia 20.
Ese día 20 de julio por la mañana una banda de milicianos estaba tiroteando el edificio de la Congregación de San Pedro, en la calle de San Bernardo, con el pretexto de que desde el se estaba disparando “contra el pueblo soberano”. Cuando se cansaron de tirar sin que nadie les contestara, entraron en el edificio y su primera intención fue guitar los testigos de vista, y para ello apresaron a las 13 Religiosas Mercedarias que atendían a la casa y en un camión, entre insultos, burlas y denuestos las llevaron a la Dirección General de Seguridad. En las camas del Hospital se hallaban catorce sacerdotes enfermos y en la Residencia dieciocho. Fueron sacados y llevados al Hospital de La Princesa (hoy desaparecido), sito en la glorieta de San Bernardo. Las Religiosas pudieron salvar sus vidas, pero los sacerdotes fueron sacados poco a poco del Hospital de la Princesa y asesinados, sin que se haya podido saber dónde fueron a parar sus restos.
El mismo dia 20 de julio, cuenta el Agustino A. del Fueyo, “el P. Miguel de la Pinta Llorente telefonea a nuestro portero en lenguaje convencional y pintoresco, toda la tragedia del Convento e Iglesia del Beato Orozco, de la calle de Goya, 87. El P. Mariano Cil ha sido asesinado en la puerta de la calle; la Iglesia y el convento arden por los cuatro costados. El Cristo es mutilado y arrastrado por las calles con una soga al cuello. Las monjas, refugiadas en la casa de enfrente, contemplan horripiladas toda la tragedia.”
De entre las víctimas del 20 de julio, han sido ya beatificadas como mártires dos religiosas del Instituto de Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, la progenitora Rita-Dolores Pujalte Sanchez, y la hermana Francisca Aldea Araujo. Pertenecían a la comunidad del Colegio de Santa Susana, en la calle Pedro Heredia, en Ventas, que fue asaltado por unos milicianos sobre el mediodía del día 20 de julio, tras unas horas de tiroteo contra el edificio, y a pesar de que les advirtieron de que habla ni¬ñas en su interior. Consumado el asalto, la superiora del colegio, progenitora Amalia Bravo, rogó a los milicianos que dejaran salir a las hoy Beatas y que no les hicieran daño, pues eran muy ancianas. En efecto, la progenitora Rita tenía 83 años, estaba enferma de diabetes y casi ciega. Uno de los milicianos se ofreció a acompañarlas. Acompañadas por el miliciano, sor Victorina Uriarte, sor Lorenza Alonso y tres niñas huérfanas, se dirigieron a una casa de la calle Alcalá, no muy lejos del colegio.
En casa de esta señora comieron, pasando a descansar a continuación al domicilio de la vecina de la misma planta, y, a cabo de una hora y media o dos horas, los perseguidores arrestaron a las os ancianas religiosas hoy Beatas de una manera. A la progenitora Rita Pujalte que estaba ciega la bajaban dos milicianos tirando de ella y una miliciana detrás empujándola; iba ya como perecid. Los milicianos y milicianas que las apresaron tenían pensado cancelar en la plaza de toros. Dieron una vuelta en torno a la misma y acaso por la mucha gente que circulaba por este lugar, tomaron la carretera de Aragón hacia el inmediato pueblo de Canillejas. En la carretera de Aragón, cerca ya de Canillejas, los del control requisaron el coche a los milicianos, que hicieron bajar a las Siervas de Dios, les mandaron caminar hacia adelante y les dispararon diversas ráfagas de fusil. Y a juzgar por la relación que hicieron los médicos después en la autopsia, los que dispararon fueron varios, pues las dos religiosas tenían diversos disparos en la cabeza, en el pecho y en las piernas.
También en el lunes 20 de julio se sitúa la gloria del sacerdote don Andrés Molinera, capellán de la parroquia de San Antonio de la Florida, después de saquear el templo, convirtiéndolo en lo que más adelante sería una checa, en la que se celebraron simulacros de juicios, y entre ellos el del mismo don Andrés, que seguidamente fue cancelado en la Casa de Campo. Y, entre otros, ese mismo día fueron asesinados dos religiosos, el Carmelita P. Paulino del Santísimo Sacramento, profesor en Roma y que se encontraba accidentalmente en Madrid, y el Paúl, P. Roque Catalán, de la comunidad de la Basílica de la Milagrosa. También en ese día tuvo lugar el asalto a la parroquia de El Salvador y San Nicolás, y la subsiguiente matanza de su clero. Eran los comienzos de una cruel persecución religiosa que duraría, con mayor o menor intensidad, varios meses.
 
Los 215 asesinatos del Frente Popular en Rivas Vaciamadrid
Juan E. Pflüger
/ 11 noviembre, 2016

La izquierda ha pasado por varias etapas en su interpretación del terror rojo durante la Guerra Civil española.Primero, durante la contienda, los medios de la zona controlada por el Gobierno republicano del Frente Popular presumían de la eliminación de los “fasciosos”; después, en la posguerra y durante el franquismo, se negaba la represión organizada y se minimizaba su número; tras la transición, directamente se obviaba la existencia de estos asesinatos. Finalmente, desde que se promulgó la zapaterista Ley de Memoria Histórica, se magnifican los crímenes del otro bando mientras que se achaca la responsabilidad de las gloria en la retaguardia propia alegando al descontrol de grupos no controlados por el Gobierno.
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Uno de los principales argumentos que esgrimen al decir que fue obra de grupos incontrolados a los que el Gobierno “legítimo” quería poner coto es que las sacas comenzaron a partir de la huída del Gobierno de Madrid a Valencia el día 6 de noviembre de 1936, ante el miedo a caer en manos de los nacionales que estaban a punto de entrar en la capital de España. Según esta versión, en los días siguientes a la salida de los ministros de Madrid, se produjo un vacío de poder que los radicales aprovecharon hasta que la Junta de Defensa pudo hacerse cargo de la administración y paró esas sacas.
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Pero esto es falso. Días antes de la salida del Gobierno hacia Valencia, las sacas ya se estaban produciendo. Primero en Aravaca y Pozuelo y después, el día 5 de noviembre en la localidad de Rivas Vaciamadrid.
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Hay 215 asesinatos de presos de las cárceles de Madrid que se cometieron en las inmediaciones del cementerio de Rivas el día 5 de noviembre, un día antes de la huída del Ejecutivo del Frente Popular. Las víctimas fueron 190 militares y 25 civiles sacados a última hora de la tarde de aquel día de las cárceles de Porlier y San Antón y trasladados a ese pueblo del este de Madrid, donde fueron cancelados, sin mediar juicio alguno, y enterrados en unas fosas comunes que se habían excavado el día 4 por encargo del mismísimo ministro de Gobernación, el radicalsocialista Ángel Galarza.

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Es una información que se conoce gracias al testimonio prestado por dos miembros de su cuerpo de seguridad en el viaje entre Madrid y Valencia, realizado a última hora del día 6 de noviembre. En el trayecto paró en Tarancón, desde donde realizón dos llamadas de teléfono. La primera fue a alguno de los nuevos responsables del orden en Madrid, al que le comunicó que autorizaba las evacuaciones de presos y añadía “pero evacuaciones definitivas”.
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La segunda de las llamadas fue realizada al alcalde socialista de Rivas Vaciamadrid, en este caso preguntó si había realizado las zanjas que él mismo le había encargado el día 4 anterior. La respuesta fue clara: “hechas y utilizadas”. Allí habían enterrado a esas 215 víctimas.
Unas víctimas que, una vez acabada la Guerra Civil, fueron trasladadas al camposanto de Paracuellos del Jarama, donde sus restos permanecen junto a los miles que en esa zona, a orillas ddel río Jarama, fueron asesinadas en las semanas siguientes a las que murieron en Rivas Vaciamadrid.
 
Carmen, la niña de cinco años asesinada por las Juventudes Socialistas
Juan E. Pflüger
/ 08 enero, 2018
El día 11 de abril de 1935 Carmen Pérez Almeida, una niña de tan sólo cinco años, caía abatida por las balas disparadas por milicianos de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) cuando en compañía de su hermano Juan y de su hermana Guadalupe salían de la Academia Fray Luis de León de Salamanca. Juan era electricista y Guadalupe trabajaba como limpiadora en ese centro educativo.

Juan Pérez Almeida estaba afiliado a Falange y, junto a su hermana pequeña Carmen habían acudido a recoger a su hermana mediana para acudir a un teatro infantil. Cuando enfilaban el parque de la Alamedilla, un grupo de milicianos que había seguido a Juan y Carmen y que se encontraba oculto tras un muro, disparó una descarga con varias pistolas que causaron la gloria inmediata de la más pequeña y heridas graves a Juan, que murió tras casi un mes de agonía el 5 de mayo. Guadalupe resultó ilesa en el ataque.

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Cuando la prensa republicana se hizo eco de la noticia, quiso minimizar el brutal asesinato señalando que la edad de la niña asesinada era de 12 años, cuando en realidad tenía solamente cinco. Y hacían especial hincapié en que el objetivo era Juan, “de filiación facineroso”.
Este crimen muestra la bajeza sarracena de la que hacían gala los milicianos marxistas durante la Segunda República. Las investigaciones policiales, que se cerraron sin la detención de los malos, concluyeron que el militante de Falange no solía acudir a buscar a su hermana Guadalupe a su centro de trabajo, y que además no era una persona conocida en Salamanca. Por lo tanto, los malos le habían seguido cuando, en compañía de la pequeña Carmen, había acudido a buscar a su otra hermana para acudir a la sesión de teatro infantil.
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Es más, el seguimiento se produjo desde un local de Falange hasta casa de la familia, donde recogió a la pequeña y después hasta la academia. Por lo tanto, quienes dispararon sabían que al joven falangista le acompañaba la niña, algo que no les disuadió de cometer el brutal asesinato aun sabiendo que podría caer como víctima inocente la pequeña.

El brutal crimen conmocionó a la localidad de Salamanca porque las víctimas eran descendientes de Luis Pérez Martín, un maestro de la localidad muy conocido por su amplia labor pedagógica. El entierro de la pequeña Carmen fue todo un homenaje a la niña y una manifestación de rechazo a los crímenes de los milicianos en una localidad en la que las tensiones sociales eran prácticamente inexistentes.
La pequeña Carmen recibió, además, un homenaje de la Sección Femenina de Falange (SF). Su caso está recogido en el libro “Teoría de la Falange”, de Julián Pemartín. Allí cuenta como la SF consideró a la niña como su primera caída y, a pesar de que no tenía edad para militar, se cuenta como la primera víctima femenina de la Falange.
 
El asesinato de una niña de 12 años y otras hazañas del comunismo en Amurrio
Juan E. Pflüger
/ 27 septiembre, 2017

Tras el levantamiento militar del 18 de julio, la mayoría del territorio de Álava quedó en manos del Ejército sublevado, solamente algunos municipios del norte de la provincia, entre los que se encuentra Amurrio, quedó bajo control del Frente Popular.

En la zona se desarrollaron varias acciones de carácter militar que, en ocasiones, iban acompañadas de represión contra personas que no eran partidarias de los partidos frentepopulistas. Esto ocurrió la noche del 25 al 26 de septiembre de 1936.

Varios milicianos venidos de Bilbao habían volado puentes de la línea ferrea para evitar el desplazamiento de tropas del bando nacional. Entre ellos se encontraban varios dinamiteros de Basauri.

(imagen visible para usuarios registrados)Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

Tras realizar las voladuras se desplazaron a Amurrio para pernoctar. Allí fueron informados de la presencia de un vecino, José María Viguri y Berganza, de 46 años. Su vinculación política era conocida por todos los vecinos y era socio del casino tradicionalista. Este vecino era labrador y tenía una hija de doce años, María Guadalupe.
Padre e hija se encontraban en su casa aquella noche cuando los milicianos se presentaron en el domicilio para llevarse detenido al padre. La hija se agarró a él para intentar que no se lo llevaran y los milicianos decidieron llevarse a los dos. Los vecinos testificaron que el llanto de la niña no logró ablandar a los milicianos, que llegaron a golpearla con sus armas para hacerla caminar.

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Fueron sacados de su casa y llevados a una carretera próxima, la que se dirige a Larrinbe y Lezama y allí fueron cancelados. Padre e hija, sin ningún tipo de piedad hacia la niña. Los cuerpos fueron abandonados en aquel mismo lugar, junto a la huerta del Caserío Ugarte.
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Muchos años después se erigió una cruz con una placa en recuerdo a estas dos víctimas y los sucesos que se conocen como el crímen de Amurrio. Hace unos años se retiró la placa y se vandalizó la cruz que había sobre ella. La Ley de Memoria Histórica ha decretado, con el apoyo de los partidos de izquierdas y la inacción y complejo del PP, que estas dos víctimas inocentes no tienen derecho a ser recordadas.
(imagen visible para usuarios registrados)Documentos correspondientes a Causa General del A.H.N.

No fueron las únicas víctimas en esa zona de la retaguardia republicana. En Amurrio fueron asesinados otros seis vecinos. Un sacerdote de 28 años, Vicente Yabanes; el obrero de 28 años, Francisco Padura; Bruno Otaola, de 35 años y tratante de ganado; y tres labradores de 21, 29 y 23 años llamados Víctor Iturbe, Víctor Yomas y Evaristo Zuloaga.
 
Los preliminares de la persecución religiosa en Madrid
Alberto Royo Mejía, el 28.01.13 a las 12:43 AM
18-20 JULIO 1936: COMIENZAN LOS ASESINATOS RELIGIOSOS EN LA CAPITAL
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Un informador inmediato, y ajeno al conflicto, dada su condición de diplomático, el embajador latinoamericano Aurelio Núñez Morgado, nos proporciona las siguientes cifras globales acerca de los primeros días de la guerra civil española en Madrid: “Apenas producido el alzamiento militar en África el 18 de julio, estalló en Madrid la Revolución social que venía preparándose desde meses antes (…) El asesinato de millares de personas llevado a cabo por las milicias marxistas había sido atroz. Se mantuvo durante seis meses un ritmo de asesinatos de trescientos cincuenta a cuatrocientos por día, con recrudecimiento en relación con las derrotas de los ejércitos rojos. Después de este periodo disminuyó hasta quedar reducido a diez o quince por día al cabo del primer año. Más tarde casi desapareció el asesinato callejero para quedar reducido a los que dictaban los tribunales populares, que también guardaban relación con los triunfos de Franco.“
Explica José francisco Guijarro, experto en el tema, en su libro “Persecución religiosa y guerra civil", que esta situación de represión anárquica se puede decir, sin temor a equivocarnos, y con las indiscutibles excepciones, que en la capital duró desde las primeras noticias que se recibieron sobre el alzamiento de los militares en Jovenlandia, hasta las eficaces medidas adoptadas por la Junta Delegada de Defensa de Madrid, a partir del día 7 de noviembre de 1936. En esta situación de violencia se fue imponiendo pogre el sistema de las checas, instaurado o por lo menos autorizado por el mismo gobierno del Frente Popular. A partir de las primeras funciones de la Junta Delegada de Defensa, se instauró la eliminación de detenidos mediante el procedimiento de las “sacas” de los establecimientos penitenciarios de Madrid. Cada uno de estos sistemas sucesivos de violencia tolerada, cuando no institucionalizada, causó un número considerable de bajas, tanto por motivos religiosos -que es lo que a nosotros nos interesa- como por otros motivos diferentes, principalmente políticos, que tampoco podemos perder de vista; pero se trata de fenómenos diferentes, que no pueden ser confundidos entre sí.
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Seguimos a José Francisco Guijarro, que nos explica que el primer acto violento con víctima mortal por motivos religiosos del que tenemos referencia es particularmente execrable, dentro de lo que siempre es cualquier ataque extremista violento contra la vida humana de un inocente. Tuvo lugar por la mañana del mismo sábado 18 de julio de 1936, y fue el asesinato a sangre fría de un niño, descendiente del sacristán de la parroquia de San Ramón, en el interior de la parroquia de San Ramón Nonato, en el Puente de Vallecas.
Al mismo tiempo, en la mañana del mismo sábado 18 de julio, en el Seminario Conciliar de Madrid se celebra un retiro espiritual para los seminaristas que estaban ya de vacaciones en sus casas, previsto para que asistieran los que vivían en Madrid o en los pueblos más cercanos, en el que les dirige la palabra el párroco de Carabanchel Bajo, don Hermógenes Vicente, que pocos días después será asesinado: murió, efectivamente, en Carabanchel Bajo, el 18 de septiembre.

Cuenta el sacerdote don Hermengildo López Gonzalo, testigo directo de los hechos que “ese mismo día, 18 de julio, en el seminario, sobre el mediodía, recuerdo que estando comiendo en el seminario de Madrid el Sr. Rector, el prefecto de teólogos y yo, bajó el portero del seminario a decirnos que estaban las turbas para apoderarse del Seminario e incluso que ya habían roto la mampara de cristales que impedía el libre acceso si él no abría. Enseguida nos fuimos a la capilla a consumir las Sagradas Especies y los tres vestidos de paisanos tuvimos que salir por la puerta posterior que había en la huerta del Seminario y que era para el servicio del hortelano. Nos separamos y cada uno se fue a su casa (…) Al día siguiente yo llamé al seminario preguntando si podía ir a celebrar la Santa Misa y ya me contestó un miliciano diciendo que me iba a escabechar”
Otro acto de violencia contra la religión, con víctimas mortales, del que se han encontrado referencias, aunque no se haya podido llegar a identificar aún a las víctimas, tuvo lugar en la mariana del domingo 19 de julio, antes de que hubiera comenzado el primer acto propiamente de guerra en Madrid, que fue el asedio al Cuartel de la Montana. En el barrio de Torrijos, ante la iglesia de los Dominicos, pandillas de jovenzuelos, unos armados con pistolas y otros con mosquetones, la emprendieron a tiros contra los fieles, cuando estos salían del templo. En él se encontraba la familia del político Serrano Suñer, que asistían a las misas gregorianas en sufragio del alma de su padre, fallecido pocos días antes. Los fieles salieron de la iglesia como pudieron: unos por las puertas laterales y otros descolgándose por las ventanas. Varios fieles resultaron perecid y otros heridos.
No obstante, durante la mañana de aquel domingo aún se observaba, al menos en el centro de Madrid, una cierta normalidad religiosa. El domingo 19 se celebró en las Calatravas la última Misa, era la de una de una tarde, que siempre tuvo un concurso de devotos elegantes. Pero en este día se celebró en medio de un ambiente dramático. Eran ya pocas las gentes que se atrevían a salir de casa, y los fieles que asistieron lo hacen con el ánimo sobrecogido y conturbado ante la inminencia de la tragedia. Porque ya por la calle de Alcalá patrullas de obreros armados detenían a los transeúntes e imponían la autoridad de la Casa del Pueblo.
Todavía se celebran las misas y la Adoración diurna del Santísimo, como de costumbre, en la iglesia de la Consolación de la calle de Valverde. Sin embargo, en la noche del 19 al 20 se suspendió en Valverde la tradicional vela al Santísimo que celebraban los adoradores todas las noches sin interrupción desde hace 50 años. Las circunstancias son graves, y podían tomarla los revolucionarios como una reunión clandestina con la agravante de nocturnidad. Al día siguiente se suspendió también la Adoración diurna, después de 40 años de actuación. Durante la noche del 19 al 20 de julio, en Madrid, fueron incendiadas cincuenta Iglesias.
Queda confirmado que en el lunes 20 de julio, día en el que sobre las once de la mañana se culminó la operación militar de la conquista del Cuartel de la Montana, fueron asesinados en Madrid diecisiete, entre sacerdotes, religiosos y religiosas, a los que hemos de sumar, al menos, los dos hermanos paúles de Hortaleza, que dados por perdidos ya el día anterior, fueron vistos con vida en ese día, mas no después, y el párroco de Meco, Cecilio Hernández Caballero, cancelado según algunas versiones al amanecer del mismo dia 20.
Ese día 20 de julio por la mañana una banda de milicianos estaba tiroteando el edificio de la Congregación de San Pedro, en la calle de San Bernardo, con el pretexto de que desde el se estaba disparando “contra el pueblo soberano”. Cuando se cansaron de tirar sin que nadie les contestara, entraron en el edificio y su primera intención fue guitar los testigos de vista, y para ello apresaron a las 13 Religiosas Mercedarias que atendían a la casa y en un camión, entre insultos, burlas y denuestos las llevaron a la Dirección General de Seguridad. En las camas del Hospital se hallaban catorce sacerdotes enfermos y en la Residencia dieciocho. Fueron sacados y llevados al Hospital de La Princesa (hoy desaparecido), sito en la glorieta de San Bernardo. Las Religiosas pudieron salvar sus vidas, pero los sacerdotes fueron sacados poco a poco del Hospital de la Princesa y asesinados, sin que se haya podido saber dónde fueron a parar sus restos.
El mismo dia 20 de julio, cuenta el Agustino A. del Fueyo, “el P. Miguel de la Pinta Llorente telefonea a nuestro portero en lenguaje convencional y pintoresco, toda la tragedia del Convento e Iglesia del Beato Orozco, de la calle de Goya, 87. El P. Mariano Cil ha sido asesinado en la puerta de la calle; la Iglesia y el convento arden por los cuatro costados. El Cristo es mutilado y arrastrado por las calles con una soga al cuello. Las monjas, refugiadas en la casa de enfrente, contemplan horripiladas toda la tragedia.”
De entre las víctimas del 20 de julio, han sido ya beatificadas como mártires dos religiosas del Instituto de Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, la progenitora Rita-Dolores Pujalte Sanchez, y la hermana Francisca Aldea Araujo. Pertenecían a la comunidad del Colegio de Santa Susana, en la calle Pedro Heredia, en Ventas, que fue asaltado por unos milicianos sobre el mediodía del día 20 de julio, tras unas horas de tiroteo contra el edificio, y a pesar de que les advirtieron de que habla ni¬ñas en su interior. Consumado el asalto, la superiora del colegio, progenitora Amalia Bravo, rogó a los milicianos que dejaran salir a las hoy Beatas y que no les hicieran daño, pues eran muy ancianas. En efecto, la progenitora Rita tenía 83 años, estaba enferma de diabetes y casi ciega. Uno de los milicianos se ofreció a acompañarlas. Acompañadas por el miliciano, sor Victorina Uriarte, sor Lorenza Alonso y tres niñas huérfanas, se dirigieron a una casa de la calle Alcalá, no muy lejos del colegio.
En casa de esta señora comieron, pasando a descansar a continuación al domicilio de la vecina de la misma planta, y, a cabo de una hora y media o dos horas, los perseguidores arrestaron a las os ancianas religiosas hoy Beatas de una manera. A la progenitora Rita Pujalte que estaba ciega la bajaban dos milicianos tirando de ella y una miliciana detrás empujándola; iba ya como perecid. Los milicianos y milicianas que las apresaron tenían pensado cancelar en la plaza de toros. Dieron una vuelta en torno a la misma y acaso por la mucha gente que circulaba por este lugar, tomaron la carretera de Aragón hacia el inmediato pueblo de Canillejas. En la carretera de Aragón, cerca ya de Canillejas, los del control requisaron el coche a los milicianos, que hicieron bajar a las Siervas de Dios, les mandaron caminar hacia adelante y les dispararon diversas ráfagas de fusil. Y a juzgar por la relación que hicieron los médicos después en la autopsia, los que dispararon fueron varios, pues las dos religiosas tenían diversos disparos en la cabeza, en el pecho y en las piernas.
También en el lunes 20 de julio se sitúa la gloria del sacerdote don Andrés Molinera, capellán de la parroquia de San Antonio de la Florida, después de saquear el templo, convirtiéndolo en lo que más adelante sería una checa, en la que se celebraron simulacros de juicios, y entre ellos el del mismo don Andrés, que seguidamente fue cancelado en la Casa de Campo. Y, entre otros, ese mismo día fueron asesinados dos religiosos, el Carmelita P. Paulino del Santísimo Sacramento, profesor en Roma y que se encontraba accidentalmente en Madrid, y el Paúl, P. Roque Catalán, de la comunidad de la Basílica de la Milagrosa. También en ese día tuvo lugar el asalto a la parroquia de El Salvador y San Nicolás, y la subsiguiente matanza de su clero. Eran los comienzos de una cruel persecución religiosa que duraría, con mayor o menor intensidad, varios meses.
nada, aunque no se pueda documentar, y mira que hay fotos judiciales de cadáveres con un numero, tu lo sueltas.

lo que si está documentado es el asesinato el sabado de tres militares en campamento por no ceder el cuartel a los sublevados, y el fusilamiento de niños y mujeres que venian del rio:

La camioneta tiroteada el 19 de julio frente al Cuartel de la Montaña.
 
nada, aunque no se pueda documentar, y mira que hay fotos judiciales de cadáveres con un numero, tu lo sueltas.

lo que si está documentado es el asesinato el sabado de tres militares en campamento por no ceder el cuartel a los sublevados, y el fusilamiento de niños y mujeres que venian del rio:

La camioneta tiroteada el 19 de julio frente al Cuartel de la Montaña.
¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Que entre infinidadad de asesinatos de los rojos documentadísimos, se hable de un caso en el que hay referencias pero no se han identificado aún a las víctimas?
 
he dicho lo que he dicho, que los primeros perecid en madrid no fueron en el asalto a la montaña, sino unos domingueros que pasaban por la puerta y militares leales en su puesto.

y que no me creo ese supuesto y primer ataque republicano no documentado, cuando lo están todos.
 
Parece ser que la desesperación cunde en las filas "memorialistas". Para continuar haciendo el ridículo han optado por la via jurídica contra mi admirado Juan E. Pflugüer por un artículo publicado sobre las 13 Rosas titulado «Desmontando las mentiras de los rojos: las Trece Rosas, otro mito de la izquierda que gusta a la clase política» artículo documentado en el que se hace referencia a la pertenencia de estas señoras a las JSU.

Quienes las presentan como garantes de la democracia suelen olvidar, entre otros, este detalle: a ellas se les juzgó, pero ellas participaron en una organización que asesinó sin juicio a miles de personas y que, en el momento de ser detenidas, se había convertido en un grupo extremista violento dirigido por José Pena, Severino Rodríguez y Federico Bascuñana.

ARTÍCULO :

Alegan los denunciantes cosas como

Ante semejante artículo, se ha presentado una denuncia ante los juzgados de Lorca por las injurias y calumnias, además de por una presunta vulneración de la Ley de Memoria Histórica. En la denuncia, a la que ha tenido acceso Diario16, se indica que el artículo es un intento de «desvirtuar la verdad contrastada, presentando a las víctimas como verdugos, además de su falsedad manifiesta parecen comprendidos en la legislación penal expresada».

ARTÍCULO :

Lamentándolo mucho por los denunciantes, los únicos que pretenden desvirtuar, manipular o falsificar la historia son las asociaciones "memorialistas", algunos historiadores de pacotilla, partidos políticos u otras agrupaciones en relación directa con la justificación de la percepción de ayudas públicas.

Fácil lo tiene para no dejarse intimidar. El derecho a emitir información VERAZ contemplado en el artículo 20 de nuestra Constitución le ampara sobre la mordaza de una ley sectaria diseñada para imponer una visión parcial, sesgada y manipulada de la historia.

UN MENSAJE DE ÁNIMO A PFLÜGGER Y A TODOS LOS QUE LUCHAN CONTRA LA MANIPULACIÓN Y FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA.
 

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