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Madmaxista
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¿Te molesta que te haya dejado en evidencia?Cierto, solo has demostrado ser otro facineroso más
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¿Te molesta que te haya dejado en evidencia?Cierto, solo has demostrado ser otro facineroso más
Los perros facinerosos ladran y espumean, ergo cabalgamos.A este le encanta remover el tema de una guerra de hace 100 años.
¿Por qué? Pues por el nuevo chiringuito de la Memoria Histórica, hay que mantener con suculentas paguitas a la nueva casta victimista que se avecina.
Repite conmigo: "-No, sin mi paguita robada al obrero español."
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Si no se está de acuerdo contigo se nos llama facinerosos, y si se está de acuerdo, se nos critica igualmente.Los perros facinerosos ladran y espumean, ergo cabalgamos.
ATROCIDADES franquistas contra los presos REPUBLICANOS del Campo de CONCENTRACIÓN de Castuera (Badajoz)
(imagen visible para usuarios registrados)Los franquistas establecieron un campo de concentración en la población extremeña de Castuera, donde requetés, legionarios, y sobre todo guardias civiles y falangistas eliminaron selectivamente a dirigentes obreros, políticos y sindicales significados con la República. La violencia continuada tenía un mismo objetivo, el asesinato de los Republicanos más prominentes y la generación durante mucho tiempo de un miedo que cercenó la disidencia. La construcción del campo fue realizada por los prisioneros sometidos a rígidas normas, transportaron los materiales, levantaron barracones, construyeron nidos de ametralladoras, excavaron zanjas, erigieron alambradas, todo ello con escasas y rudimentarias herramientas. Dependiendo de las fechas, en el campo hubo entre 5.000 y 15.000 concentrados.
En los barracones se hacinaban entre 60 y 70 prisioneros. No había ningún mobiliario, ni sillas, catres, jergones. Dormían en el suelo de tierra, acostados unos sobre otros, con pocas mantas. La alimentación insuficiente, una sola toma diaria, un rancho frío de escaso pan y una sardina, rara vez un puñado de garbanzos, o cuando ni siquiera comían, escasa también el agua. “..teníamos tanta hambre que un día entramos en zona de cocinas…nos molieron a palos, cancelar a un pobre muchacho, que comía en el suelo, de un garrotazo en la nuca..”. La subalimentación crónica supuso incluso la gloria.
Las condiciones higiénicas eran terribles, el hacinamiento, la imposibilidad de asearse, ropa harapienta, obligación de realizar por las noches las necesidades dentro del barracón. La insalubridad y extenuación provocaron la extensión de enfermedades, cuadros de estreñimiento y diarrea crónica, la aparición de pulgas, rojos, ardilla y con ellos el tifus, la sarna, brotes de viruela.
Los falangistas ejercieron violencia, vejaciones, malos tratos, asesinatos sistemáticos o discrecionales, humillaciones y brutales caricia durante todo el período de funcionamiento del campo. Era muy frecuente el chantaje sensual a las familiares de los prisioneros: “..con las mujeres, pobrecitas, abusaban de ellas, los guardias les decían yo te saco a tu marido, sí…los falangistas entraban con la garrotilla trillando a palos..los sargentos se divertían pegando, nos tiraban con los palos de los picos…Al alcalde de Puebla de Alcocer dijeron que no lo mataban, pero le rompieron la médula…a un prisionero lo mató un centinela, el pobrecito vio llegar por la carretera de Castuera a su progenitora, saltó por la ventana y un centinela le pegó el tiro..”. El incivil protagonismo de los falangistas solo se comprende en un ámbito bajo jurisdicción castrense, con el consentimiento e incluso la incitación de las autoridades militares.
El clima de terror, violencia y arbitrariedad existente en el campo, da cuenta de los métodos envilecedores y brutales de sus represores. Las sacas se realizaban sin constancia oficial y casi siempre por la noche. Se elaboraban las listas de los que se debía “eliminar”, posteriormente los falangistas pasaban por los barracones “sacando” a los elegidos, lo hacían 3 noches a la semana, los prisioneros elegidos eran trasladados a diferentes zonas cercanas, entre ellas el cementerio de Castuera, donde eran asesinados y enterrados en fosas comunes, como a José González Bravo, último alcalde republicano de Zafra, de lo que se jactaron sus verdugos
“..fueron muchos los prisioneros a por los que iban los falangistas, vi cómo del barracón de al lado sacaban y los fusilaban…los falangistas de Castuera buscaban a individuos conocidos, se presentaban en las puertas de los barracones, alumbrándose con linternas, se los llevaban y ya no volvíamos a saber de ellos…de mi barracón se llevaron a 5 en una sola noche…los que fusilaban eran falangistas…íbamos a arreglar unos caminos que iban para Castuera, veíamos las zanjas hechas, y al día siguiente cuando íbamos por allí a arreglar eso, ya veíamos un trozo grande que lo habían tapado..”.
Otra técnica de “eliminación” masiva fue la cuerda india, grupos de prisioneros atados unos a otros con sogas por la cintura en largas filas, eran empujados a culatazos a las bocas de las minas próximas, donde eran arrojados arrastrándose entre sí: “..en medio de terribles sufrimientos, los presos recibían desde lo alto bombas de mano y ráfagas de metralla que acababan con sus vidas…sentíamos los lamentos de los compañeros al caer, era horrible…tras las explosiones, todo quedaba en silencio..”.
De modo paralelo y fundida con la represión falangista, se desarrolló por las autoridades militares una represión “legal”, auspiciada por los propios mandos, los consejos de guerra. De forma menos estridente, pero más regular fueron eliminados numerosos prisioneros. Los izquierdistas más destacados fueron ejecutados de forma abrumadora en farsas militares judiciales. Esta “zaina noche”, que se dio por igual en toda España, se tornaba doblemente terrible en los espacios cerrados de las zonas rurales como Extremadura, donde el control persistente de la Guardia Civil, el alcalde, el terrateniente, el párroco de turno, los falangistas, los propios convecinos, unas veces por temor, otras por convicción y otras por interés, condujo a un vacío social que rayaba el racismo ideológico.
La Asociación Memorial Campo de Concentración de Castuera (Amecadec) ha publicado un listado con los nombres de al menos 266 personas víctimas de los franquistas, y que figura en el monumento memorialconstruido en el cementerio de la localidad.
(mensaje citado en revisión)
DAVID ESCUDERO MARTÍNEZ, maestro, socialista, REPUBLICANO, CANCELADO por los franquistas en León
(imagen visible para usuarios registrados)David Escudero Martínez nació el 29 de diciembre de 1892 en Castrocalbón, descendiente de José y de Ángela. David estudió Magisterio en la Escuela Nacional Superior de Maestros de León obteniendo el título de maestro en julio de 1917. Ejerció la profesión en Carbón del Sil, Castrocalbón y Destriana (León) antes de la 2ª República. Hasta septiembre de 1932 regentó la Escuela Nacional Número Uno de Niños de su pueblo natal. En mayo de 1933 pasó a la Escuela Preparatoria del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de León, de la que fue director. Estaba casado con Teresa Turrado, tuvo 2 hijas, que seguían profesionalmente sus pasos estudiando en la Escuela Normal de Magisterio y un descendiente mayor, Benjamín Escudero (información suplementaria gracias a Florisel Florisel Fernandez Lobato).
Escudero había mostrado originalmente simpatías por el dictador Miguel Primo de Rivera, pero se fue acercando paulatinamente a la izquierda, apareciendo en octubre de 1934 ligado a la Casa del Pueblo y desempeñando cargos de relevancia en el socialismo provincial en 1936. Fue miembro de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT y afiliado a la AS de León siendo vocal de su Comité Directivo. Fue tesorero del Comité Ejecutivo de la Federación Provincial Socialista de León y representante del PSOE en el Comité del Frente Popular.
David Escudero anduvo frecuentemente ocupado en iniciativas idealistas buscando siempre maneras de acrecentar el pogre de sus convecinos, como habrían sido el frustrado intento de crear una explotación agrícola de regadío en los extensos predios familiares, o la malograda pretensión de obtener alguna concesión de explotación de recursos asociados al lago de Sanabria en torno a 1930. Con la vigencia de las leyes de enseñanza de la República, había “archivado reverentemente” el crucifijo, la bandera monárquica, lo que le perjudicó posteriormente.
Los facinerosos le detuvieron el 6 de enero de 1937 en Calzada de la Valderia (León), le llevaron al Cuartel del Cid y le encarcelaron en San Marcos. En Consejo de Guerra por rebelión militar y peligrosidad social, fue acusado de ser miembro y participante en diversos cargos del PSOE, formar parte de las listas de Trabajadores de la Enseñanza, tener facultades de organizador, ser propagandista de ideas socialistas y peligroso para el Movimiento Nancy, haber participado asiduamente en mítines de la campaña electoral del Frente Popular. Se le acusó, como Delegado de orden público, de visitar el día 20 a las autoridades civiles y militares (guardia civil, cuarteles del regimiento y de la guardia de asalto, general comandante militar, y base de aviación) para pedirles compromiso de lealtad al poder legítimamente constituido (que al poco quebrantaron).
Las evidencias a su favor señaladas por parte de numerosas personas perdieron todo su peso ante la programada estrategia de represión y terror, y frente al superior dictamen del informe de conducta político social de la Guardia Civil, que es el que suele prevalecer y alcanzar categoría de sentencia. Pasó a la prisión provincial de León de donde salió para su fusilamiento en el fatídico Polígono de Tiro de Puente del Castro el 13 de marzo de 1937. La confiscación de sus propiedades y las de su familia condenó a su familia a sufrir su ausencia, indigencia y miseria.
Su delito, como el de tantos, fue ser un ciudadano consciente, comprometido y solidario. Las injustas sentencias que desde los ilegítimos tribunales franquistas se les aplicaron haciéndoles culpables por actuaciones no delictivas en cualquier Estado de Derecho claman hace tiempo por su pública y solemne anulación. Desde aquí, el homenaje a tantos injustamente sentenciados, y a sus allegados y descendientes, y de especial manera a Don David y a sus compañeros y compañeras maestros y enseñantes, tanto y tan variada y cruelmente represaliados.
SOCIEDAD
DIRECTOSantiago Alba, en Carne Cruda
SOCIEDADEl castigo de llamarse Libertad en el franquismo y no renunciar a tu nombre
Libertad González, hija del alcalde republicano de Zafra asesinado en 1939, narra en un libro la represión que sufrieron los familiares de las personas ajusticiadas por el franquismo
“Cancelar a nuestros seres queridos, pero también la vida que estábamos comenzando (...) Nos arrebataron todo, nos dejaron en la calle y estuvimos siempre marcados"
Con 85 años sigue buscando el cuerpo de su padre, encarcelado y asesinado en el campo de concentración de Castuera
Por Jesús Conde26 may 2018 22:57
“Me llamo Libertad porque mis padres me lo pusieron. Jamás renuncié a mi nombre, pese a los problemas que me acarreó a lo largo de 40 años de dictadura”. Este es el relato de Libertad González, hija del alcalde socialista de Zafra asesinado en 1939.
Es el testimonio vivo de las otras víctimas del franquismo: las familias de las personas ajusticiadas. Condenadas al ostracismo, despojadas de todas sus pertenencias.
Les arrebataron hasta su nombre. José González Barrero tuvo tres descendientes: España, República y Libertad. A ella el régimen la bautizó como Rosario. Así ha estado inscrita en el registro civil hasta 2016, cuando recuperó oficialmente el nombre con el que siempre se identificó. Consiguió que en su DNI pusiera Libertad.
Represión a las familias
Es la única superviviente de los tres hermanos. A sus 85 años habla de una vida marcada por el golpe que supuso la ejecución de su padre. “Eras represaliado no solo porque cancelar a tu ser querido. También cancelar la vida que estabas empezando a vivir. Es una historia zaina de España, es una pena que se ocultara durante tantos años”.
Destaca que su padre era un hombre bueno, “al que querían hasta las personas de derechas. Asesinado sólo por ser favorable a la República”. “Nunca he sentido vergüenza ni miedo de hablar de mi padre. Al contrario, me siento muy orgullosa de ser hija de quien soy. Nunca me acobardé con Franco, ¿cómo iba hacerlo ahora?”.
(imagen visible para usuarios registrados)Un detalle de la portada del libro dedicado a Libertad González
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadurapresentó este jueves en la Fruta de Badajoz el libro "Memoria de libertad", de Cayetano Ibarra.
La memoria, la vida personal y los acontecimientos de su padre conforman el libro dedicado a Libertad, una de las precursoras del movimiento por la recuperación de la memoria histórica en la región. Tras regresar de Madrid y establecerse en Zafra abanderó la lucha por dignificar la figura “de todas aquellas personas que habían luchado por la libertad y la democracia”. “Señores, la República fue la democracia en España, es cuando comenzaron a ser demócratas los españoles”.
“Casi que sigo pensando que no merecía la pena escribir mis memorias, porque yo no dejo de ser una hija más de los malos momentos españoles. Soy una más de la historia zaina que hubo en este país”.
La ley del silencio
José González Barrero regentaba el hotel Cabañas del municipio, y la familia tenía una vida cómoda. Con su ejecución se vieron despojados de todo. “Nos quitaron todo: la casa, el negocio, el dinero. Todo intervenido porque mi padre era republicano”.
Su progenitora se quedó viuda y sin un hogar para darles refugio. Una mujer a la que cierran todas las puertas, que tiene que sacarles adelante con todo en su contra. Y con figuras franquistas empeñadas en que su devenir siguiera siendo adverso.
Destaca que la situación era mala para el 90 por ciento de los españoles, “pero la de mi familia fue devastadora. Vivimos bajo unas míseras condiciones”. Recuerda una España gris, con una sociedad que ‘estaba hecha una pena'. “Todo era pecado, la rigidez era el modo de vida. Yo siempre he sido rebelde y he huido de todo aquello que no me gustaba. Se vivía muy mal en todos los sentidos”.
Tras un periodo en Fregenal de la Sierra, en casa de su abuela materna, la familia se desplaza a Madrid, donde siguen estando marcados. Se les niega el acceso a la educación. “Cuando mi progenitora solicitaba una plaza lo primero que le preguntaban era que dónde residía en el año 36. Al regresar a la escuela, dos días más tarde, ya no había plaza para mí. La historia se repetía de colegio en colegio”.
Es una dinámica que les acompaña siempre. En sus idas y venidas a Extremadura y la capital española. Tras una nueva estancia en Fregenal, Libertad se establece de manera definitiva a Madrid con 17 años. Comenzaba una nueva vida bajo el peso de plomo de la dictadura, en unos años marcados por el silencio y una calma social fingida.
“Había terror y miedo, seguían los fusilamientos. Las cárceles seguían llenas de presos políticos. Las reglas sociales estaban muy claras”. “Yo no estaba adaptada a la época. Mis ideas no se adaptaban en absoluto a toda esa mediocridad. Me traían sin cuidado las repercusiones. Yo vivía a mi aire”.
Se refiere a una juventud española coartada, donde las ansias de rebeldía se topaban de frente con el nacional catolicismo. “Recuerdo que cuando tomaba un aperitivo con mi novio y una cerveza tenía que decir en casa que no había cenado. Estaba muy mal visto que una ‘señorita’ hiciera cosas así".
(imagen visible para usuarios registrados)Imagen actual de Libertad en la presentación del libro en la Fruta de Badajoz
Con la búsqueda de trabajo siguieron los problemas. Oficialmente se llamaba Rosario, pero siempre tuvo presente su nombre. No dudaba en rectificar, en dejar claro que era Libertad. Algo que le costó varios quebraderos de cabeza.
Entrados los años 60 logró un trabajo en el hotel Palace de Madrid para hacer facturas de la ropa planchada a los clientes. “Antes de entrar dije mi nombre, Libertad. Me quedé sin trabajo”. La situación se repitió más veces.
Tiene muy claro los motivos: “La guerra no había terminado en el 39 como decían. Es mentira. Continuó con nosotros, arrebatándonos nuestra identidad. No terminó hasta bien pasada la gloria del dictador. Las represalias continuaban y puedo dar buena fe”.
Pasaron los años. Siempre trabajó como dependienta, en una tienda de discos y de juguetes. También estuvo en un conocido restaurante. “Y así fuimos saliendo del paso, sobreviviendo”.
La gloria del dictador le pilló en Madrid con su marido. "No te creas que el ambiente fue de alegría, porque cinco días antes de morir firmó sentencias de gloria”. “Las cárceles seguían llenas, el miedo continuaba. Por un lado estaba contenta. Por otro lado tenía un sentimiento de pena. Franco no había perecid como yo hubiera querido: juzgado por sus crímenes". "Deseaba que se sentara en un banquillo ante un juez y fuera castigado por sus crímenes. Murió hecho una pena, pero en su casa... perdón, en la casa de todos los españoles, de la que se adueñó".
(imagen visible para usuarios registrados)Imagen de los trabajos de la fosa común de Arroyo de San Serván / ARMHEX
Recuperación de la memoria histórica
Cuando regresa a Zafra, en el 2.000, se une al movimiento incipiente que reclamaba verdad y justicia para las víctimas del franquismo. Comenzaron a trabajar "para dignificar a las personas que dieron la vida por la República. La figura de mi padre y la de las casi 200 personas asesinadas en Zafra".
Tiene claro que no se ha hecho justicia. “Todavía no he sacado a mi padre de donde lo tiraron para enterrarlo con mi progenitora”. “Yo soy una de las privilegiadas, porque en la plaza en la que vivo está el busto de mi padre. Pero eso no paga el mal que nos hicieron. Cuando llegó la democracia no hubo un homenaje a quienes dieron su vida por la democracia en 1936. Continuó el silencio, igual que en la dictadura. Sigo aquí, estoy bien y sigo trabajando para rememorar la figura de las víctimas del franquismo”.
Critica que buena parte del trabajo, que correspondía a las administraciones, ha sido asumido por el movimiento civil. Por las asociaciones. “Mira al gobierno central y su completo silencio. Sin dotar de presupuesto la memoria histórica. Estamos hablando de recuperar el cadáver de nuestros padres, de nuestros hermanos”.
Desecha aquellos argumentos que afirman que hablar de memoria histórica es reabrir heridas. "Le digo yo a todas las personas que hacen esta afirmación. Le digo a Rajoy que las heridas siguen abiertas desde que pasó todo. Sacar los huesos de una cuneta es cerrar las heridas".
"Hasta que no encuentras a tu ser querido, como me pasa a mí, no se cerrarán. ¿Por qué no me ayudan a localizar a mi padre? No sé dónde está. Las heridas siguen sin cerrarse. Yo me voy al otro mundo sin cerrarla".
“Cuando abrieron las fosas del campo de concentración de Castuera la imagen era aterradora. Con cuerpos amontonados, con las manos atadas a la espalda con alambres, unos boca arriba y otros a la inversa. Unidos, unos con otros… Siguen tirados en cunetas. ¿Cuándo vendrá la justicia? Yo ya no la veré. Pero estaría bien”.
Aurora Fernández: «es necesario devolver la dignidad a los represaliados por el franquismo»
14/06/2019 Lyudmila0 comentarios España, Franquismo, Guerra Civil, Represión
Entrevista a Aurora Fernández Fernández, natural de Cuevas del Valle (Ávila). Es coautora junto con Enrique Guerra López del libro «Cuevas del Valle 1936-1950«, fruto de años de investigación en el campo de la Recuperación de la Memoria Histórica, y que recoge la represión a la que ese pueblo fue sometido por el fraquismo entre esos años. Colaboradora del CSIC en cuanto a Memoria Histórica se refiere.
¿En qué consiste el trabajo que hay detrás del libro “Al sur de Gredos, Cuevas del Valle 1936-1950”?
Este libro es un trabajo que trata sobre un estudio histórico crítico sobre la violencia represiva en el pueblo del sur de Ávila llamado Cuevas del Valle, como consecuencia del golpe de estado militar y consiguiente Guerra Civil.
Para hacer ese trabajo hemos utilizado varias fuentes. El libro está, académicamente hablando, elaborado con rigor científico, lo exigido por las Ciencias Sociales. Hemos utilizado fuentes primarias encontradas en varios archivos: Archivo de la cárcel de Ávila, Portal de archivos españoles, Archivo Histórico Provincial de Ávila, Centro Documental de Historia de Salamanca, Archivo General Histórico de Defensa, Archivo Municipal de Cuevas del Valle, Boletín Oficial de la provincia de Ávila, la Hemeroteca Municipal de Madrid, Registro Civil de Cuevas del Valle, los Libros de Defunciones de Ávila en el Registro Civil y testimonios orales.
Hemos sacado también documentación de publicaciones de prestigio sobre la represión según autores clásicos como Brenan, o contemporáneos como Francisco Espinosa y Francisco Moreno.
También nos sirvió mi trabajo de genealogía de mi pueblo, Cuevas del Valle. Esto nos fue de gran ayuda para poner apellidos a los personajes, sobre todo, a los asesinados extrajudicialmente porque no están registrados en actas de defunción. En la actualidad, estamos trabajando todo el Valle del Tiétar, Ávila.
Hemos visto la necesidad de devolver la dignidad a los represaliados por el franquismo. Dignidad que fue arrebatada por el régimen impuesto por las armas. La necesidad de releer aquella guerra desde una óptica tranquila y distanciada, como un tratamiento que parta de valores democráticos y de respeto a los DDHH.
¿Cuántas familias puede haber afectadas por el expolio al que fueron sometidos los represaliados de esa zona?
Muchas, hay 116 represaliados. De estos, 47 asesinados extrajudicialmente, entre ellos 10 mujeres.
¿Cree que la represión a la que fueron sometidos por el bando sublevado ha tenido la luz que se merece?
No, y la que tiene es debido a familiares, asociaciones, foros por la Memoria Histórica y personas como nosotros, que trabajamos por la justicia, la verdad y la reparación.
¿Qué efecto demográfico-económico tuvo la represión sobre la población de Cuevas?
Tuvo mucha repercusión, porque muchos hombres fueron asesinados, llevados a la cárcel, y otros lucharon en la guerra. Muchos de ellos eran labradores y jornaleros, por lo que a sus familias no les llegaban ingresos. Y los que estuvieron trabajando, por ejemplo, en el Valle de los Caídos, no les llegaba a sus familiares lo poco que les pagaban, pues, incluso, el Ayuntamiento se quedaba con un tanto por ciento.
¿Crees que el papel de las mujeres en esta represión no tiene la visibilidad que debiera?
La labor de las mujeres no está reconocida, no solo estuvieron defendiendo el modelo de Estado electo, sino que ayudaron de cocineras y enfermeras.
¿Qué impacto emocional le ha supuesto participar en este trabajo de investigación sobre Memoria Histórica?
Tengo siete familiares asesinados. Se unió el hecho de que el juez Baltasar Garzón investigó los hechos, y mi padre comentó más cosas que yo no sabía, él quiso sacar a sus familiares, que aún están hoy en las cunetas. Aunque no solo porque yo tuviera familiares represaliados, sino por dignificar a estas personas.
Muchas no tuvieron nada que ver: estaban de concejales por sacar adelante al pueblo y se vieron envueltos en este alzamiento militar. Un alzamiento que no trajo nada bueno y que actualmente sigue sin traer nada bueno a la gente de este país.
¿Cree que aún existe miedo a buscar a los familiares?
Claro. Como ejemplo, mi progenitora nació en el 35 y no vivió en sí la Guerra Civil, se enteró por lo que le contaron después: el día que presentamos el libro en Cuevas, estaba aterrada, más que nada por si me pasaba algo a mí.
El miedo es una de las cosas que yo creo que sigue patente, y creo que yo lo he conseguido apartar, ya que con miedo no se consigue nada. El mejor método es que llegue, mediante la educación, a las nuevas generaciones.
Se barajan muchas cifras sobre las desapariciones forzosas en este país: 114.000, 120.000, 140.000. ¿Cómo podríamos obtener una cifra exacta sobre ello?
Curiosamente, a los archivos de la Guardia Civil no tenemos acceso. Pero gracias a la correspondencia que llega a la alcaldía de Cuevas del Valle, encontramos un documento de la Guardia Civil de Mombeltrán en el que se pedía números de cancelados, asesinados, batallones de trabajo… Por lo que si este documento llega a todos los rincones de este país, cabe la posibilidad de que los franquistas sepan cuántos fueron los asesinados.
Otra posibilidad es la unión entre foros y personas individuales para esclarecer los datos de España entera. Apuntar también que aún queda mucha gente por identificar, que se consigue saber su identidad gracias al testimonio de otras personas.
¿Cómo es posible que en un país democrático, todavía existan tantos represaliados en las cunetas?
Eso habría que preguntárselo a quienes nos gobiernan, y a quienes les votan, que son quienes deben dignificar a los represaliados. Ya ves las últimas noticias con lo que opinan los jueces sobre sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos, y su reconocimiento como Jefe de Estado el 1 de octubre de 1936.
Todo es retrat, obstáculos y muros. Si los políticos que están en el poder no hacen nada para que esto cambie, no va a haber avance. Me queda la esperanza de que actúe el pueblo. Con la presión se cambian cosas.
¿Quieres añadir algo más?
Añadiría que, pese a tener aval de la Universidad Complutense de Madrid (Mirta Nuñez Díaz-Balart), ser colaboradora del CSIC y, supuestamente, estar avalada por la Ley de Memoria Histórica, en algunos casos no he tenido las puertas abiertas para investigar.
También me gustaría resaltar la importancia de los archivos municipales como puntos de información, deberíamos cuidarlos más. Para terminar, añadir que nuestro libro ya está en la Casa de Historia de Europa, en Bruselas.