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La durísima represión a los mineros de Río Tinto que desafiaron a Queipo de Llano
La durísima represión a los mineros de Río Tinto que desafiaron a Queipo de Llano
La fosa común de Nerva inicia un largo proceso de exhumación dónde podría albergarse entre 221 y 500 víctimas de la represión golpista. La mayoría son mineros, hombres que lucharon al inicio del golpe militar para frenar la entrada del fascismo de Queipo de Llano. Les costó demasiado caro. En 1937 ya se registraban en Nerva doscientas cuarenta y seis viudas y quinientos setenta niños huérfanos.
En la noche del 25 de agosto de 1936, el Comité provisional del ayuntamiento republicano de Nerva firmaba su redención ante las tropas militares. El historiador onubense Miguel Ángel Collado cuenta a Público como "el alcalde José Rodríguez González, huyó del pueblo junto a otras 200 personas. Eran alrededor de las dos de la madrugada del 26 de agosto".
Con la llegada de los enviados de Queipo de Llano a la Cuenca Minera de Riotinto se inició la huida de muchos de los habitantes de Nerva, hasta dejar un pueblo minero lleno de viudas, huérfanos y mujeres víctimas del terror que se avecinaba en pocas horas. Collado prosigue que la intención del alcalde "era solo que se dejara de derramar sangre" Pero Queipo de Llano no tenía esos planes para la cuenca minera de Río Tinto que dejó más de 1.500 desaparecidos, en aquellos primeros meses de guerra.
Andrés Fernández es el arqueólogo encargado de iniciar la exhumación de la fosa de Nerva, conocida como la fosa de los mineros. Este municipio de la Cuenca Minera mermó drásticamente su población en 1940. "Las evidencias de los cuerpos de la fosa (de los que se encuentran contabilizados 221 víctimas) están bastante en superficie". A menos de 20 centímetros ya hay restos. Y la cifra que se baraja puede ir incrementándose. Fernández que ya exhumaría en 2009 la fosa más grande (por número de víctimas en Málaga capital) con 2.800 cuerpos, sabe que en Nerva se encuentra la fosa con mayor número de víctimas en un entorno rural, fuera de las capitales de provincia. "Conocemos los nombres y apellidos de estos 221 víctimas pero podría haber más de 500" en las cuatro fosas que se reparten en el cementerio del municipio.
"Los mineros están equivocados y lo van a pagar"
El recuerdo de aquella entrada de cientos de falangistas, organizados en columnas resultó dantesca para muchos de los vecinos de Nerva. Collado recoge varios testimonios orales en su tesis La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto publicada en la Universidad de Huelva. "El día 26 de agosto, que era cuando entraron estos señores, veíamos a los tíos bajar por los cerros; se veían bajar abajo con unos cruces… con unos crucifijos así de grandes. Nada más entrar en Nerva y a la media hora había camiones para el cementerio".
Matías Romero Marín, recuerda los registros en cada una de las viviendas "¿Tú no has visto las películas? Lo mismo que en las películas corriendo en esta casa, ahora a otra, saboteando las casas viendo si alguien pasaba para cancelar… todas esas cosas… ".
Miguel Ángel Collado relata las conversaciones de aquellos huérfanos con los falangistas establecidos en Nerva, creando entre los vecinos un verdadero clima de miedo. "Niño ¿tu padre es de derechas o de izquierdas?" No entendía de eso, pero le espeté inocentemente sin saber, "mi padre es minero-agricultor y trabaja para La Compañía (…) luego le solté "mi tío Benito y mi primo Antonio están en la cárcel". Los soldados replicarían en voz alta, "los mineros están equivocados y lo van a pagar. ¡Aquí no va a quedar ni uno!". Iban por cada calle de Nerva gritando "¿Dónde están los comunistas?, ¿Dónde se esconden los republicanos?" amenazando con cancelar a todos y disparando al aire.
Inmediatamente después de quedar constituida el primer ayuntamiento de la Nerva "reconquistada", se vivió uno de los momentos más macabros que se recuerda de aquellos días. Collado cuenta a Público como "mientras la cárcel se volvía a llenar", uno de aquellos falangistas dio con un músico local y le instó a "presentarse con todos los intérpretes que consiguiese encontrar bajo amenaza de fusilamiento". Fueron obligados a festejar, a tocar partituras patrióticas ante el recuerdo imborrable de tantos familiares huidos o asesinados aquellos mismos días.
La tierra ácida dificultará la identificación de los restos
La desaparecida Dirección General de Memoria Democrática del gobierno andaluz no ha pospuesto el acuerdo de intervención en la fosa de Nerva, con fondos de la Fruta de Huelva y el ayuntamiento del municipio minero. El 2 de agosto de 2018 se firmaría el acuerdo con el entonces consejero de Memoria Democrática, Manuel Jiménez Barrios, y el presidente de la Fruta, Ignacio Caraballo.
El arqueólogo Fernández ya está al pie de la fosa y desvela que las actuaciones se podrán alargar hasta "después de verano". Los trabajos de delimitación se han concretado cuatro fosas dentro del cementerio de Nerva. "Tres se ubican en la zona izquierda del camposanto. La primera está en la zona derecha donde podrían albergarse entre 30 y 50 cuerpos".
La tierra roja de la cuenca, y su fuerte acidez podrían evidenciar restos muy deteriorados para unas futuras pruebas de ADN. "Ya nos ha ocurrido en otros municipios cercanos en Zalamea la Real o el Madroño, donde están descompuestos por la geología de la cuenca minera que hacer aún más difícil la identificación.
Las actuaciones de indagación, localización y delimitación se desarrollarán en una superficie de cien metros cuadrados, donde las fosas se presentan con una media de dos metros de anchura y con longitudes diversas que van desde los cuatro a los veinte metros.
"A mi tío lo cancelar por error y este años hemos conocido que está en la fosa de Nerva"
Los familiares se van poco a poco personando y dando señas del paradero de los suyos, como le ha ocurrido desde Barcelona a Flor Calzada. Hasta el pasado año, no logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón Herrada Domínguez, donde se evidencia su enterramiento "en el centenario de Nerva". Su progenitora Antonia estuvo toda la vida pensando que su hermano había desaparecido, sin dejar rastro.
Ramón es el único tío que Flor tiene enterrado en la fosa de Nerva, del único que no conserva fotografías. "Era el más mayor de todos y lo quitaron de en medio por error". Con esa frialdad lo comunicó a su familia uno de aquellos falangistas. Y así lo testimonia Flor no solo a Público, también en el acta notarial que le entregaron tras prestar declaración en la querella argentina en el año 2013. "En los primeros días de las entrada de las tropas nacionales, mi tío Ramón fue sacado de su casa y nunca más se supo de él". Tenía tan solo 41 años y no pertenecía a ningún partido político. "Lo confundieron con mi tío Enrique" que estaba escondida en la casa de su progenitora esperando y había sido un militar afiliado a la CNT "Dijeron, este es un Herrada y se llevaron por equivocación al hermano mayor".
El hermano de Ramón, Enrique Herrada Domínguez también fue cancelado. Según cuenta Flor "fue detenido el 28 de agosto de 1938". Acusado de "rebelión saqueo y asesinato" fue condenado a gloria y cancelado el 17 de abril de 1939 en el cementerio de la soledad de Huelva capital.
Flor nunca dejó atrás el fuerte legado que su progenitora le había dejado. Y se presentó a la petición de la querella argentina para tomar declaración sobre su historia familiar. "Lo más duro para mi progenitora fue ver como cada noche iban a buscar a mi tío Enrique, que estuvo meses escondido bajo la amenaza diaria de aquellos falangistas". Día y noche. "Mi progenitora me hablaba siempre de cómo Enrique decidió salir de la casa, donde estaba escondido en el tejado para no poner en peligro a los suyos".
Flor logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón en 2018 . Ya había encontrado el nombre de su tío en un registro, elaborado por el historiador Francisco Espinosa. "Gracias a las peticiones hechas con la fruta pude tener este documento". En el reza como Ramón Herrada fue registrado el 29 de noviembre de 1939. Su fallecimiento se produciría pocas semanas después de la entrada de los militares, el 20 de septiembre de 1936. "Se testimonia que la profesión de Ramón es jornalero pero mi tío era trabajador de la mina, como tantos otros" La certificación habla de que, tras su gloria, había dejado dos descendientes, Modesta de 15 años y Ramón de 10, además de su viuda.
La realidad de aquellas mujeres sin recursos y huérfanos fue tan evidente que incluso las autoridades locales de la Nerva franquista pidieron ayuda para su supervivencia el 14 de febrero de 1937. El acta del ayuntamiento contabiliza "como consecuencia de los últimos sucesos" (haciendo referencia a los fusilamientos), a doscientas cuarenta y seis viudas pobres, con quinientos setenta niños huérfanos de padre. Se documentaban un total bastante superior a "dos mil personas", sin recursos para su subsistencia.
Flor recuerda a sus primas, las hijas de Ramón, aquellas huérfanas que tuvieron que salir adelante apenas con lo puesto y como su progenitora hizo todo lo posible para no perder el contacto con aquellas sobrinas. "Ojala mi tío Ramón esté en esa fosa. Se lo debemos a mi progenitora, a todas las víctimas y a la memoria", concluye Flor a Público. "Solo espera que ni los partidos de ultraderecha en Andalucía ni la paralización de los últimos gobiernos de izquierda entorpezcan más las actuaciones en fosas comunes de la represión franquista. "Ya basta de frenar la recuperación de los nuestros. Esto es por dignidad", finaliza.
Fiasco en la fosa común más grande en zona rural
Nerva, un pequeño municipio onubense de unos 5.000 habitantes enclavado en la cuenca minera de Riotinto, vivió una represión brutal en los primeros días de la guerra civil. Guardaba hasta ahora un espeluznante secreto a voces enterrado ominosamente nada más entrar en el cementerio municipal. Una enorme fosa común situada a ambos lados de la entrada principal del recinto funerario, de unos 200 metros cuadrados de extensión, situaba este enclave, según la propia Junta de Andalucía, como la mayor fosa común en zona rural, de Andalucía y posiblemente de toda España, de represaliados por el franquismo en la guerra civil. Pero los primeros trabajos de campo ya finalizados han constatado un fiasco totalmente inesperado por las autoridades ahora que concluye la primera fase de localización y delimitación de posibles víctimas, según han constatado a Diario16 fuentes próximas a los trabajos de excavación. Sí se han hallado cuerpos con episodios violentos y munición, pero nada indica que la cantidad de represaliados se acerque ni de lejos a los 1.500 estimados inicialmente.
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La realidad de la primera aproximación arqueológica ha resultado ser bien distinta a lo que la historia venía contando. Según fuentes cercanas a los trabajos de localización y delimitación arqueológica consultadas por Diario16, en una de las dos enormes fosas no se han hallado restos humanos con signos de violencia, y en la otra sí han aparecido cuerpos amontonados a escasos 35 centímetros de la superficie, con evidentes y contundentes signos de episodios violentos y munición. Pero nada hace pensar que estemos ante una cantidad que se aproxime no ya a 1.500 víctimas sino tan siquiera a 400, como algunos trabajos historiográficos habían apuntado hasta ahora.Es más, probablemente murieron más personas en Nerva en 1941, el denominado “año del hambre”, de inanición y dolencias asociadas a las penurias del momento que de ejecuciones sumarísimas al comienzo de la guerra civil como se preveía en un comienzo. Alfredo Moreno Bolaños, que está preparando un exhaustivo trabajo sobre la represión franquista en la cuenca minera onubense, constata que aquel cruel 1941 fallecieron en Nerva 843 personas en una población que al comienzo de la guerra superaba los 17.000 habitantes. Muchos de ellos murieron de hambre. “¿Se usó para su enterramiento una fosa común? No se sabe porque se cambiaron de ubicación los enterramientos en aquellos años”, explica a este diario.
Fiasco en la fosa común más grande en zona rural - Diario16
