Divorciarse para cobrar dos IMV: la trampa que se extiende
El Ingreso Mínimo Vital se ha convertido en el nuevo frontón del fraude social. La fórmula es simple: una pareja con hijos se divorcia, cada uno se empadrona en una vivienda distinta y ambos solicitan la prestación por separado. Resultado: dos IMV en lugar de uno. El único requisito que complica la operación es el padrón, pero basta un segundo domicilio -real o conseguido a través de una gestión que algunos atribuyen a ONGs- para sortear el filtro.
Uno de los intervinientes en el debate describe su caso con crudeza: dos pisos, uno encima de otro, cada uno a nombre de un cónyuge. Él se quedaría con los hijos y cobraría el IMV, el complemento por hijo y otras ayudas. Su mujer, con trabajo, no renunciaría al sueldo. Otro añade que, de paso, el divorcio simulado evita un futuro divorcio real con costes patrimoniales. “Win win”, resume.
El asunto no es menor. Las ayudas de este tipo se calculan por unidad de convivencia, así que fraccionar la familia multiplica la factura. La Seguridad Social vigila el empadronamiento, pero la inspección tiene difícil detectar una separación pactada cuando las viviendas son contiguas y los cónyuges mantienen la apariencia de matrimonio.
Hay quien sostiene que el IMV es un coladero y pide su eliminación. Otros, más pragmáticos, lo ven como una optimización de recursos a la que solo acceden los más listos. Si la inspección no afina el cruce de datos, estas estrategias podrían extenderse. Aunque la Seguridad Social ya ha anunciado refuerzos en el control del padrón, la incertidumbre invita a no dar por cerrado el asunto.