Menos muertes por frío: la tesis de Vox sobre el clima
¿Se muere más de frío que de calor? Sobre esa pregunta se ha montado el último rifirrafe climático con firma parlamentaria. El diputado de Vox en el Congreso
Francisco José Contreras, catedrático, defendió que
«que se caliente un poco el planeta evitará muertes por frío», y su Grupo Parlamentario lo amplió con dos mensajes: uno sobre los «graves problemas para la industria y la economía que traerá el alarmismo climático» y otro que, bajo una alerta por bulos, sostiene que el aumento de temperatura en los próximos años traerá también efectos positivos, como ya se habría visto en el siglo XX. A partir de ahí, la salida de tono dejó de ser una anécdota y se convirtió en un pulso.
El argumento completo del diputado de Vox
La pieza central es sencilla: si el planeta se calienta un poco, se evitarán muertes por frío. Quien la defiende la contrasta con el relato oficial del clima, al que acusa de exagerar. Quien la ataca responde con dos preguntas incómodas. La primera: ¿de qué muertes por frío hablamos en un país del sur de Europa, con África justo debajo? La segunda: ¿y si el diagnóstico contrario es el correcto y seguimos haciendo lo mismo? Esa última apela al principio de precaución, no a la broma.
El propio grupo parlamentario acompañó la intervención con una advertencia sobre bulos: el incremento de temperatura no sería únicamente negativo. La afirmación se hizo sin cifras de mortalidad asociada al frío ni al calor. Ese hueco —el de los números que no aparecen— es lo que convierte la frase en titular y no en dato.
Cuarenta años de predicciones climáticas que no se cumplieron
Aquí está la munición que más se repite. En enero de 1978,
The New York Times recogía un estudio que hablaba de un «sin fin a la vista» en la tendencia al enfriamiento global para los siguientes 30 años. Los datos satelitales de la NASA, en cambio, mostraban una ligera tendencia al calentamiento desde 1979. ¿Se cambió de relato? Quien reúne estos recortes lo da por hecho.
La lista es larga. 1988: James Hansen predice más sequías regionales para los 90 y se anuncia que Maldivas quedaría completamente bajo el agua en 30 años, según la agencia France Press. 1989: un responsable ambiental de la ONU advierte, vía Associated Press, de que el aumento del mar podría destruir naciones para el año 2000; y la West Side Highway de Nueva York estaría bajo el agua en 2019. 2001: un informe de la ONU dibuja un año 2020 sin playas en el Mediterráneo y con el norte de España salpicado de palmeras. Según quienes reúnen estos recortes, ninguna de esas predicciones se ha cumplido tal cual.
El contrapunto también circula: hay quien recuerda que los informes del IPCC se han quedado cortos en algunas proyecciones y habrían subestimado lo observado, lo que dejaría a los gobiernos sin guía clara. Fallar por exceso y fallar por defecto, sostienen, no son lo mismo.
¿A quién beneficia que suba la temperatura?
El mapa importa. España está en el sur de Europa, con África debajo: aquí el calor de verano ya aprieta y quien esgrime ese argumento pregunta si aquí muere alguien de frío. Quien defiende la tesis la lleva a los países fríos: a rusos y alemanes, con inviernos duros, les vendría bien un clima más templado. El debate, sin embargo, no distingue entre un invierno suave en Berlín y una ola de calor en Málaga.
También aparece el argumento botánico, defendido por un participante del hilo: cuanto más CO2, mejor, porque las plantas lo respiran y sin él no habría vida en la Tierra.
La factura industrial que Vox atribuye al alarmismo
Para el grupo parlamentario, el problema no es la temperatura, sino la política que se deriva de ella. Su mensaje enumera los «graves problemas para la industria y la economía que traerá el alarmismo climático». En el hilo se añade la hipótesis de que, si el calentamiento no es tan dañino como cree la comunidad científica ampliamente mayoritaria, se hará un esfuerzo industrial y tecnológico innecesario. Es el eje económico del asunto y el que más rédito político da.
Del otro lado queda la pregunta del principio de precaución: qué pasaría si los avisos son correctos y se sigue haciendo lo mismo. El pulso no es sobre grados, es sobre euros, y en ese terreno la discusión se vuelve mucho menos lírica.
Contaminación y cambio climático no son lo mismo
Ese es el matiz que plantea uno de los participantes: si hablamos de plásticos en el mar o de contaminación atmosférica, la mano del hombre es indiscutible y la culpa europea, según su criterio, modesta frente al reparto global. Las cifras que maneja la conversación reparten el peso así: China aporta el 30 %, Estados Unidos el 15 %, India el 7 %, Rusia el 5 % y Japón el 4 %. El desglose completo y el contexto de cada porcentaje quedan para quien tire del hilo entero.
Que el clima haya cambiado siempre —con glaciaciones e interglaciares— no se discute. Que el hombre influya en el cambio actual es, según el criterio dominante en la ciencia, cosa distinta y bastante sólida. Ahí es donde la conversación se parte en dos y ninguna de las mitades cede.
Si de verdad un grado más ahorra muertes por frío, alguien tendría que empezar a pasar factura a los inviernos de Siberia. Mientras llega el recibo, los termómetros del sur siguen apuntando sus 28 grados a mediodía y nadie sabe si reír o abrigarse.