El hilo se ceba con Amaia: del vídeo derroyente al circo
Arranca con un tuit de
@asier que resume el desconcierto: «pero qué cojones es esto». A partir de ahí, el hilo se convierte en una disección del vídeo del Sant Jordi. Un participante suelta que ha oído «a gorrinos en la matanza chillar mejor», y otro recomienda ver el segundo fragmento porque «los gritos que pega son espectaculares». La conversación salta del vídeo a la biografía, de la biografía a la taquilla y de la taquilla a la teoría de la campaña.
Qué se ha sabido
El hilo se apoya en dos tuits. El primero, de
@Manuelito, sostiene que Amaia «se fue de La Oreja de Van Gogh para ser solista, fracasó y regresó para destruirlos» y que con Leire Martínez el grupo «logró sostenerse y ser relevante». El segundo, de
@La prestatgeria del Videoclub, es el testimonio de alguien que salió del Sant Jordi tras regalar la entrada a su
pareja: «he venido sin ser fan del grupo ni conocer la mitad de temas» y concluye que «la nostalgia lo puede todo, pero no todo vale».
Un forero apunta que la canción que peor le sale es precisamente la más conocida de la etapa de Leire, y lo atribuye a que «nunca superó que dejara el grupo y ellos encontraran a una que la sustituyó de manera más que digna». Otro calcula el perfil del público: gente de entre
30 y tantos y
50 y tantos que tenía «20 años, veintilargos, 18 años o 12 años» a principios de los 2000. Y un tercero lanza la teoría de la campaña: «Años que no escuchaba nada de ellos, y ahora no hay un día que el algoritmo no nos proponga la última de Amaya».
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos frentes. Uno es el juicio sobre la artista: si es una mujer enferma a la que explotan o si es una profesional que no ha sabido retirarse. Un participante sostiene que «los músicos esos son unos cabrones explotando a una señora alcohólica»; otro responde que «hay que saber retirarse en su momento, aunque te hagan falta las perras». La acusación de alcoholismo circula sin prueba, como sospecha de barra de bar.
El segundo frente es el negocio. Unos defienden que todo es una «inteligentísima campaña de la banda» para alimentar la taquilla de los conciertos ya firmados; otros replican que el público paga por nostalgia y que la nostalgia «tiene fecha de caducidad». La discusión sobre si el vídeo es
publicidad o circo se cruza con la del precio de la entrada y con la del comprador: «gente que paga por ver a un mito arrastrarse».
Qué cambia respecto a antes
Nada se da por superado. El hilo añade una teoría nueva: la de que Amaia busca la baja médica y se aferra a alguna cláusula del contrato. También entra el debate sobre el físico —«siempre tuvo tendencia a engordar»— y la petición de que baje peso y cuide la voz. Y aparece un anuncio de una banda tributo a La Oreja en una marquesina, con la pregunta de si algún productor podría contratar a Leire para montar su propia banda tributo. El hilo sigue sin resolverse: unos piden que se calle, otros piden que se ría, y el vídeo se sigue compartiendo.
Cronología de la vergüenza
El primer tuit abre la veda. El segundo, el de @Manuelito, pone la biografía como argumento. El tercero, el del videoclub, trae el testimonio de un consumidor que no era fan. Entre medias, alguien recuerda que «el que está en el suelo tirada es imposible verlo entero, pero el segundo te recomiendo que lo veas». La conversación salta de la caída al grito, del grito a la campaña y de la campaña al anuncio de la banda tributo. El hilo no cierra: sigue sumando capas.