El catálogo de juguetes de El Corte Inglés se agota y acaba en reventa
¿Cómo es posible que un folleto gratuito de juguetes se agote en pleno noviembre y aparezca a la venta de segunda mano? Eso es lo que sostiene el planteamiento que abrió la conversación: los catálogos de Juguetes de El Corte Inglés desaparecen de las tiendas y reaparecen listados en plataformas de segunda mano como Wallapop. El autor del mensaje inicial lo cuenta con sorna:
«Sierra Morena ya está llena de catálogos» y los van a repartir «uno a uno» cuando vuelvan a tenerlos. La fecha no es menor: 21 de noviembre, con la campaña navideña ya en marcha.
Qué ha pasado con el catálogo de Juguetes de El Corte Inglés
El relato de partida es simple y verificable en su propia lógica interna: un artículo que la tienda regala con la compra o entrega en mano se convierte en objeto de reventa. Quien lo cuenta se queja de que los niños se quedan sin él mientras otros hacen negocio. La respuesta más repetida en la conversación no niega el fenómeno: lo ridiculiza.
«Tan difícil es acercarse al Corte Inglés o mirar la web», resume uno de los primeros intervinientes, que apunta a que la versión digital existe y ocupa 719 megas y más de 400 páginas.
El problema es que la versión física no está. Varios mensajes aseguran haber recorrido centros concretos —se mencionan Goya, Princesa y Nuevos Ministerios— y encontrarse siempre lo mismo: agotado. La explicación que se da en la conversación es que se están imprimiendo más ejemplares y que volverán a estar disponibles. Otra intervención, en cambio, afirma lo contrario de lo que sugiere el titular: que los centros están «bien surtidos» y que los catálogos se colocan a la vista para que el cliente vea ahí los precios en vez de en los estantes.
Cuánto cuesta imprimir un catálogo que se regala
Aquí aparece el dato más jugoso de toda la conversación. Un participante cuenta que cogió un ejemplar por curiosidad, recordando su infancia, y al comprobar
la calidad del papel y lo que cuesta imprimirlo lo devolvió a su sitio en lugar de tirarlo a la papelera. Su conclusión es tan lógica como incómoda: si llega a saber que en Wallapop se pagan 5 euros por él, habría cogido seis o siete. La cuenta que hace a continuación es la de cualquier comprador: al precio del catálogo hay que sumar
3 euros de envío y la comisión de la plataforma, lo que convierte la operación en un capricho caro para quien lo compra y un margen discutible para quien lo vende.
La paradoja tiene su gracia: el folleto que la tienda regala para vender juguetes acaba teniendo un precio de mercado propio. Y no es el único caso. En la misma conversación se menciona el bono cultural: hay quien sostiene que se están comprando videojuegos con ese dinero para revenderlos después en plataformas de segunda mano y sacar efectivo. Otro mensaje va más lejos y asegura haber visto ofertas para canjear el bono a cambio de menos dinero del que vale, pero en metálico. Son afirmaciones que circulan sin prueba adjunta y que conviene leer como lo que son: sospechas de reventa, no fraudes documentados.
Por qué se revende un folleto gratuito
La pregunta de fondo no es quién revende, sino por qué alguien paga. La respuesta que da la conversación tiene dos capas. La primera es nostálgica: hay padres que quieren que sus hijos hojeen el catálogo en papel porque no les dejan usar pantallas, y porque ellos mismos lo hacían de niños.
«Hasta esto nos han robado», resume uno. La segunda capa es más incómoda: si algo gratis escasea, alguien le pone precio. La propuesta que se lanza en el hilo es la de siempre: cobrar 3 euros por cada ejemplar y asunto arreglado, porque lo que es gratis se llena de gente dispuesta a hacer negocio con ello.
El catálogo tiene, además, un valor que no se mide en euros. Varios mensajes lo describen como el objeto que marcaba el inicio real de la Navidad, con sus apartados separados de niño y niña, y con la imaginación de un crío recorriendo cada página. Ese es el motivo por el que su desaparición de las estanterías escuece más de lo que su precio sugiere. No es un juguete: es el anticipo de todos los juguetes.
El malestar de fondo: todo se revende
La conversación deriva pronto hacia un malestar más amplio. Se argumenta que la segunda mano ha alcanzado un nivel de miseria que ya no distingue entre lo que vale algo y lo que no, y que la reventa de artículos gratuitos es la prueba. Hay quien ve en ello un síntoma de empobrecimiento general y quien lo atribuye a la falta de educación cívica. También aparece la sospecha contraria: que todo el revuelo sea en realidad un publirreportaje encubierto de la propia tienda o de la plataforma de segunda mano, en un momento en que ambas compiten con los grandes gigantes del comercio electrónico.
El cierre del asunto, a la fecha de esta discusión, es el de siempre: la tienda dice que repondrá, los catálogos siguen listados en Wallapop y los niños siguen esperando. Un folleto gratis que se agota y se revende. Si eso no resume el país, se le parece bastante.