El racismo que se disfraza de análisis económico
¿Por qué un hilo sobre economía termina hablando de razas? La respuesta está en cómo ciertos espacios de internet han convertido el desprecio hacia el otro en una supuesta verdad incómoda. Un mensaje inicial que califica a los hispanoamericanos de origen indígena como «panchos» y afirma que nacer en esos países «debe ser una de las peores cosas que le pueden pasar a un ser humano» desata una cascada de respuestas que oscilan entre la burla, la defensa numantina de la superioridad blanca y el silencio cómplice.
El hilo, abierto en un subforo de economía, acumula 134 respuestas en 316 días. No es un debate sobre tipos de interés ni sobre el precio de la vivienda. Es una conversación sobre quién merece ser considerado humano. Y eso, en un foro que se presume de datos y análisis, debería hacer saltar todas las alarmas.
De la superioridad racial al argumento económico
El mensaje inicial no se anda con rodeos. Su autor distingue entre «panchos» —término despectivo para hispanoamericanos de origen indígena— y descendientes de europeos, a los que concede «genes rescatables». La tesis es simple: hay razas superiores y razas inferiores, y la economía no es más que una consecuencia de esa jerarquía natural.
Las respuestas no tardan en llegar. Unos optan por la burla: «Ser pancho es comerse el garrón de una gran flauta». Otros, por la defensa del honor patrio: «No todos los panchitos son iguales». Y algunos, por el análisis supuestamente objetivo: «No odiamos a los demás, somos objetivos y analíticos. Que hay en los paises tercermundistas como son los de Latinoamérica y África? Basura y miseria, no sois capaces de crear ciudades».
El salto del prejuicio al argumento económico es constante. Se afirma que los países latinoamericanos son «estercoleros» y que sus habitantes emigran a Europa porque «son los paises superiores». La conclusión implícita es que la pobreza no es un fenómeno estructural, sino una marca racial. Y eso, en un foro de economía, es una falacia que se repite sin rubor.
La historia como arma arrojadiza
Cuando el debate se traslada al terreno histórico, el nivel no mejora. Un participante cita textualmente que «durante la colonización española en América, se produjo una catástrofe demográfica que resultó en la muerte de millones de personas de los pueblos originarios» y que «el drástico descenso poblacional, en algunos casos de hasta el 90%, fue resultado de múltiples factores ligados directamente al proceso de colonización».
La respuesta no se hace esperar: «Especialmente por enfermedades que llevamos allí. Y sí, en las conquistas se mata gente. Los romanos pasaron a cuchillo a muchos pueblos prerromanos, los moros hicieron auténticas escabechinas, los gabachos hace no tanto mataron a cientos de españoles... y no andamos lloriqueando. Vuestra miseria actual no es culpa de aquellos tiempos, es responsabilidad vuestra».
El argumento es viejo: como todos han matado, nadie es responsable de nada. Y como la conquista española fue la primera en pedir que se tratara a los indígenas con humanidad, el balance sale favorable. La operación Balmis, que llevó la vacuna de la viruela a América, se menciona como prueba de la superioridad moral española. «Suena bonito pero visto lo visto... se lo podían haber ahorrado», remata el mismo participante.
El racismo que se niega a sí mismo
Uno de los momentos más reveladores del hilo llega cuando alguien pregunta directamente: «¿Te puedo llamar racista?». La respuesta es una pirueta: «No odiamos a los demás, somos objetivos y analíticos». Es decir, el
racismo no es racismo si se presenta como análisis. La superioridad blanca no es un prejuicio, es una conclusión empírica.
Otro participante lo lleva al terreno de la convivencia: «A los blancos les gusta su gente, los blancos. Y a los marrones les gustan sus marrones. No tienen por qué obligarnos a mezclarnos. Para eso están los 5 continentes y el mundo es tan grande, cada raza tiene su espacio». La segregación racial se presenta como una preferencia natural, casi como un derecho.
Y en medio del ruido, alguien lanza una pregunta que nadie responde: «¿Qué se siente a ser pancho?». La respuesta es un encogimiento de hombros: «No sé, no me llamo Pancho. Y el 99% de los hispanoamericanos no conoce ese mote». El desprecio se construye sobre un término que la mayoría de los aludidos ni siquiera reconoce.
La economía como coartada
El hilo se abre en un subforo de economía, pero de economía tiene poco. Se habla de razas, de genes, de culturas inferiores. La única conexión con lo económico es la insistencia en que los países latinoamericanos son pobres porque sus habitantes son inferiores, no porque hayan sufrido saqueo, dependencia estructural o crisis de deuda.
Un participante lo intenta: «Vuestra miseria actual no es culpa de aquellos tiempos, es responsabilidad vuestra». La frase resume la tesis del hilo: la pobreza es una elección, la riqueza es un mérito racial. Y quien no lo ve, es porque no quiere.
Mientras tanto, la conversación deriva hacia lo anecdótico: que si los peruanos y bolivianos son lo peor, que si los colombianos juegan en otra liga, que si los mexicanos no sé qué. La jerarquía racial se aplica también dentro de los propios latinoamericanos. Porque el racismo, cuando se disfraza de análisis, siempre necesita escalones.
Al final, el hilo no resuelve nada. Nadie cambia de opinión. Los que entraron a burlarse siguen burlándose. Los que entraron a defender la superioridad blanca siguen defendiéndola. Y los que entraron a preguntar qué se siente al ser el objeto de tanto desprecio, se van sin respuesta. La economía, mientras tanto, sigue esperando.