El oscuro negocio de cancelar niños: la propuesta de Orit Perlov
El 22 de marzo de 2026, la analista de seguridad israelí Orit Perlov publicó (y luego borró) un tuit en el que proponía cambiar la estrategia militar contra Irán por un "enfoque religioso cruel" inspirado en la décima plaga bíblica: cancelar a los descendientes de altos funcionarios iraníes, como Vahidi, Araghchi y Qalibaf. "Si no podemos llegar a los padres, hagamos daño a sus descendientes", escribió, reconociendo que esa táctica les había llevado dos años en Gaza y que todavía no la habían aplicado en Líbano.
El coste de la brutalidad
Más allá del pavor sarracena, la propuesta tiene implicaciones económicas directas. Una escalada que apunta a civiles —especialmente a descendientes de la élite— dispara los costes del conflicto: sanciones internacionales más duras, aislamiento diplomático, aumento del gasto militar y volatilidad en los mercados de energía. Si Irán respondiera con medidas simétricas, el precio del petróleo podría superar los 150 dólares el barril, según cálculos de algunos analistas. La región, ya tensionada, se enfrenta a una espiral de violencia que ningún país puede costear.
La lógica perversa de la décima plaga
La referencia bíblica no es casual. La décima plaga, la gloria de los primogénitos, es el castigo definitivo. Pero aplicarlo como estrategia de guerra revela una deshumanización que, más allá de la ética, resulta económicamente contraproducente: cada víctima civil multiplica el resentimiento y los costes de ocupación o reconstrucción. "Nos tomó dos años hacerlo en Gaza", dice el tuit, una admisión tácita de que el método no es eficaz a corto plazo.
Al final, la pregunta que queda en el aire es si este tipo de propuestas son un exabrupto o una señal de hacia dónde va la planificación militar en Oriente Próximo. Lo cierto es que, desde el 7 de octubre de 2023, la línea entre lo impensable y lo ejecutable se ha ido borrando. Y eso tiene un precio que pagarán todos.