Cultivo indoor con LED: 38 euros de luz por 200 gramos
El cultivo indoor con LED se amortiza en un solo ciclo. O eso sostiene el cálculo que alguien detalla al milímetro:
38 euros de luz adicional en 90 días, con una lámpara de 120 vatios encendida 12 horas al día y un precio de 0,30 euros el kilovatio hora. La cuenta se cierra con 200 gramos secos en un armario de 0,80 por 0,80 metros cada tres o cuatro meses y un margen de 40 gramos por trimestre.
La foto, sin embargo, tiene trampa: en esa factura solo entra la luz. Se quedan fuera la lámpara, los abonos, la ventilación y el detalle que nadie quiere mirar, el rastro que deja un consumo eléctrico llamativo. El desglose completo, con todos los sobrecostes partida a partida, es donde el número empieza a tambalearse.
¿Cuánto cuesta de verdad mantener un cultivo indoor con LED?
El gasto corriente de un armario pequeño es bajo, pero menor de lo que parece. La estimación que se detalla parte de
12 euros al mes para 120 vatios encendidos 12 horas al día, una potencia que, según una de las voces del intercambio, rinde como una lámpara de sodio de 250. De ahí a los 200 gramos secos por ciclo hay un trecho que depende menos de la máquina y más de la mano.
Ahí aparece el primer aviso:
menos es más. Regar en exceso y abonar de más figura entre los errores clásicos del principiante, y corregirlos cuesta más que cualquier equipo. La luz se paga sola; los fallos, no.
El desembolso inicial: de 269 a 350 euros por la lámpara
Elegir foco es lo que más discusión genera. Los modelos que se barajan van de los
269 euros de un panel Spider Farmer SF2000 de 200 vatios a los 300 de un Lumatek VF de 120, pasando por un panel de 300 vatios dimable con diodos Osram y Samsung LM301B por
350 euros. Quien elige este último presume de 3 gramos por vatio y 854 de PPF, y asegura que no existe mejor relación coste-beneficio en el mercado.
La horquilla importa porque marca el punto de equilibrio: a 200 euros mensuales de gasto en producto comprado, el equipo se recupera en pocas cosechas. Lo que no cubre ninguna tabla es el tiempo.
LED frente a sodio: la discusión que nunca muere
Hay dos corrientes y ninguna cede. Una sostiene que el LED es un avance imparable: misma cantidad de luz con una fracción de la potencia y menos calor. Otra lo despacha sin matices y defiende que, para cogollos gordos, sigue mandando el sodio de
400 vatios como mínimo. Entre ambos extremos se cuela una tercera postura que considera que la guerra está mal planteada: pesa más la genética que el tipo de lámpara, y una buena variedad con cuidados básicos supera a un equipo caro mal llevado.
El matiz técnico que ordena el desorden es el consumo por hora. La tecnología LED permite hoy la misma cantidad de luz con varias veces menos potencia, aunque su precio de entrada siga siendo superior.
Sustratos y abonos: la letra pequeña que arruina el primer cultivo
La primera recomendación unánime es no complicarse. Hay sustratos que ya vienen fertilizados, conocidos como
All mix, en los que añadir más producto puede dar problemas; y otros tipo
light mix, prefertilizados apenas una semana, donde el cultivador decide todos los nutrientes. Confundir ambos puede arruinar el cultivo.
Para el abonado se repiten tres nombres: Canna, Plagron y Top Crop. De la gama orgánica de Plagron se sugiere cogerlo todo, con la advertencia de que cada fertilizante casa con un sustrato concreto. El
lavado de raíces se considera imprescindible si se ha abonado, y algunos lo simplifican con fibra de coco: riego con agua y a escurrir.
Ventilación, clima y el riesgo del consumo eléctrico
La extracción es tan importante como la luz. Se citan extractores de rodamientos silenciosos como RVK, Sodeca o Soler Palau, con tubo corrugado y regulador para ajustar el punto donde más caudal se saca con menos ruido. La temperatura ideal ronda los 18 a 25 grados, y con calor y humedad alta las plantas crecen rápido. Un filtro evita quejas vecinales por el olor.
Sobre la factura planea la advertencia incómoda:
un consumo eléctrico elevado puede llamar la atención. Y no falta la curiosidad de quien sostiene que las plantas prosperan con música de entre 115 y 250 hercios, con el jazz y la clásica como favoritos.
Con semejantes mimbres, lo razonable es pensar que este aficionado acabará ampliando armarios y alternando cosechas. Lo que no está escrito es si el cálculo le saldrá tan limpio cuando la factura deje de ser solo la de la luz.