Galiana llama carrera perdida a 22 años de trabajo fijo
Hay oficios donde un contrato de 22 años seguidos, con renovación anual, es una anomalía estadística. La interpretación es uno de ellos. María Galiana firmó ese contrato y lo sostuvo durante 22 temporadas. A sus 91 años, y según las declaraciones publicadas el 15 de septiembre de 2026, sostiene que fue un desperdicio: «El tiempo que yo llevo como actriz, para mí lo he desperdiciado». El personaje de Herminia, añade, era «ajeno» a su personalidad, y siempre quiso hacer más cine y papeles de mayor peso.
De los 69 a los 91: 22 años de nómina en un gremio intermitente
La aritmética es tozuda. Entró en la serie con 69 años y la ha mantenido hasta los 91, según los cálculos que manejan los propios seguidores de la serie. Veintidós ejercicios consecutivos de trabajo en una profesión donde es habitual el contrato corto, el parón y la vuelta a empezar. Ese es el dato que descoloca a buena parte del público: la queja no llega desde la precariedad, sino desde una de las pocas excepciones estables que el sector produce.
Ahí está el primer choque. Porque el argumento más repetido no es artístico, es contable. Nadie la obligó a firmar: renovó cada año hasta sumar veintidós temporadas, según recuerdan algunos comentarios. Y si el papel le resultaba ajeno, existía la opción de dejarlo, algo que sí hizo, por ejemplo, Carmen Machi.
Qué había antes de Herminia: un Goya y otro papel de abuela
La carrera anterior a la serie no es un páramo. Ganó un Goya por «Solas», hace unos treinta años, y en aquella película también interpretaba a una mujer mayor. Ha hecho teatro y ha llegado a los 91 con salud para seguir viajando y subiéndose a un escenario, según destacan algunos comentarios. Quien sostiene que la serie la rescató del olvido se equivoca de fecha; quien sostiene que la serie le dio la fama masiva, acierta de pleno.
El precedente Machi: dejar la serie y arrepentirse de lo otro
El caso tiene espejo. Carmen Machi dejó una serie en la que era protagonista absoluta para dedicarse al cine, y acabó calificando de malas algunas de las películas que hizo después, según recogió Fotogramas. La conclusión incómoda: salir tampoco garantiza nada. Del otro lado, hay quien recuerda a Imanol Arias tanto por la serie como por «Brigada Central». En este oficio, el personaje que encasilla suele ser también el que paga el alquiler.
Dos relatos incompatibles sobre la misma frase
Una corriente lee la confesión como síntoma de un conflicto generacional más amplio: quien tuvo empleo estable durante dos décadas y ahora lamenta no haber tenido más, en un país donde los que llegan al mercado laboral hoy firman temporalidad y compartirán piso hasta los cuarenta. Otra corriente responde que mezclar ambas cosas es tramposo, y que un intérprete puede agradecer el sueldo y a la vez hacer el duelo por los papeles que no llegaron. No son tesis compatibles. Y ninguna de las dos explica por qué el papel de abuela, un rol que el mercado ofrece a las actrices mayores casi en exclusiva, se percibe como castigo y no como refugio.
La ironía corrió por su cuenta, con bromas sobre castings imposibles para una mujer de 91 años. Detrás del chiste hay un dato serio: en el audiovisual español, cumplir setenta años suele ser la fecha de caducidad profesional, no la de entrada a un proyecto de dos décadas.
¿Cuántos actores de 69 años firmarían hoy veintidós temporadas de lo que fuera? La respuesta no consuela a nadie, y menos a quien acaba de descubrir que el personaje más entrañable de su vida era, para ella, el menos deseado.