Hiroshima no era un bastión cristiano: el mito se desmonta con datos
Hay teorías que se niegan a morir. Una de las más persistentes sostiene que Estados Unidos eligió Hiroshima y Nagasaki para el ataque atómico porque eran las ciudades japonesas con mayor porcentaje de cristianos. La pregunta, formulada una y otra vez en conversaciones históricas, tiene respuesta: no hay ni un solo censo que respalde esa afirmación para Hiroshima. Lo que sí hay son datos fragmentarios y una cadena de malentendidos que merece ser desmontada.
Los números de la fe en Hiroshima
En agosto de 1945, Japón tenía unos 72 millones de habitantes y aproximadamente el 1% se declaraba cristiano, lo que arroja una cifra cercana a los 400.000 creyentes entre católicos y protestantes. De Hiroshima, los registros no ofrecen una cifra exacta de fieles: se sabe que había 13 iglesias cristianas en la ciudad, pero no cuántas personas las frecuentaban. Frente al 6% de Nagasaki, Hiroshima no era un foco del cristianismo japonés, ni mucho menos el mayoritario que sugiere la leyenda.
Nagasaki, el verdadero objetivo de la leyenda
Sí es cierto que Nagasaki concentraba algo más del 60% de los católicos de todo Japón y que allí estaba la catedral de Urakami, un edificio que no sobrevivió al estallido. Pero la historia se tuerce justo donde la teoría anticatólica la necesita: Nagasaki no era el objetivo primario. El plan B se ejecutó porque la nube cubría Kokura, el objetivo designado, y el bombardero se dirigió al aeródromo secundario que encontró despejado. Aquí el clima manda sobre cualquier supuesta venganza de Truman –presidente protestante y masón, según los defensores de la tesis.
El milagro que no prueba nada
Los defensores del relato también citan el llamado 'milagro de Hiroshima': una iglesia que quedó en pie mientras los fieles rezaban. Es un episodio real y documentado, pero solo demuestra que una estructura resistió a la onda expansiva, no que existiera una animadversión especial contra los cristianos. Las instrucciones para seleccionar blancos, desclasificadas hace décadas, priorizaban objetivos militares, el clima y el impacto psicológico. La religión no aparece en ninguna de sus páginas.
Quien busca al cristiano en los papeles de 1945 se encuentra con un vacío estadístico. Trece iglesias y ni una cifra de feligreses. Ese es el dato que descoloca: la leyenda necesita una cifra grande para sostenerse, y la realidad ofrece un silencio que a los conspiranoicos nunca les convence.