Cuál es la película favorita: Kubrick, Kurosawa y un empate eterno
¿Cuál es la mejor película de la historia? La pregunta parece de sobremesa y funciona como test de personalidad. Formulada a un grupo amplio de aficionados, no devuelve un título: devuelve una lista de casi un centenar de nombres en la que conviven
Stanley Kubrick, Akira Kurosawa, Luis García Berlanga y, sin el menor sonrojo, Torrente 3. No hay ganador. Lo que sí hay es un puñado de títulos que reaparecen con una insistencia que ya no parece casualidad, y un patrón todavía más repetido: la mayoría se niega a quedarse con una sola película favorita.
2001: Odisea del espacio, la película que parte al público en dos
Pocas cintas separan tanto como
2001: Odisea del espacio. Para unos es la cima de Kubrick y un objeto que se puede revisitar sin fin: «Puedo pasar horas viéndola y siempre encuentro algo que no anteriormente no había visto», resume uno de sus defensores. Para otros es un
tostón: lenta, incomprensible y con demasiadas
lucecitas al final. Hay incluso quien la usa como filtro social: quien no la aguanta, dice, no le da para una conversación de más de cinco minutos.
El choque llegó a la filmografía. Una intervención la colocó como
la peor de las últimas seis películas del director; la réplica fue inmediata y numérica: después de 2001 rodó cinco, no seis. Y vino con el argumento que suele cerrar estas trifulcas: quien no entiende el uso de la cámara, el de la música clásica ni el papel de HAL 9000 no está ante una mala película, está ante un director que no le interesa. Para los tercos, además, se comparte un recurso didáctico que intenta explicar la cinta escena a escena.
El canon que casi nadie discute: El Padrino, Blade Runner y Pulp Fiction
Hay una franja de títulos sobre la que apenas hay fricción. Las tres entregas de
El Padrino.
Blade Runner, citada con dos funciones distintas, distopía y referencia estética.
Apocalypse Now,
Casablanca o la trilogía de
Regreso al futuro.
Érase una vez en América se defiende con un argumento que excede lo cinematográfico: es larguísima —y por eso se ve menos de lo que se querría—, pero trata la amistad, el paso del tiempo, las vidas desperdiciadas y la vejez, y deja una melancolía que pesa en cada revisión.
Y está
Pulp Fiction, reivindicada como «una auténtica maravilla narrativa»: guion descomunal, ritmo trepidante, estructura circular, la mejor interpretación de Samuel L. Jackson y personajes ya emblemáticos, del matón Vincent Vega al hombre que resuelve los problemas sucios. Su hueco en cualquier lista parece intocable.
¿Por qué tanta gente no sabe elegir una sola película?
Porque la pregunta obliga a comparar un drama bélico con una comedia de instituto. Es el argumento de quienes se resisten: elegir una sola es imposible cuando lo que se valora cambia con la edad, con el humor del día y con las ganas de volver a ver algo. De ahí salen las respuestas más útiles y menos solemnes, las que admiten que hay títulos que se sostienen más por la escena concreta que por el conjunto.
De Kurosawa a Berlanga: la lista de los que sí se mojan
Aquí llega el bloque más denso. Fritz Lang, Billy Wilder y Charles Chaplin, con
El Chico señalada como su mejor trabajo. Cinema paradiso. Ser o no ser. Los siete samuráis, Yojimbo y Vivir, de Akira Kurosawa, esta última citada entre las más conmovedoras que se han rodado. Casablanca. La evasión, de Jacques Becker. Los cuatrocientos golpes. Viridiana y El ángel exterminador, de Buñuel. Plácido, El verdugo y Bienvenido Mr. Marshall, de Berlanga. Muerte entre las flores, Fargo y Barton Fink. Hasta que llegó su hora. Y, con retraso y cierto reproche a los demás, El hombre que mató a Liberty Valance.
En esa misma línea aparecen Doce hombres sin piedad, definida como obra maestra, y Senderos de gloria, una de las mejores bélicas jamás rodadas. También se cuela la eterna queja del lector: hay una adaptación despachada con un
nada que ver con el libro que resume el cabreo de media internet.
Acción, thriller y cine sin pretensiones
El otro extremo pesa tanto como el canon.
Jungla de cristal,
Gladiator,
Conan el bárbaro,
Memento,
Gattaca,
They Live y El Vengador Tóxico, esta última citada con la advertencia de que su remake llega con otro reparto. Torrente 3, Cateto a babor, La fuga de Albania, sin complejos. Y, tirando de memoria afectiva, títulos que nadie pondría en un canon serio: Barbie, Chicas malas, Una rubia muy legal.
Circula además un bloque de thrillers que resisten revisionados constantes: Día de entrenamiento, Heat, Collateral, Días extraños, Seven y El silencio de los corderos, con The Big Kahuna colada por la puerta de atrás y descrita como
obra maestra secreta. El mensaje más repetido es el de quien reaparece con una cinta vieja y la vuelve a ensalzar tras el enésimo visionado.
Al final, la pregunta no mide cine. Mide biografía. Quien responde Torrente 3 a los veinte suele seguir respondiendo Torrente 3 a los cuarenta, y con más convicción. Buscar aquí un consenso es como buscar aparcamiento en agosto: alguien lo encuentra, pero no será por el método.