Patrón oro, bitcoin o banca libre: la batalla por el dinero ideal
La pregunta parece de sobremesa, pero lleva 983 días coleando: ¿cuál es la configuración del dinero ideal? El punto de partida es incómodo. Quien lo lanza sostiene que es el primer tema que debería debatirse en cualquier sociedad y que, sin embargo, está vetado. Todo lo demás, añade, es discutir el color de las cortinas. La discusión arranca con una encuesta de opciones que van desde la competencia de monedas privadas respaldadas en materias primas hasta el patrón oro puro, pasando por el bitcoin y el fiat con cero impresión. No es un debate menor: toca el crédito, los impuestos, la planificación estatal y el papel del
ahorro.
Qué es el patrón oro y por qué vuelve al centro
La propuesta más repetida es el patrón oro. Se defiende como la única verdad que no se puede manipular sin pagar las consecuencias, con inflación cero. El argumento de fondo es que el dinero es un medio de intercambio y una unidad de valor, y cuanto más cerca esté de ser un valor real y menos de un valor impuesto, mejor. La precisión del instrumento, dicen, es lo que importa. El bitcoin, en cambio, tendría que ganarse algo que el oro ya tiene: la confianza.
La crítica llega rápido. Si el dinero es reserva de valor, la gente lo atesora. Es como pedir un coche de 500 caballos y luego quejarse de que corre mucho. Y hay una objeción más práctica: ¿cómo se financia un planificador que quiera impulsar sectores estratégicos sin impresora? La respuesta es incómoda: con impuestos altos o con decisiones transparentes, pero no con mentiras. La impresora, sostienen, es un modo de estafa.
El problema del crédito y la banca libre
El oro no da crédito, y eso es un problema. La salida que se propone es la banca libre o la emisión privada complementaria. La idea es que el crédito no proceda del ahorro y que los efectos de Cantillon sean temporales y se purguen solos, porque no hay prestamista de última instancia. Es el amortiguador del coche. Con emisión privada, argumentan, obligas al gobierno a defenderse con su patrón oro para no desaparecer.
La objeción es que si la emisión no está respaldada, es falsificar moneda, el mismo sistema actual. La respuesta es que, sin prestamista de última instancia, quien lo hace mal quiebra. Y si quiebra, quiebra: nadie la rescata. El riesgo no recae sobre la sociedad, a diferencia del fiat. El debate derivado —cómo se regulan, si hay aseguradoras privadas, si el riesgo lo asume el usuario— queda abierto.
Competencia de monedas privadas respaldadas en materias primas
Otra corriente propone competencia de monedas privadas respaldadas en materias primas. La competencia obliga a las monedas a ser cada vez mejores. Que sean privadas erradica la manipulación de los políticos manirrotos. Que sean en materias primas da respaldo y flexibilidad: si solo fuese oro, los grandes productores tendrían una ventaja competitiva injusta y la masa monetaria estaría constreñida, como en la Edad Media. Con materias primas, la masa puede expandirse todo lo necesario.
Hay quien va más allá y propone competencia de monedas privadas libre, sin respaldo obligatorio. Que cada uno saque lo que considere y opere. El tiempo y el mercado traerían la más óptima al frente. De ahí saldría una cesta: unas con respaldo fuerte y mucho coeficiente de caja para el ahorro bloqueado, y otras altamente especulativas donde la velocidad del dinero sea clave.
Bitcoin, energía y otras propuestas
El bitcoin aparece como opción, aunque con matices. Se le reconoce que en algunos países ya se usa para pagos e impuestos, y que El Salvador o Palau lo han adoptado, pero siguen siendo excepciones. La confianza es la asignatura pendiente frente al oro.
También hay propuestas más heterodoxas. Una es la energía en el sentido más amplio: tú eres energía, se argumenta. El problema es cuantificarla como capital. Otra es el fiat con cero impresión: si la cantidad de moneda fuese fija, no habría manipulación de tipos de interés ni ciclos económicos con objetivos políticos. La moneda sería deflacionaria, que es como tiene que ser el papel, porque solo es crédito.
La expansión monetaria y el hurto de los depósitos
El diagnóstico compartido es que el problema es la expansión monetaria. Para detener la expansión crediticia hay que hacer dos cosas: dejar de imprimir y empezar a considerar el uso de los depósitos a la vista como hurto, como se consideraba en el derecho romano. La referencia es el libro de Huerta de Soto, que lo explica a nivel contable.
El patrón oro se defiende como deflacionario, lo que impide que el Estado robe, porque la tasa bancaria se mantiene por debajo de la tasa natural. La liquidez del oro, se argumenta, es insuperable: se almacena y apenas se usa en joyería. La ley de Gresham dice que todo el oro va a crédito, así que eso de que no hay crédito es una leyenda. En una economía pobre hay tipos altísimos y el precio del oro igual, porque se necesita ahorro.
El punto donde el análisis se atasca
La discusión se enreda en un detalle técnico que nadie cierra: si la emisión privada desvirtúa o no un patrón oro. Unos sostienen que si toda la emisión está respaldada por oro, no hay problema. Otros replican que una moneda sin respaldo es la nada, vale el papel, y que el mismo problema hay emitiendo papel moneda sin respaldo que con reserva fraccionaria. El debate sobre qué es una moneda privada válida queda para otra sesión. Y ahí se queda, exactamente ahí, sin resolver.