Canarias y la OTAN: qué respuesta habría ante una incursión de Marruecos
La entrada masiva de personas en Ceuta —una cifra que un participante del hilo eleva hasta las 80.000 personas— y una información publicada que atribuye a Marruecos el seguimiento de aquella operación con dos satélites espía han reabierto una pregunta incómoda. Canarias concentra turismo, puertos y una posición atlántica que parte del análisis sitúa en el punto de mira de Rabat. La duda ya no es si habría respuesta diplomática. La duda es si habría respuesta material.
¿Tiene Marruecos capacidad para un desembarco militar en Canarias?
Es el primer punto donde el análisis se parte en dos. Una corriente sostiene que la operación es sencillamente inviable: el país vecino carece de proyección naval suficiente para sostener un desembarco a distancia sobre un archipiélago, y el intento quedaría retratado como un acto de guerra sin retorno. En contra juega el recuerdo de Perejil, cuando fuerzas marroquíes tomaron un islote español sin que nadie lo considerara imposible de antemano.
Ahí está la grieta del razonamiento. Que Marruecos no tenga hoy capacidad de invadir Canarias no significa que no pueda intentarlo. Y quien intente algo así asume que la respuesta llegará tarde, mal o nunca. Ese cálculo —no la capacidad— es lo que se discute.
El artículo 5 de la OTAN y el problema de la ambigüedad
El archipiélago está bajo el paraguas de la Alianza Atlántica. Ese es el argumento más repetido para dormir tranquilo, y también el más discutido. Un ataque armado contra territorio de un miembro activa el artículo 5, que obliga a los aliados a responder. Marruecos no es miembro. La obligación existe sobre el papel.
El problema es la política, no el tratado. Si la operación se hiciera con el visto bueno de Washington, la respuesta de la OTAN sería una negociación, no una movilización. Estados Unidos pesa demasiado dentro de la estructura aliada como para que la Alianza se mueva en contra de sus intereses, y el propio debate sobre la retirada estadounidense de la organización alimenta el escepticismo.
Perejil, Las Malvinas y el precedente que nadie quiere repetir
El paralelismo más citado es el de las Malvinas: islas lejanas, poco guarnecidas y defendidas por una potencia que reaccionó tarde y desde muy lejos. La diferencia es que aquí la disuasión se apoya en un tratado. El otro precedente es Perejil: una provocación que sí tuvo respuesta y que sirvió para fijar dónde estaba la raya.
De aquello quedó una lección ambigua. Funcionó porque había voluntad política de responder. Sin voluntad, cualquier territorio es negociable.
Pateras, control migratorio y el escenario que se considera más probable
La vía del desembarco es la menos creíble. La que se considera viable es la presión migratoria: una apertura de fronteras y una oleada de embarcaciones sobre las islas más cercanas a la costa africana, Fuerteventura y Lanzarote. Menos espectacular, más barata y con un coste reputacional bajo para quien la ejecuta.
Aquí no hay artículo 5 que valga. Una crisis migratoria no es un ataque armado, y la respuesta se queda en el terreno policial y diplomático. Es el escenario que deja a España sin herramienta clara.
El análisis se atasca en el mismo punto que llevó a abrir el asunto: nadie discute que exista un tratado, ni que existan fuerzas armadas. Se discute si alguien movería un dedo cuando el coste de moverlo superase el beneficio de no hacerlo. Y esa pregunta no la responde ningún texto legal.