Dos alumnos rusos en España: paneslavismo contra soberanía
¿Qué pasa cuando en la misma aula conviven un joven que repite el marco del Kremlin y una alumna del Dombás que huyó de la guerra? El caso lo cuenta un docente que esta semana ha abordado con su alumnado —todos mayores de 17 años— el ataque ruso a Ucrania. En clase hay nacionalidades de Pakistán, Rumanía, Venezuela, Colombia, Marruecos, Rusia y del Dombás. El contraste entre los dos relatos es el material más útil para entender cómo se transmite el discurso imperial ruso fuera de Rusia.
El alumno ruso sostiene que Rusia tiene derecho a intervenir en Ucrania porque «son todos eslavos», que existe un «destino histórico» al que ningún país puede oponerse y que el derecho internacional o la soberanía son conceptos occidentales, instrumentos de la OTAN. Para él, Zelenski y el resto de dirigentes ucranianos son «bufones» a los que Putin va a escarmentar. La alumna del Dombás, con familia mixta rusa y ucraniana, no quiere la guerra, considera a Putin un dictador y defiende que Ucrania se defienda, aunque tiene un familiar en el ejército ruso.
Qué es el paneslavismo y de dónde viene
El paneslavismo fue un invento ruso del siglo XIX para justificar la expansión del Imperio Zarista hacia territorio europeo. Los ucranianos han estado más tiempo bajo soberanía polaca que rusa; solo pasaron a formar parte del Imperio ruso tras los repartos de Polonia a finales del siglo XVIII. Lo mismo los bielorrusos. Mientras Europa occidental colonizaba ultramar desde el siglo XV, Rusia colonizaba Europa: Bielorrusia, Ucrania, Georgia, las repúblicas Bálticas, Polonia, Finlandia.
La tesis del alumno ruso encaja en ese marco: la noción de «pueblo eslavo» por encima del derecho de cualquier país y de su soberanía. Una visión imperial de Rusia como guía de un pueblo independientemente de las fronteras. El docente lo resume como una «unidad de destino en lo universal» de libro.
La alumna del Dombás: Ucrania es su país, no Rusia
Viene de una familia mixta, rusa y ucraniana, con familiares en ambos países. Habla ruso y ucraniano. Dice que no quiere la guerra, que odia a Putin —lo compara con un dictador— y que Ucrania debe defenderse, aunque un familiar suyo esté en el ejército ruso. Para su familia, que huyó de la zona del Dombás en 2016, Ucrania es su país. En ningún caso Rusia. Son parecidos como un español y un venezolano, dice, pero no son un pueblo.
Considera a Zelenski más valiente que Putin y cree que Rusia no va a parar: tras Ucrania irá a por Georgia, o a por Estonia, Letonia y Lituania, y a lo mejor a por Polonia. Los más pro-Putin de su ciudad también están por la expansión rusa allí donde haya eslavos.
El miedo a una ocupación larga y a una guerrilla
El docente que plantea el caso teme que Putin arrase Ucrania y que se produzca una ocupación larga, costosa en vidas, frente a una resistencia ucraniana en base a guerrillas. Y que, de no ser así, no tarde en atacar Georgia o las repúblicas Bálticas. Hay quien sostiene que Putin solo está marcando territorio y que después habrá veinte años de paz porque habrá dejado claro que no se pueden instalar misiles de la OTAN a menos de 3.000 kilómetros de su frontera. Otros creen que la insidia ucraniana contra Rusia tiene lógica por heridas incurables entre ambos países, pero que Europa, China y Estados Unidos lo utilizan para sus fines.
El eco en España: independentismo, OTAN y doble rasero
En la conversación aparece una comparación recurrente: la argumentación del alumno ruso se parece a la de algunos independentismos que apelan al destino histórico de un pueblo por encima de la soberanía. La diferencia, señalan algunos, es el uso de la violencia. También se critica el doble rasero: quienes denuncian el ataque ruso y callaron ante Libia, el Sáhara o Palestina, o al revés, quienes critican a Israel y defienden a Putin. La falacia de libro, se argumenta, es creerse que la OTAN no es responsable de lo que ha sucedido y la más interesada en que el conflicto se alargue.
Qué se puede hacer en un aula con esto
El docente defiende que hablar las cosas con datos, argumentación y respeto es la base para evitar conflictos y consolidar o cambiar de opinión. Recuerda que una de las características de la poseverdad es que la gente elige informarse en medios que refuerzan su opinión previa, pero que sometidas a debate público muchas veces se dan cuenta de que son ridículas. No todos los mensajes del alumnado son analizables: hay quien directamente pide no calentar la cabeza a los chavales.
La escena deja una pregunta incómoda: si un joven educado en España repite el marco imperial del Kremlin rodeado de gente que no piensa como él, cuántos lo harán en Rusia sin contrapeso. La alumna del Dombás, en cambio, tiene claro que no quiere la guerra y que Ucrania es su país. Dos alumnos, dos relatos, una misma aula.