Ramón Paso, el director «feminista» señalado por 14 mujeres
La Fiscalía Provincial de Madrid ha presentado una denuncia contra el dramaturgo y director teatral Ramón Paso por presuntas agresiones sexuales. Son
catorce mujeres de entre 18 y 25 años y todas ratificaron su testimonio en sede fiscal. A ese primer bloque se han sumado después otras siete actrices que han solicitado incorporar sus casos a la causa. Paso, de 47 años,
es bisnieto de Jardiel Poncela y nieto del dramaturgo Alfonso Paso. Ninguna de las acusaciones ha sido probada en un juicio y sobre él pesa la presunción de inocencia.
Quién es Ramón Paso y por qué se le situaba en el teatro feminista
El director venía presentándose como una de las voces del
teatro comprometido. En una entrevista recogida en la prensa explicaba que en su compañía había «dos líneas: propuestas esencialmente feministas siempre y comedia», y remataba con que «hacer reír es muy difícil». El discurso encajaba con la etiqueta de
«teatro político, feminista y de resistencia» que se colgaba al proyecto, el mismo sello con el que se anunciaba su versión de ciertos clásicos.
La dramaturga y directora de escena Alana S. Portero ha contado que coincidió con él hace años en una librería. Aquel primer encuentro fue «cordial, incluso entusiasta», pero pronto —dice—
le «previnieron de este señor, porque tenía comportamientos de acoso a mujeres». El contraste entre el relato público y lo que se cuenta en privado es el eje incómodo del asunto.
Por qué Pepe Viyuela abandona la obra
El actor
Pepe Viyuela ha dejado la obra en la que interpretaba a Jardiel Poncela. La salida llega después de que la actuación de la Fiscalía se hiciera pública en los medios. Hay quien apunta en el debate que el movimiento busca desmarcarse antes de que salpique; otros lo leen como una decisión de mínimos. Lo incuestionable es que el nombre del bisnieto del autor que daba título al montaje ya no protege a nadie de nada.
Conviene no perder de vista el detalle: el mismo apellido que abría puertas en la cartelera funciona ahora como lastre. La pertenencia a una saga teatral no es un aval de conducta, solo un dato biográfico.
¿Por qué se pregunta si siguió actuando hasta que salió en prensa?
Aquí asoma la pregunta que nadie termina de cerrar.
Si los comportamientos eran tan evidentes, ¿cómo siguió en cartel hasta que el caso saltó a los medios?, se preguntaba en el hilo. El calendario chirría. Las denuncias se hicieron públicas un miércoles y las solicitudes de nuevas denunciantes llegaron después. Entre la primera queja y la primera consecuencia pública hay un hueco que ningún comunicado rellena.
Ese desfase es el que más incomoda a propios y ajenos. No tanto por lo que revela de un individuo como por lo que dice de un sector capaz de convivir durante años con lo que, según se sostiene, era un secreto a voces.
Presunción de inocencia y los casos que no se sostuvieron
Una parte del análisis recuerda que
todavía no hay condena y pide no confundir sospecha con hecho probado. En el hilo se citan precedentes de acusaciones múltiples que después no se acreditaron —se menciona a Morgan Freeman y ocho acusaciones— para reclamar prudencia. Enfrente, quien considera que catorce testimonios coordinados ante la Fiscalía no son un rumor de pasillo, y que la presunción de inocencia no obliga a nadie a fingir que no ha leído nada.
El terreno se mueve entre esas dos aguas. Con un caso que también se ha comparado con los señalamientos contra Plácido Domingo, la discusión de fondo no es qué opinar de Paso, sino cuándo está legitimado el público a llamar a alguien algo antes de que lo diga un juez.
El poder del director en el casting
Más allá del nombre concreto, el caso reabre un debate estructural del sector escénico. Un director decide a quién ficha, a quién repite y a quién descarta. Esa asimetría frente a actrices jóvenes, a menudo en sus primeros trabajos, es la que convierte un teatro pequeño en un lugar sin testigos.
Con catorce ratificaciones fiscales y otras siete llamando a la puerta, el asunto ya no depende del eco que le dé una redacción. Tampoco lo cierra. Es exactamente el punto donde el análisis se atasca: todo lo que se diga de más o de menos acabará pesando en un procedimiento que aún no ha terminado de empezar.