Gredos, Loeb y librerías de viejo: la biblioteca grecolatina que resiste
Leer a Homero, Tucídides o Plutarco en 2026 no es una afición de eruditos con polvo en las solapas. Es una decisión de compra. Y esa decisión tiene tres frentes abiertos: la edición en papel de segunda mano, la Biblioteca Clásica Gredos —con sus introducciones sobre la transmisión del texto— y la Loeb Classical Library en inglés, que según un participante es la única vía para autores como Dión Casio o Apiano si no se domina el griego. El problema no es qué leer. Es a qué precio y en qué soporte.
Gredos: la traducción de referencia y su letra pequeña
La Biblioteca Clásica Gredos funciona como patrón oro en castellano. Sus introducciones detallan la transmisión textual con una profundidad que otras colecciones no alcanzan, y durante décadas se ha dicho que sus versiones del griego y el latín eran las mejores disponibles. Ahí está el consenso.
La letra pequeña es de peso. Faltan historiadores antiguos por publicar, entre ellos
Ammiano Marcelino, y para leer a
Dion Casio o
Apiano en español no hay alternativa real fuera de esa colección. La editorial pasó a manos del grupo
RBA alrededor de
2010, según un participante, y desde entonces el interés por el catálogo grecolatino compite con el interés por la cuenta de resultados.
Hay una historia paralela que explica el mercado actual. Según un cálculo que circula, la colección original llegó a
420 tomos —dos proyectados que nunca salieron, lo que dejó la numeración algo descosida, y dos complementarios exclusivos para suscriptores—. Después vino una versión recortada que se quedó en
150 tomos. Esa diferencia entre lo que se publicó y lo que se sigue publicando es la que sostiene los precios de segunda mano.
Qué se paga por un Gredos de viejo y por qué
El mercado de segunda mano se ha convertido en el campo de batalla. Los volúmenes antiguos de Gredos alcanzan cifras que hacen pensar dos veces antes de comprar. La alternativa que circula: descargar el PDF, imprimirlo y llevarlo a un encuadernador que cosa las tapas con calidad, no con gusanillo. Sale más barato que pagar según qué precios.
Para los clásicos de Homero, la traducción de
Luis Segalá y Estalella de
1927 se cita como la mejor posible en castellano, aunque sea en prosa. El propio traductor defendía esa elección: el verso del griego antiguo rara vez suena con naturalidad en español. Conviene evitar la primera versión, de
1908-1910, donde los dioses griegos aparecen con nombres romanos.
El circuito de librerías de viejo sigue dando piezas. Un ejemplar de
El asno de oro de Apuleyo por
1 euro en la Cuesta de Moyano, en Madrid, en la edición del Círculo de Amigos de la Historia. Un
De Re Rustica de Columela en edición española de
1824. La caza funciona, pero exige tiempo y conocimiento del terreno.
Loeb y el hueco que el español no cubre
La Loeb Classical Library es la opción más completa en inglés. Ahí está todo o casi todo. Para los seguidores de
Juliano el Apóstata, tres volúmenes recogen lo conservado, y el tercero incluye unas
80 cartas y fragmentos de su obra
contra los galileos. También aparece el
De viris illustribus de
Cornelio Nepote, con más de
20 biografías de generales extranjeros, entre ellas la de
Aníbal, al parecer basada en fuentes no romanas, y la de
Catón el Censor.
La historia de las guerras de Justiniano de
Procopio de Cesárea no se encuentra completa en español; en Loeb ocupa
7 volúmenes. Para el período entre el
323 y el
220 a.C. quedan las
Historias de Polibio, la
Biblioteca Histórica de Diodoro de Sicilia, varias biografías de las
Vidas Paralelas y los
Hechos después de Alejandro de Arriano, conservados solo en extractos de escritores romanos tardíos y bizantinos. El problema de fondo: todas las obras de los historiadores contemporáneos de esa época se han perdido.
El PDF colectivo y la guerra por conservarlo
Circula una recopilación digital con los
420 tomos de la colección clásica, aunque la conversión se califica de chapucera: mezcla de epub convertido a PDF hecha a toda prisa. La recomendación es hacer copia en disco duro y subirla a otros servicios para que no desaparezca. Faltan Estrabón, Dión Casio y algún autor más.
Para los textos cristianos y romanos tardíos la cosa se complica. Páginas que antes ofrecían traducciones de la patrística latina —
Tertuliano,
Cipriano de Cartago,
Lactancio— han ido cayendo, y en la única que sigue en pie los enlaces a PDF no funcionan. Quedan autores como
Paulino de Pella,
Claudiano,
Macrobio o las
Etimologías de
San Isidoro de Sevilla, pero sin traducir.
Leer en papel frente al audiolibro
La discusión de fondo no es solo económica. Hay una corriente que defiende que lo que no está en papel no se lee, ni se relee, ni se domina. El audiolibro queda fuera de esa ecuación: se considera un formato que no equivale a la lectura. La postura contraria existe, pero no articula un argumento tan cerrado.
El riesgo que se señala es otro: convertir el estudio de los clásicos en una trinchera. La recomendación que aparece es no acabar en misantropía crónica. La cultura grecolatina da energía, visiones y belleza, pero también puede cerrar la puerta por dentro.
Ahí se atasca el análisis. Con los precios de segunda mano donde están, con los catálogos incompletos y con los PDF circulando por vías paralelas, la biblioteca grecolatina perfecta no existe. Existe la que cada uno consigue montar.