Jesús Gil en el Congreso: la hipótesis que explica el populismo
España no habría cambiado con Jesús Gil en el Congreso: habría cambiado el Congreso. La hipótesis, absurda y sugerente a partes iguales, sirve para calibrar hasta qué punto la política española podía generar su propio Donald Trump antes que Estados Unidos. El constructor que intentó llegar a las Cortes en 2004 con su Grupo Independiente Liberal es el antepasado directo de una forma de hacer política que hoy ocupa escaños bajo otras siglas.
Quienes lo estudian lo retratan como un adelantado: discurso «verité», nulo respeto por la corrección parlamentaria y un instinto para el titular imposible de replicar. Hay quien va más lejos y lo despacha como un simple mafioso, y quien especula con un hipotético pacto con Sánchez a cambio de recalificaciones. Lo que nadie discute es su capacidad para dinamitar el orden establecido.
El precursor del ruido
La comparación con Trump no es casual. Gil era promotor inmobiliario y construyó su imagen en los márgenes del sistema, con una retórica que hoy llamaríamos populista. En el Congreso, habría sido un tanque en una cristalería: su enfrentamiento con el presidente del Compostela en la Federación de Fútbol, aquel episodio legendario, resumía un estilo que los manuales de ciencia política no contemplan.
Qué habría pasado después
La ucronía deja más interrogantes que certezas. ¿Habría nacido Vox si Gil hubiera ocupado ese espacio? ¿Habría absorbido el PP su discurso? La respuesta probable es que el sistema habría encontrado la forma de engullirlo. Pero la pregunta sigue ahí: veinte años tarde, el hemiciclo sigue sin saber muy bien qué hacer con el ruido. Y eso, quizá, es lo único que no habría cambiado.