El gasto militar se multiplica por cuatro con Sánchez, según un cálculo que circula
El gasto en defensa de España se ha multiplicado por cuatro desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, según la cifra que se repite en los mentideros digitales. De los 10.000-11.000 millones de euros anuales se habría pasado a una cifra muy superior en el octavo año de Gobierno socialista. El dato, que no ha sido desmentido oficialmente, alimenta una tesis incómoda: la de que un eventual Ejecutivo de derechas no sería el único que enviaría tropas a un frente exterior.
La pela es la pela, pero la vida es la vida.
¿Por qué se dispara el gasto militar si no hay guerra?
La pregunta planea sobre el debate. El aumento del gasto militar en España se justifica oficialmente por los compromisos con la OTAN y la guerra de Ucrania, pero hay quien ve otra cosa: un rearme silencioso que ningún gobierno quiere explicar en campaña. El cálculo que circula por los foros económicos —y que nadie ha desmentido— apunta a que el Ejecutivo de Sánchez ha multiplicado por cuatro la partida de defensa. Si eso es así, el argumento de que solo la derecha enviaría a los ciudadanos a combatir se tambalea.
La discusión se enreda con el espinoso asunto de las pensiones. «Se quitan el problema de las pensiones de un plumazo», sostiene una parte de los intervinientes, que ve en un conflicto bélico una solución macabra al envejecimiento demográfico. No es una tesis nueva: ya circulaba en los años de la burbuja inmobiliaria, cuando algunos auguraban que la única salida al agujero de las pensiones era una guerra que se llevara por delante a la generación del baby boom. La novedad es que ahora se aplica a un hipotético frente ucraniano.
El voto útil y el miedo a la movilización forzosa
El miedo a una leva forzosa recorre el debate. «Nos mandan a todos los que estemos entre 30 y 60 años al frente ucraniano», se afirma sin aportar prueba alguna, como si el simple hecho de votar a un partido u otro fuera a determinar quién empuña un fusil. La realidad es que España no tiene servicio militar obligatorio desde 2001 y que ningún gobierno ha planteado recuperarlo. Pero el temor es real y condiciona el voto.
Hay quien sostiene que votar al partido de ultraderecha es la única forma de evitar ese destino. «Mejor puto amo que amo puto», resume un interviniente, que admite votar «con la mano en la nariz». La lógica es la del mal menor: si hay que elegir entre un psicópata y un pelele, mejor el psicópata, porque al menos no obedece a Bruselas. Es una corriente de opinión que gana terreno en los foros económicos, donde la desafección hacia el Gobierno y hacia la oposición tradicional se retroalimentan.
La respuesta de la izquierda: «Votar a Pedro es votar por la vida»
Frente a esa tesis, otra parte del debate sostiene lo contrario: votar al PSOE es votar por la vida. «Votar a Pedro es votar por la vida», se lee en un mensaje que resume la postura opuesta. Según esta corriente, la derecha no solo no evitaría una guerra, sino que la buscaría para contentar a sus aliados internacionales y a los intereses del complejo militar-industrial. «Hay algo más bonito que entregar tu vida en el altar de los ideales de BlackStone y del bolsillo de la familia Trump?», ironiza otro interviniente.
El intercambio se crispa cuando se menciona el patriotismo. «Nunca moverás un dedo por tu país, pero corres a apoyar a tu líder», espeta un participante a otro que dice votar a la ultraderecha. La respuesta no se hace esperar: «Mi país es España». Y la réplica: «Entonces no votarías a la Antiespaña». El concepto de «Antiespaña» —acuñado por la izquierda para descalificar a la derecha— se ha convertido en un arma arrojadiza de doble filo.
El gasto militar en cifras: lo que dice el dato que circula
El dato más repetido es el del gasto militar. Según la cifra que circula, en 2018 —año en que Sánchez llegó al Gobierno— España gastaba entre 10.000 y 11.000 millones de euros anuales en defensa. En 2026, octavo año de Gobierno socialista, la cifra se habría multiplicado por cuatro. No es un cálculo oficial, pero tampoco ha sido desmentido. Si se confirma, España estaría muy por encima del 2% del PIB que exige la OTAN, un umbral que el Gobierno se comprometió a alcanzar en 2029.
El aumento del gasto militar tiene una explicación oficial: la guerra de Ucrania y el rearme europeo. Pero hay quien ve otra cosa. «¿Por qué semejante subida? ¿Qué sentido tiene?», se pregunta un interviniente que sospecha que el Gobierno prepara el terreno para un conflicto mayor. La tesis no es descabellada: varios países europeos han reintroducido el servicio militar obligatorio o han ampliado la reserva. España, de momento, no.
El frente marroquí: la guerra que nadie descarta
Si hay un conflicto que los intervinientes ven más probable que el ucraniano, ese es el de Marruecos. «La única guerra a la que irá España es contra Marruecos», sentencia un participante. «Nos tenemos ganas mutuamente y se ha tensado tanto la cuerda que con un gobierno no socialista en cualquier momento cruzarán la línea». La hipótesis, que no cuenta con respaldo oficial, refleja una desconfianza mutua que viene de lejos: la crisis de Perejil, la del Sáhara y los episodios migratorios de Ceuta y Melilla han dejado heridas abiertas.
Otros intervinientes, sin embargo, ven en Marruecos un aliado necesario. «No hijo no, nos mandarán a matar moros como debe ser», escribe un participante con un lenguaje que este medio no reproduce. La discusión sobre el gasto militar se cruza así con el debate sobre la inmigración y la política exterior, dos asuntos que en España van de la mano.
El voto rentista: alquilar el chalet y vivir de las rentas
Entre tanta geopolítica, un interviniente introduce un elemento inesperado: el voto rentista. «Tengo pensado alquilar el chaletón de mis padres por estancias a 10 hermanas, una por hueco», escribe. «Necesitaré las leyes liberales peperas para asegurarme que paguen y no metan en problemas». La confesión, medio en broma medio en serio, revela una preocupación creciente: la okupación y la inseguridad jurídica de los pequeños propietarios.
El asunto no es menor. La ley de vivienda aprobada en 2023 ha generado un intenso debate sobre sus efectos en el mercado del alquiler. Hay quien sostiene que ha disparado la okupación y ha reducido la oferta; hay quien defiende que ha protegido a los inquilinos frente a abusos. En cualquier caso, el miedo a que un inquilino deje de pagar y no se pueda recuperar la vivienda es uno de los motivos que más está moviendo el voto en los segmentos de propietarios.
El cierre: una predicción con reservas
Con estos mimbres, es probable que el miedo a la guerra y a la okupación pesen más que cualquier otro asunto en las próximas elecciones. Pero conviene no fiarse: el electorado español es volátil y las encuestas han fallado antes. Si algo enseña la historia reciente es que los escenarios que parecían imposibles —un presidente que se niega a dimitir, un partido de ultraderecha que entra en el Gobierno, una pandemia que paraliza el mundo— acaban ocurriendo. La única predicción segura es que nadie tiene la bola de cristal.