Antón Losada contra Sánchez: el momento crítico del presidente
¿Qué hace falta para que un analista afín, por mucho que se le retuerza, termine criticando a Pedro Sánchez? La respuesta, a la vista de las últimas horas, es: mucho. El clima político se ha enrarecido hasta el punto de que incluso los incondicionales del presidente reconocen que el Ejecutivo pisa terreno peligroso. De fondo, un móvil intervenido y una creciente presión desde Marruecos; en el aire, viejas heridas como el 11M que vuelven a supurar.
La gravedad del asunto tiene una lectura económica: la incertidumbre política es el peor enemigo de la inversión. Y con un Ejecutivo cuestionado desde dentro, los mercados empiezan a mirar con lupa la prima de riesgo. Ya no es solo la derecha buscando la dimisión: la izquierda oficialista mira hacia otro lado cuando el presidente pierde el control.
El móvil maldito y la sombra de Marruecos
Las informaciones, no confirmadas, hablan de conversaciones comprometedoras en un terminal intervenido. Se especula con que el contenido pondría en jaque al Gobierno y que estaría relacionado con presiones de Marruecos sobre Ceuta, el Sáhara o determinados acuerdos. Algunos van más allá y vinculan al PSOE con los atentados de 2004; una afirmación gravísima que no ha sido probada en sede judicial, pero que alimenta la campaña mediática.
En este escenario, la crítica de Antón Losada no es un detalle menor. Quien fuera uno de los grandes defensores del sanchismo en los medios ahora habla de “terrenos que dan miedo” y de un presidente “enajenado”. El ruido es tan ensordecedor que incluso los peores augurios del “sanchismo” original se quedan cortos.
El manual del perfecto kamikaze
La sensación es que Sánchez juega una partida sin red. Cuando los propios han empezado a abandonar el barco y los defensores más leales se convierten en críticos, el colapso es solo cuestión de tiempo. La economía aguanta el tipo, pero nadie sabe por cuánto más.
Resulta irónico ver al presidente aullar pidiendo el apoyo de sus filas mientras estas recogen los muebles. Ya se sabe: en política, el último que apaga la luz se lleva el recuerdo de todos los que aplaudían la semana anterior.