Lidl Londres contra Mercadona: la cesta básica sale un 35% más barata
¿De verdad sale más caro comer en Reino Unido que en España? Un comprador español afincado en Londres sostiene lo contrario y lo documenta con fotos y una tabla de precios: seis productos básicos comprados en un Lidl londinense sumaron
3,56 euros, frente a los
5,38 euros de los equivalentes más similares en
Mercadona. Un
35% de diferencia en una muestra que incluye bebida de almendras, zanahorias, copos de maíz, macarrones, salsa de tomate y pesto rojo. El hallazgo, lejos de cerrarse, abrió una trifulca de casi dos mil días sobre qué significa realmente «ser más barato».
Qué productos comparó y con qué resultado
La lista es corta pero concreta. Bebida de almendras a 0,96 euros frente a 1,40; zanahorias por kilo a 0,55 frente a 0,59; copos de maíz de 500 gramos a 0,56 frente a 0,87; macarrones de 500 gramos a 0,32 frente a 0,59; salsa de tomate básica a 0,55 frente a 0,68; y pesto rojo a 0,62 frente a 1,25. El autor insiste en que Mercadona es el supermercado nacional más barato según una hoja de cálculo propia que comparó varias cadenas, y que los precios del Lidl londinense eran «bastante más baratos» que los del Lidl de Barcelona que visitó meses antes.
Añade un detalle que refuerza la paradoja: una bandeja de arándanos por
una libra, más del doble de lo que cuesta en España, y con origen español. Es decir, el mismo producto cruza la frontera y vuelve más barato de lo que se vendía en origen.
La respuesta: «eso es comida basura»
La reacción mayoritaria no discutió los precios. Discutió la cesta. Varios intervinientes calificaron los productos elegidos como comida de baja calidad y exigieron una comparación con fruta, verdura, pescado y carne. El autor respondió que zanahoria, pasta, cereales o salsa de tomate son productos básicos de cualquier compra y que nadie de los que los tildaban de basura se atrevía a definir qué come él.
El intercambio subió de tono hasta el insulto personal, con acusaciones cruzadas de manipulación y de no aportar datos. La discusión derivó en un pulso sobre quién tenía derecho a definir qué es una alimentación aceptable.
El contraejemplo del pescado: la lubina triplica su precio
La refutación más sólida llegó por la vía del pescado fresco. Un participante comparó filetes de lubina: alrededor de
7,8 euros por kilo en Mercadona frente a
23,80 euros por kilo en Tesco, consultado en el momento de escribir. El triple, y sin ser lubinas especiales: según esa misma comprobación, procedían de granjas turcas. La conclusión era que el ahorro depende por completo del producto elegido y que generalizar a partir de una cesta de despensa es engañoso.
Hay quien sostiene que el pescado es un alimento básico y que presumir de baratura en una isla rodeada de mar mientras se ignoran los precios del pescado fresco es quedarse con la parte cómoda del dato. Enfrente pesa el argumento de que la cesta comparada son productos de consumo semanal en cualquier hogar, no caprichos.
Marca blanca, calidad y el problema de comparar lo incomparable
La tercera línea de ataque fue metodológica. Se señaló que comparar Mercadona con Lidl no es comparar iguales, y que lo correcto sería enfrentar Lidl de España con Lidl de Reino Unido, o Alcampo, para aislar el efecto país. También se apuntó que la salsa de pesto rojo de un país y de otro puede llevar ingredientes distintos, y que la bebida de almendras puede tener distinta proporción de almendra, lo que invalidaría la comparación directa.
El autor mantiene que la muestra es la que es y que las fotos están ahí, y sostiene que casi toda la fruta y verdura del supermercado londinense estaba más barata que en España. La disputa sobre la equivalencia real de los productos quedó sin resolver.
El factor que casi nadie discute: salarios y margen de ahorro
Incluso entre los críticos hay coincidencia en un punto: la capacidad de ahorro sobre un salario británico o alemán es mayor que sobre uno español. El propio autor lo formula así al final: ve mucho más margen de ahorro en un sueldo del Reino Unido que en uno español. Los supermercados más baratos de Europa son alemanes, Lidl y Aldi, y eso empuja la comparación hacia el terreno de los ingresos, no solo de los precios.
La anécdota que redondea el asunto la trae otro interviniente: un compañero de máster compraba fideos de marca blanca de diez a quince peniques y comía a base de ellos durante un mes para gastarse el sobrante en alcohol cada noche. Barato, sí. Nutritivo, discutible.
Con estos diferenciales, la cesta de la compra debería ser el argumento definitivo para emigrar. Y sin embargo nadie se muda por el precio de los macarrones.