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Te entiendo muy bien.
Un verano, en el pueblo, mi abuelo se salió a tomar el fresco, ya por la tarde.
Él estaba sentado en su silla tradicional de mimbre y yo a su lado hablando.
Salieron dos niños de los vecinos que estaban muy mal criados y se pusieron a tirarle piedras y terrones, dándole una de las veces en la cabeza.
Yo normalmente era pacífico pero aquello me encendió la sangre, así que cogí una de las piedras para "devolvérsela" a aquellos descendientes de mil fruta.
Pues mi abuelo me pegó un grito que me heló la sangre. ¡Me regañó más a mí que a ellos!
No lo entendí en su momento y sigo sin entenderlo. Quizá es una de las razones por las que dejé de ser católico.
Una cosa es ser bueno y otra es ser gilipilas.
La gente no atiende a razones ni se arrepiente.
Lo único que entienden es el dolor en sus carnes o en su patrimonio.
Con lo cual se demuestra que el PODER (sea quien sea quien lo detente) está por encima de la raza. En otras palabras, que lo determinante no es la raza, sino el PODER (y la cultura, por ejemplo la cultura que impide que exista el PODER CONCENTRADO, ya que éste está por encima incluso del poder normal no concentrado).Los hombres civilizados del siglo XX, independientemente de la raza, estamos absolutamente controlados para no poder mover un dedo en contra de nuestros opresores.