Comandos israelíes en Irán: la operación que nadie confirma
En el ecosistema de información sobre Oriente Medio ha irrumpido una afirmación que merece análisis: comandos israelíes ya estarían desplegados y operando en territorio iraní. La noticia, que circula en círculos de inteligencia alternativa, asegura que el Mossad habría ejecutado una operación de alta precisión contra la cúpula del régimen de los ayatolás.
La secuencia de hechos narrada incluye la eliminación del líder supremo, Ali Jamenei, en la calle Pasteur de Teherán —la misma vía donde se produjo el atentado contra la AMIA en Buenos Aires, atribuido a Irán—, el hundimiento de un submarino iraní y la muerte de 40 altos mandos militares en una sola jornada. Según una de las versiones, operadores israelíes sobre el terreno serían iraníes reclutados y entrenados en Israel, lo que explicaría la capilaridad de los ataques.
La respuesta del régimen y el movimiento de marines
Paralelamente, se reporta el despliegue de una fuerza de marines estadounidenses dirigiéndose al teatro de operaciones, con un posible desembarco de varios miles de efectivos. El gobierno iraní no ha confirmado ni desmentido oficialmente los sucesos, pero fuentes cercanas al régimen habrían iniciado una purga interna para localizar a los infiltrados. Una anécdota relevante la proporciona el propio presidente iraní, Pezeshkian, quien en una entrevista televisiva reconoció que su servicio de inteligencia creó un departamento específico para contrarrestar la infiltración del Mossad —una admisión pública que pocos líderes hacen.
Escepticismo y derivadas geopolíticas
El relato choca con un muro de escepticismo. La operación requeriría una coordinación logística y una capacidad de infiltración que muchos analistas consideran desproporcionada. El control de un país como Irán necesitaría, según estimaciones, entre 20 y 30 divisiones, no un comando reducido. Además, la filtración de la operación en foros públicos contradice la premisa de una misión secreta. La teoría de que los comandos estarían organizando a los kurdos para crear un Kurdistán soberano añade una capa de complejidad regional: implicaría redibujar fronteras en un área ya fracturada.
El dato que descoloca
Lo más llamativo del episodio no es la posibilidad de que la operación sea cierta o falsa, sino la ausencia total de confirmación por parte de fuentes oficiales, tanto israelíes como iraníes. Israel no suele reivindicar operaciones encubiertas, pero la magnitud de lo descrito —eliminación del líder supremo, 40 altos mandos, un submarino— difícilmente pasaría desapercibida. Si hubiera ocurrido, el silencio sería tan ensordecedor como el de la propia operación. O quizás, como apuntan los más escépticos, ese silencio es la prueba de que nunca ocurrió.