La polémica por los 5.000 euros al año a las enfermeras catalanas
Cinco mil euros más al año. La cifra aparece repetida hasta siete veces seguidas y no es un fallo de edición: es la cantidad que un mensaje difundido en el debate atribuye al aumento de las enfermeras catalanas. La cifra llega en pleno pulso por la clasificación profesional del colectivo: según un mensaje recogido en el hilo, Cataluña pide al Estado el ascenso de Enfermería al grupo A1 para frenar la huelga. Sobre el papel, un sueldo que sube. En la práctica, una polémica que ha reventado todas las costuras del gremio sanitario.
De 31.311 a 34.417 euros brutos al año
Los números que se manejan en el debate están sobre la mesa. Hasta ahora, una enfermera de hospital partía de
1.119,41 euros mensuales a los que se sumaban 552,56 euros de complemento de destino y un complemento específico de entre 600 y 685 euros según nivel. El total del nivel 1 se quedaba en
31.311,34 euros brutos anuales. Con el nuevo encuadre que se da por hecho en el hilo, la cifra quedaría en
34.417 euros brutos, más unos 2.810 euros por objetivos variables, el llamado DPO.
Según un cálculo que circula en el debate, eso equivale a poco más de
2.000 euros netos al mes en 14 pagas. Ahí arranca el desacuerdo. Para unos es una cifra modesta para quien pincha, cura heridas y asume turnos rotos con pacientes cada vez más mayores. Para otros, es un salario fuera de rango para una titulación que consideran sobrevalorada. El desglose partida a partida, con complementos y variables incluidos, deja una horquilla que sorprende a quien solo mira el bruto.
¿Qué significa el ascenso a A1 que pide Cataluña?
Es el nudo del conflicto. El grado de Enfermería se cursó durante décadas como diplomatura y hoy se imparte con
240 créditos ECTS, casi la mitad de ellos prácticos. El grupo A1, en cambio, agrupa titulaciones con más recorrido académico: hay quien sostiene que debería reservarse a grado más máster, un mínimo de 300 créditos, y quien recuerda que las ingenierías tradicionales llegaban a 360.
En contra pesa el argumento de que Enfermería funciona como profesión auxiliar de otra titulación universitaria que sí es A1, medicina, y que por eso no debería equipararse. La comparación con Psicología, que manejaba créditos similares, es el contraargumento más repetido. La consecuencia práctica que se señala: equiparar 240 créditos a 360 sin más consideración abre la puerta a que el siguiente reclamante sea otro colectivo sanitario con funciones asistenciales.
El sindicato que sí mueve la sartén
La explicación que más circula no es académica, sino de poder negociador. Cuando falta personal especializado, el que está dentro tiene la sartén por el mango, y eso se traduce en capacidad de exigir. El fenómeno no es exclusivo de Enfermería: se apunta al mismo patrón en Medicina y, con el tiempo, en ramas del profesorado donde ya cuesta cubrir vacantes y se abren listas sin exigir siquiera haber concurrido a la oposición.
El contraste que se subraya es el sindicalismo selectivo. Hay quien sostiene que los maestros de Nueva York llegaron a tramos de
125.000 a 130.000 euros por presión sindical y que esa misma lógica se aplaude cuando conviene, mientras se cuestiona cuando la aplican las enfermeras. La misma herramienta, distinto entusiasmo.
Ingenieros, médicos y el reparto del pastel
El otro eje del enfado no es la subida, sino con quién se compara. Hay quien defiende que en ingeniería, construcción e industria falta gente a paladas y los sueldos no se mueven, mientras en el sector sanitario público cada presión se traduce en complementos. Se cruza ahí el viejo reproche al empleo público: administrativos de una administración local ganando parecido con menos exposición.
Y una sospecha incómoda, lanzada sin prueba: que la subida llega porque la mayoría del colectivo son mujeres. Enfrente, otro usuario defiende que se trata de una profesión regulada, donde no se puede entrar sin los cuatro años de carrera, una barrera que impide la saturación que sí sufren otros sectores sin colegiación obligatoria.
Lo que nadie cuadra
El resultado es un país haciendo cuentas con la nómina ajena. Sanitarios, profesores, autobuseros, basureros: todos los gremios con capacidad de liarla acaban cobrando, según esta lectura, por encima del resto. La pregunta se queda sin cerrar. Si la escasez es lo que mueve el sueldo, ¿por qué la misma lógica no se aplica a los sectores que también se quedan sin candidatos?