Enfermeras: el A1, comprometido para 2024
Unas 500 enfermeras se concentraron el viernes 2 de febrero de 2024 frente al Ministerio de Sanidad, en Madrid. Pedían una cosa concreta: dejar de ser grupo funcionarial A2 y pasar al A1. Ese mismo día, la ministra Mónica García se reunió con el conseller de Salut de la Generalitat, Manel Balcells, y del encuentro salió el titular que ha reabierto el asunto. «Tenemos el compromiso de reclasificación y retribución de las categorías sanitarias en 2024», anunció Balcells. Con ese aval, el sindicato catalán
Infermeres de Catalunya desconvocó una huelga que mantenía desde el 12 de diciembre.
¿Cuánto sube el sueldo de una enfermera al pasar del grupo A2 al A1?
Sobre el papel, el salto tiene números. Un profesional del subgrupo A2 cobra un
salario base de
14.992,66 euros brutos al año; uno del A1, 17.049,72. En cómputo mensual las cifras son 1.113,98 euros frente a 1.288,31, siempre en bruto y antes de trienios y complementos. Cambian también las cuantías menores, y no todas al alza:
la paga extra baja de 812,45 a 795 euros, mientras el trienio sube de 40,44 a 49,59 y el importe por trienio en las pagas de junio y diciembre pasa de 29,48 a 30,61.
Ese montante teórico se parece poco a lo que ingresa una enfermera con años de servicio. Los complementos de carrera profesional, turnos y guardias engordan la nómina hasta extremos que el salario base esconde. El desglose completo, partida a partida, da una foto muy distinta a la de las tablas oficiales.
Por qué Enfermería lleva una década reclamando el A1
La reclamación no es nueva. Desde 2008 Enfermería es un grado universitario de cuatro años y
240 créditos, los mismos que otras carreras. Sin embargo, al obtener plaza en la Administración las enfermeras siguen entrando por el subgrupo A2, reservado a diplomaturas. La propuesta del Ministerio pasa por clasificar a los funcionarios según los niveles MECES, el marco español de cualificaciones alineado con el europeo, esto es, por los créditos universitarios exigidos para acceder al puesto. Se abre además la puerta a que el personal clasificado como A2 pueda optar a puestos de dirección.
En la reunión del 2 de febrero participaron el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, y la enfermera Alda Recas. La valoración sindical fue de satisfacción contenida: se reconoce el compromiso, pero se recuerda que llevan años escuchando promesas. Octavio Rodríguez, del Sindicato de Enfermeros de Cataluña, resumió la postura: el Ministerio sabe lo que quiere hacer, pero piensan «seguir dando la tabarra» hasta verlo ejecutado.
El agravio que arrastra el sistema funcionarial español
El caso destapa una anomalía más amplia. Magisterio es A2 con un grado de cuatro años; los maestros comparten subgrupo con titulaciones que la Administración clasifica por debajo. La mezcla de diplomaturas y licenciaturas reconvertidas en grados tras el plan de Bolonia dejó un mapa desigual: hay carreras de cuatro años en el A2 y otras en el A1 sin que el criterio quede claro. Una parte del análisis sostiene que el cambio de Enfermería abre la puerta a revisar todo el catálogo; en contra pesa que reclasificar a un colectivo sin tocar el resto rompe la lógica del sistema.
En el acceso hay otra diferencia llamativa. Los cuerpos técnicos de informática se cubren con oposición pura, mientras las plazas de Enfermería llegan por concurso-oposición: sin años de interinidad previa, la plaza no llega. La carrera profesional, por tanto, empieza mucho antes del cambio de grupo.
Quién paga la mejora y qué pasa con los médicos
El compromiso económico no viene con cifra cerrada. Desde el sector privado llega un argumento recurrente: cada subida del empleo público se paga con impuestos de quienes no gozan de esa estabilidad. La respuesta de los partidarios es que la sanidad pública sostiene al conjunto del país y que la alternativa es un sistema con profesionales agotados o emigrados.
Los análisis menos entusiastas señalan el riesgo de agravio interno. Si Enfermería sube de grupo, los médicos —hoy en el A1— pedirán su propio escalón para mantener la distancia, y los colectivos técnicos reclamarán la misma regla de los créditos MECES. El pulso, en ese escenario, no termina con las enfermeras.
¿Mejorará la atención al paciente con la subida?
Es la pregunta que divide. Una corriente defiende que mejorar la clasificación retiene talento y reconoce una responsabilidad creciente, guardias incluidas. Otra sostiene que un cambio de etiqueta administrativa no altera la asistencia por sí solo, y que el problema de la sanidad pública no se arregla reasignando categorías. Los datos disponibles no permiten zanjarlo. Lo que sí se sabe es que la reclasificación afecta a todo el colectivo de Enfermería y que su coste recaerá en las arcas públicas.
Al final, la cifra que descoloca no es la del sueldo base. Un participante del debate sitúa a su madre, enfermera con once trienios y el grado IV de carrera profesional, en casi
58.000 euros anuales en 2023. Con esos ingresos reales, la pregunta ya no es cuánto sube el A1, sino cuánto de la nómina pública queda fuera de las tablas que se publican.