Coches de gasolina sin pantallas ni ADAS: quedan cuatro
Comprar un coche nuevo con motor de gasolina, cuatro cilindros y la menor electrónica posible se ha convertido en una gymkana. El catálogo español ofrece hoy un puñado de opciones: el Dacia Sandero Essential —sin pantalla central y con elevalunas traseros manuales—, el Toyota Aygo X, el Kia Picanto y el Fiat Panda microhibridado. A partir de ahí, todo son versiones de acceso de compactos que arrancan entre 18.000 y 20.000 euros, con motores tricilíndricos apretados y equipamiento obligatorio por normativa.
El diagnóstico que recorre la conversación es que la oferta se ha estrechado por arriba y por abajo. Las marcas europeas han abandonado el segmento barato porque el margen está en el SUV, y las versiones peladas de los compactos llegan inframotorizadas. «Son todo suvs de mierda y compactos careros mas premium», resume un participante. La consecuencia es que quien quiere sencillez mecánica tiene que elegir entre un coche chino de origen SAIC —el MG ZS 1.5 atmosférico de 106 CV y 141 Nm, con cadena pero gasto alto— o un usado con etiqueta B que cada vez vale más.
Por qué la UE ha convertido el coche básico en un producto de lujo
La explicación más repetida apunta a Bruselas. La normativa Euro 6 obliga a un conjunto de sensores y sistemas anticontaminación que, por sencilla que sea la mecánica, encarecen cualquier coche. A eso se suman las ADAS —asistentes de conducción— que la UE ha ido imponiendo y que muchos conductores consideran intrusivos. «El problema de base en los coches nuevos se llama Euro 6», sentencia un mensaje. Otro añade que las mezclas pobres y las tolerancias estrechas que exige la norma sacrifican fiabilidad a cambio de décimas de consumo.
El cálculo que circula es revelador: la implantación de las correas de distribución húmedas, pensada para ahorrar combustible, se traducía en unos 10 euros anuales de ahorro. A cambio, motores rompiéndose al tuntún y mantenimientos exhaustivos. La conclusión de varios participantes es que compensa más un motor viejo y probado aunque gaste algo más que uno nuevo que gaste menos y dependa de mil sensores.
Mazda y Lexus, los nombres que se repiten en los desguaces
La anécdota más citada viene de una ronda por desguaces de San Martín de la Vega. La pregunta era cuáles son los coches más fiables hoy. La respuesta, coincidente en varios establecimientos, según quien hizo la consulta: Lexus y Mazda solo entran por siniestros, no por averías mecánicas. «Con 800.000 kilómetros no era raro verlos», asegura quien hizo la consulta. El Mazda 3 de 2017 con motor 2.0 de 120 CV, atmosférico y sin hibridación, aparece como el ejemplo de manual: cuatro cilindros, sin turbo, sin pilas.
La otra corriente del análisis desconfía del mantra de que todo tiempo pasado fue mejor. «Los coches evolucionan, nos guste o no», sostiene una voz, que recuerda que siempre hubo modelos buenos y malos. Su receta es el Toyota: todos los sistemas modernos, sí, pero con 15 años de garantía o 250.000 kilómetros. La discusión deriva entonces hacia el trato al cliente: Dacia ofrece siete años de garantía, Renault no se atreve con lo mismo, y los extras electrónicos son el punto débil histórico de la marca francesa.
El mercado de segunda mano como refugio y el fantasma de los recambios
Mientras el nuevo se encarece, el usado sencillo se revaloriza. Hay quien compró un Twingo de gasolina de 1993 por 500 euros y pasa la ITV sin problemas; quien se aferra a un C5 HDI con suspensión hidractiva; quien recomienda guardar cualquier coche sin etiqueta o con etiqueta B porque «en el futuro serán buscados». La advertencia que cierra el círculo es la de los recambios: si las marcas dejan de fabricar piezas para los modelos viejos, el refugio se agrieta.
La ironía recorre el tramo final: un Fiat 500 alquilado en un viaje resultó «claustrofóbico», menos espacioso que un 127 de los 70. Un Twingo de 1993 recibe ofertas de compra casi cada semana. Y la pregunta que queda flotando es si el coche sencillo sobrevivirá como nicho de lujo o desaparecerá del todo cuando la última cadena de distribución se agote en el almacén.