Un conductor de un Renault Scenic eléctrico ha recorrido 28.000 km en 9 meses y, aunque valora el coche con un 7 u 8 sobre 10, suspende a la marca con un cero por fallos de carga, frenos y climatización mal resueltos en el taller.
El coche gusta. El servicio, no. Esa es la conclusión que deja la experiencia de un propietario de un Renault Scenic eléctrico que, tras 9 meses y 28.000 kilómetros al volante de una unidad de kilómetro cero, ha detallado los fallos técnicos que arrastra desde el primer día y la respuesta que ha recibido de la red oficial. El vehículo, con batería de 87 kWh, cumple en espacio, comodidad y autonomía en carretera. La postventa, en cambio, se lleva un cero.
Fallos de carga que venían de la aplicación
El problema más persistente ha sido la carga nocturna. Durante meses, el coche se desconectaba de forma aleatoria cada pocos minutos al enchufarlo por la noche, lo que obligaba al propietario a vigilar el móvil de forma constante, incluso durante desplazamientos largos. La causa no estaba en el cargador ni en la instalación: era la aplicación oficial de Renault. Al resetear el vehículo y desvincular la app, las cargas empezaron a funcionar sin un solo fallo. El precio de esa solución es prescindir del control remoto y de las funciones conectadas del coche.
A eso se suma un defecto de fábrica en los frenos. Un alambre de la pieza que sujeta las pastillas sobresalía y rozaba directamente contra el disco, generando un ruido insoportable en las rotondas y comiéndose el metal. En el taller se limitaron a retirar el alambre, pero dejaron los discos con surcos y hendiduras profundas. La respuesta del jefe de taller fue que se alisarían solos con 2.000 kilómetros de frenada, y se negó a cambiarlos en garantía.
Los puertos USB-C de carga dejaron de funcionar a los pocos meses. El taller no pudo ni actualizar el software del coche porque, según su versión, el puerto estaba roto, y llevaba más de tres semanas esperando un repuesto tan simple, sin ofrecer alternativas ni llamadas de seguimiento.
Aire acondicionado y carga inalámbrica
El climatizador no enfría lo suficiente en verano con varias personas a bordo. Obliga a ponerlo al máximo de potencia y el compresor genera un ruido escandaloso que hace que la gente mire pensando que el coche está roto. En el taller se negaron a hacer la comprobación adecuada, que consiste en extraer y pesar el gas para detectar posibles fugas, y se limitaron a medir la temperatura de salida con un termómetro. La base de carga inalámbrica del móvil, por su parte, nunca ha funcionado correctamente.
El propietario advierte de que estos defectos pueden pasar factura más adelante: unos discos de freno destrozados, la ausencia de la app oficial o los fallos de climatización pueden acarrear problemas económicos o rechazos al pasar la ITV o al intentar vender el vehículo.
Talleres verdes ante el coche eléctrico
La crítica de fondo no va al producto, sino a la red de asistencia. Los talleres oficiales no están preparados para los coches eléctricos, según esta experiencia: faltan conocimientos técnicos reales y se recurre a interrogatorios sin sentido para dar largas al cliente y eludir responsabilidades de garantía. La gestión y la comunicación tampoco ayudan: atención impersonal de call centers, talleres saturados que cierran a las 17:30 y clientes que se enteran de que su coche ya está listo de casualidad al verlo aparcado en la calle con los plásticos protectores puestos.
Frente al estigma de que comprar un coche chino es un riesgo por la falta de recambios o la mala postventa, este conductor sostiene lo contrario: según su experiencia, los concesionarios de marcas chinas cuentan con personal más especializado, protocolos específicos y formación directa en electromovilidad, mientras que las marcas europeas tradicionales, con décadas de historia, demuestran estar verdes y desbordadas en este terreno.
Presiones para hablar bien de las marcas
El relato incluye un capítulo incómodo para el sector: figuras conocidas del motor le han presionado y aconsejado que hable bien de las marcas. Su postura es firme: prefiere cerrar su canal de YouTube antes que mentir a sus seguidores u ocultar lo que sufren los consumidores. La valoración final lo resume: un 7 u 8 sobre 10 para el coche y un cero para la marca y su postventa.