El «coche volador» de TEMU es un dron con asiento de plástico
Cuatro hélices, cuatro brazos y un asiento de plástico atornillado encima. El «coche volador» que se vende como chollo no es una aeronave: es un dron gordo, con motor brushless barato y una jaula para no degollarse. Llamarlo coche es
vender la moto. Y del precio mejor no fiarse: según el cálculo que se maneja en el hilo, si el anuncio fuera real el cacharro se iría a
2.000-5.000 euros; y si es un juguete de mentira, 200 euros y no vuela ni un gato.
¿Cuánto cuesta el coche volador de TEMU si de verdad existe?
Conviene separar dos escenarios. En el primero hay fabricante chino detrás, prototipo real y cadena de montaje:
2.000-5.000 euros, según esa estimación, y todavía falta el seguro, que como apunta otro comentario puede salir más caro que el vehículo. En el segundo, todo apunta al clásico anuncio fantasma con foto robada de una feria: 200 euros, sin garantía y sin despegar. En ambos casos hay quien sostiene que el mantenimiento sería
una ruina y el consumo es una incógnita, porque nadie ha publicado cuánto gasta eso.
La queja de que en España no se puede volar ni un dron de 120 gramos
Aquí está el nudo. El escaparate promete cielos libres y el mapa oficial responde con capas superpuestas. Lo que no es ZEPA es LEDA; lo que no es CTR es LER, parque natural o NOTAM. Da igual el punto que se consulte, según esa queja. Un dron de
120 gramos ya se queda en tierra en buena parte del territorio. Y eso sin entrar en el seguro, que según otro comentario puede salir caro.
La tesis del 90%: municipios que prohíben y deberían indemnizar
Hay quien lleva el argumento al extremo: si una actividad —fútbol, bici, acampada, dron, fotografía, moto de campo o tocar la guitarra— queda restringida en más del
90% del suelo de un municipio, ese municipio debería ser condenado y el afectado indemnizado de oficio. Suena a boutade hasta que uno abre el mapa. En el «campo» de Madrid hay, según su relato, cientos de kilómetros cuadrados que a ojo cumplirían cualquier condición razonable para volar. Sobre el papel, casi ninguno se libra.
El problema no es el dron, es el suelo
El resumen de la discusión es incómodo para todos. Un participante pregunta, con lógica, dónde demonios se puede volar un trasto así sin molestar a nadie. No hay una respuesta cerrada. Entre la prohibición total de jugar a la pelota y el dron entrando por la ventana del salón, se recordaba, hay todo un mundo llamado libertad. Según la queja del otro participante, en el mapa oficial ese mundo casi nunca sale en blanco.
Queda el detalle que nadie resuelve. La conversación empezó discutiendo cuánto cuesta el cacharro y acabó discutiendo cuánto cuesta el suelo. El precio estimado en el hilo para el «coche volador» oscila entre
200 y 5.000 euros. El del terreno sobre el que no se puede volar, ni se pregunta.