Más de cien autocaravanas europeas acampan gratis en playas de Alicante
Un centenar largo de autocaravanas, en su mayoría con matrícula alemana, holandesa, belga o polaca, estaciona sin coste alguno en primera línea de playa del litoral de Alicante. El fenómeno no es nuevo, pero la extensión de este invierno ha desbordado los espacios habituales: a la costa de Aguamarga, junto a la desaladora, y a la playa del Saladar, donde la acampada está expresamente prohibida, se han sumado este año la playa de perros y la cala de los Borrachos.
Con 15 grados a la sombra y sol radiante, el atractivo es evidente. También lo es el coste: cero euros.
Qué hay dentro de esas caravanas y quién las ocupa
El perfil no es el del viajero precario. Entre los vehículos hay modelos pequeños y veteranos, pero también unidades de marcas como
Concorde o
Morelo, de grandes dimensiones y capaces de remolcar un automóvil —un Mini, en un caso—, motos y bicicletas, con precios que superan ampliamente los 300.000 euros. La mayoría de los ocupantes son hombres y mujeres en edad de jubilación, aunque también hay familias con niños, una joven que teletrabaja desde su ordenador y un grupo de jóvenes italianos con estética de festival setentero.
Los datos de matriculación desmienten la idea de una presencia española:
no había más de dos vehículos matriculados en España, frente a la abundancia de Países Bajos, Bélgica, Polonia, Eslovaquia, Suecia, Finlandia y Reino Unido. El contexto meteorológico explica el desplazamiento: la temperatura máxima en Berlín fue de 2 grados, lo mismo que en Bruselas o Varsovia, y la semana previa el temporal de nieve canceló y retrasó vuelos en aeropuertos del centro, este y norte de Europa.
Por qué eligen Alicante y no un camping legal
La respuesta corta es que no aparece en las webs de campings legales, pero sí en los foros que frecuentan los excursionistas informados. La respuesta larga tiene que ver con la desidia municipal: los carteles que prohíben la acampada se ignoran desde hace años y no existe en la ciudad ningún espacio acondicionado para acogerlas. Alicante contó durante algunos años con un espacio para caravanas en la Playa de San Juan, pero renunció a él —se usaba poco, para qué, si hay lugares gratuitos mejor situados— y el Ayuntamiento lo cedió al Circo del Sol para sus cuarteles de invierno.
En el mandato anterior se anunció un intento de regularizar el fenómeno creando un aparcamiento en el entorno de Urbanova, pero el equipo de gobierno salido de las urnas en 2023 consideró que la inversión no merecía la pena al tratarse de un tipo de turismo que no casa con su estrategia turística. El resultado es que la factura la pagan municipios como
Santa Pola, El Campello, La Vila Joiosa, Guardamar o Crevillent, que sí cuentan con instalaciones adecuadas en las que los turistas han de pagar una tarifa por estacionar y por los servicios complementarios.
El coste real: aguas negras, residuos y cero ingresos
En los puntos ocupados no existe ninguna infraestructura, ni servicios, ni medio para deshacerse de las aguas negras o los residuos generados. Hay quien sostiene que la mayoría de estos vehículos llevan WC químico que vacían en áreas habilitadas y que dejan gasto en el comercio local; en contra pesa el argumento de que esos más de cien vehículos dejan de utilizar lugares legalmente constituidos con ese fin. Un proyecto del Ministerio de Transición Ecológica para regenerar este tramo de costa, si finalmente se lleva a cabo, puede ser el fin de esta práctica irregular.
La comparación con otros países europeos aparece una y otra vez: hay quien afirma que en Holanda, Suiza, Italia o Austria no se toleraría un estacionamiento prolongado de este tipo. La diferencia no está en el bolsillo de los visitantes, sino en la capacidad —o la voluntad— de las administraciones para hacer cumplir sus propias normas.
El efecto llamada sobre los municipios vecinos
El trasiego no se limita a Alicante. En los desplazamientos hacia el sur se detecta un volumen creciente de autocaravanas extranjeras por las principales autovías, y hay quien apunta que Marruecos se está llenando de unidades que cruzan el Estrecho para pasar el invierno. El perfil del usuario ha cambiado: donde antes había un mes de apartamento en Canarias, ahora hay más de seis meses de autocaravana en el Mediterráneo, según un comentario del hilo.
La discusión de fondo es si esto es turismo de calidad o competencia desleal. Los defensores del autocaravanismo sostienen que no son viajeros de bajo coste: mantener y mover esos vehículos cuesta dinero y dejan gasto en el país. Los críticos responden con una pregunta incómoda: ¿cuánto deja alguien que compra en el supermercado más barato, usa fuentes públicas y no paga ni camping ni hotel?
Con más de cien vehículos hibernando gratis en primera línea de playa, la paradoja es que el municipio que renunció a cobrar por ellos tampoco cobra por los servicios que consume.