Debate en foro sobre China y la ventana de oportunidad en Taiwán
Un usuario sostiene que China afronta ahora su ventana de oportunidad para reunificar Taiwán por la vía militar, aprovechando que la OTAN está entretenida enviando armamento a Ucrania. Añade que Taiwán se rearma cada día con ayuda norteamericana y que Washington ya estudia dar un paso importante en materia armamentística en suelo taiwanés. Cita al jefe de la Marina estadounidense, que en una conferencia del Atlantic Council dijo: «Cuando hablamos de 2027, en mi opinión, debería ser 2022 o tal vez 2023».
Qué significa la alerta máxima del ejército chino
La advertencia del «Día del Juicio Final» que da título al asunto no es un comunicado oficial traducido al español, sino la lectura que se hace de una combinación de señales: maniobras, retórica y preparativos logísticos. Quien defiende la tesis del ataque inminente sostiene que Taiwán se rearma cada día con ayuda norteamericana y que Washington ya estudia dar un paso importante en materia armamentística en suelo taiwanés. Si eso ocurre, el margen se estrecha.
El argumento contrario no es menor. Rusia, el aliado teórico de China, está empantanada en Ucrania y desangrándose, lo que deja a Pekín sin cobertura estratégica real. La OTAN, lejos de estar desbordada, ha replegado de multitud de conflictos y planifica a largo plazo. Hay quien recuerda que el ejército de tierra y la fuerza aérea estadounidenses están pensados para operar en Europa, mientras que los Marines y la Navy cubren el Pacífico de forma independiente: que Washington mire a Moscú no significa que haya perdido un ápice de capacidad en Asia.
El cálculo militar que nadie se atreve a cerrar
Aquí es donde el asunto se complica. Un bando sostiene que China lleva al menos un año preparándose para la guerra, que Corea del Norte incrementa maniobras y que Irán sigue en la ecuación desde el asesinato de Soleimani. El otro responde con logística pura: si Rusia esperaba una campaña corta y acabó empantanada, China habría calculado lo mismo y el resultado sería idéntico. La pregunta que sobrevuela es cuántos soldados occidentales están dispuestos a morir por Taiwán. La respuesta que se da en voz baja es incómoda: pocos.
Por qué EEUU no puede permitirse perder el dólar
El trasfondo económico pesa más que el militar. Hay quien sostiene que Estados Unidos no aceptará que China acumule poder suficiente para plantarle cara y que el momento de la guerra es ahora, no después. La deuda estadounidense, las reservas estratégicas de petróleo en mínimos y una sociedad dividida son factores que juegan en contra de un conflicto largo. Pero también en contra de perderlo. Si hay guerra mundial, antes o después aparecen las armas nucleares, porque ninguno de los dos bandos puede permitirse el lujo de la derrota.
La otra lectura es más fría: China no necesita invadir. Taiwán depende comercialmente de su vecino, que además será competidor directo en microchips y puede arruinarla cuando quiera porque tiene energía y materias primas. La isla caería sola, sin bloqueo naval ni un solo disparo. Cada año que pasa, el PIB chino añade un PIB similar al de un país mediano. Es la vía lenta, la que no sale en portada, y por eso mismo la más peligrosa para quien espera un titular.
La cultura estratégica que Occidente no termina de entender
El factor humano se subestima. La población china es profundamente nacionalista y una parte considerable considera que el Partido ha sido blando con Taiwán. La disciplina social, construida históricamente con mano dura, hace muy difícil ir contra la línea del Partido una vez fijada. En Corea, los combatientes chinos se lanzaban con haces de granadas contra blindados japoneses. La valentía suicida frente al enemigo no es un tópico: es doctrina cultural. Occidente movilizaría con dificultad; China podría movilizar millones y poner todas sus fábricas a hacer drones y misiles si el territorio estuviera en juego.
El escenario que nadie descarta: tensión perpetua
No todo el mundo cree que habrá guerra. Una parte del análisis sostiene que basta con un estado de tensión permanente similar al Telón de Acero, suficiente para mejorar la economía de las corporaciones anglosajonas, separar a Rusia de Europa durante décadas y parasitar mercados y talento europeo. Estados Unidos no participaría directamente en un conflicto por Taiwán, sino que apoyaría desde fuera «hasta el último taiwanés», replicando el guion ucraniano para justificar el aislamiento comercial de China. La pregunta que queda sin respuesta es qué pasa cuando el último taiwanés ya no esté.
Con estos mimbres, cualquier analista serio debería estar revisando su calendario. El problema es que el calendario lo escriben otros.