El fantasma de los ultras deja a Ceuta sin protesta
Ceuta despertó el sábado sin la manifestación que una parte de la ciudad llevaba días anunciando. La convocatoria para protestar por la presión migratoria y la desprotección se cayó de golpe. Los organizadores esgrimieron un motivo: la llegada de grupos ultras dispuestos a “tomar” la marcha. Un argumento que, en lugar de tranquilizar, ha abierto una brecha entre quienes creen que se ha evitado un baño de sangre y quienes ven una maniobra de la que llaman “cloacas”.
Una decisión que divide a la ciudad
La protesta era la respuesta a semanas de colapso en la frontera y a la sensación de abandono del Estado. Según las versiones circuladas, la cancelación se produjo después de que circularan avisos de que grupos de ultraderecha se trasladaban a Ceuta para boicotear la jornada. La medida, tomada unilateralmente, ha dejado a muchos vecinos con la sensación de haber perdido la calle antes de pisarla. Otros, en cambio, aplauden que se haya evitado una escalada.
Las cloacas, otra vez en el punto de mira
En el análisis que circula en redes se insiste: no hay ultras, solo hay un intento de desactivar a la sociedad civil. La etiqueta “operación psicológica” ha vuelto a usarse para leer lo ocurrido. Bajo esta óptica, el aviso sería un clásico rumor tóxico —aprovechado por quienes no quieren imágenes de tensión—, algo parecido a lo que se vio en la DANA o en episodios anteriores. La tesis choca con la versión prudente: si los ultras venían a provocar, mejor no darles el escenario.
El debate incómodo sobre la violencia
Lo más inquietante del intercambio de mensajes es que han aparecido voces defendiendo que la vía pacífica ya no sirve. Si la protesta se suspende ante la amenaza ultras, el pueblo queda desarmado. Algunas argumentaciones llegan a plantear la resistencia activa como única vía de hacerse oír. No están solos: otros recuerdan que la violencia, venga de donde venga, solo da coartadas al Estado para endurecer el control.
La paradoja: la manifestación se canceló por un peligro que nadie verifica. No hay imágenes de ultras, no hay confirmación oficial. Mientras tanto, las calles de Ceuta quedaron vacías, y la tensión, sin canal. El único dato objetivo es que un mes de malestar no ha logrado traducirse en una protesta unitaria. El resto es una guerra de versiones, con un vencedor claro: el statu quo.