Catalunya Ràdio carga contra Rosalía por cantar en castellano
La emisora pública catalana ha desatado una tormenta al calificar de «humillación para los catalanes» que Rosalía haya interpretado una pieza en castellano junto a la Escolanía de Montserrat. La polémica, lejos de quedarse en lo musical, ha derivado en un cruce de acusaciones sobre identidad, mercado y oportunismo político. En el centro del huracán, una artista que factura en dólares y una radio que vive de fondos públicos. El choque estaba servido.
El reproche de la emisora y la respuesta del mercado
La acusación es contundente: «Es una humillación para los catalanes y para ella misma, es una falta de respeto y es comprar un marco españolista hasta el fondo». Así lo ha expresado la emisora, según recoge el mensaje que abre este análisis. La reacción no se ha hecho esperar.
El argumento más repetido es que Rosalía canta en el idioma que mejor domina y que más vende, porque el catalán, fuera de su ámbito, apenas tiene recorrido comercial. «Salvo la propia región, nadie lo entiende y habla fuera», señala un participante. La lógica del mercado frente a la pureza identitaria: un clásico que se repite cada vez que alguien triunfa y no lo hace en la lengua que algunos consideran obligatoria.
Montserrat, el Tercio y la memoria selectiva
El debate ha derivado rápidamente hacia el pasado. Varios mensajes recuerdan que
Montserrat fue defendida por el Tercio de Requetés carlistas durante la Guerra Civil, y que ese monumento fue retirado. «Manda cojones que reivindiquen Montserrat cuando quitaron el monumento al Tercio de Requetés carlistas que la defendió», se lee. La ironía sirve para señalar lo que consideran una contradicción: reivindicar un símbolo mientras se borran las huellas de quienes lo protegieron. La discusión se enreda con la figura del Abad Oliva, fundador del monasterio, y su relación con los reinos hispánicos de la época.
Pajas mentales, resumen algunos.
La lengua como negocio: cifras y acentos
Más allá del ruido, hay un dato que sobrevuela: el castellano lo hablan más de 600 millones de personas. «Si cantase en inglés ningún catalufo se quejaría, pero claro, es español», apunta un mensaje. La comparación con ABBA, que cantaba en español para el mercado americano, sirve para ilustrar que la industria siempre ha mirado al bolsillo. Otros van más allá y señalan que
Rosalía imita el acento andaluz cuando canta en castellano, un detalle que a algunos les resulta chocante viniendo de alguien criado en el área metropolitana de Barcelona. La polémica lingüística se mezcla con la cultural: ¿es traición o es estrategia?
El independentismo y el desgaste del relato
La conversación también ha servido para que algunos lancen su particular factura contra el independentismo. «Cuando uno ya va olvidando la clase de personas que son los independentistas catalanes, siempre va alguno y te recuerda lo que son», sostiene un participante. La crítica se extiende a la hipocresía de quienes exigen pureza lingüística mientras
la propia locutora aceptaría un sueldo mayor en Madrid, según se apunta. La emisora, mientras tanto, sigue con 304.000 seguidores en redes y cero comentarios en sus publicaciones, un dato que algunos interpretan como síntoma de un discurso agotado.
La sombra del marketing y la industria musical
No todo es identidad. Varios mensajes diseccionan el fenómeno Rosalía como
producto de marketing. «Es la operación de marketing y creación de producto más obvia y bestial que he visto en décadas», afirma un participante. Se critica que detrás hay un equipo enorme y que su éxito responde a una estrategia milimétrica. Frente a eso, otros defienden su voz y su capacidad para el flamenco. La discusión deriva hacia la calidad musical actual, con lamentos por la involución sonora y elogios a etapas pasadas.
Mallaaaamennteeee, ironiza uno.
Al final, la pregunta que queda flotando no es si Rosalía debe cantar en catalán o en castellano, sino por qué una emisora pública dedica más tiempo a eso que a la carestía de la vivienda o al aumento de precios. «Siempre desviando la atención con estas mierdas», sentencia un mensaje. El dato que descoloca:
304.000 seguidores y cero comentarios. Algo falla cuando el altavoz es enorme y el eco, nulo.