Cáritas saca a su legión de voluntarias en Madrid: la Iglesia se moviliza por la regularización masiva
«Este es nuestro momento», debieron pensar en Cáritas Madrid cuando activaron a más de 5.500 voluntarias para la campaña del Día de la Caridad. Pero el mensaje que acompaña a las huchas no es el de la ayuda humanitaria clásica: la organización ha puesto toda la maquinaria al servicio de una petición política: una regularización de migrantes «con más alcance» que la propuesta del Gobierno. Entre los voluntarios, algunos confiesan que ya les han «intentado parar tres veces» repartiendo las huchas, y que responden con una sonrisa y mandando a paseo a los críticos.
El negocio de la caridad selectiva
No es la primera vez que las ONG religiosas son acusadas de usar reclamos emocionales para captar datos y donaciones, y luego destinar el dinero a causas distintas de las anunciadas. En este caso, varios análisis apuntan a que la prioridad de Cáritas no es atender a españoles en dificultades, sino a inmigrantes irregulares. La anécdota que circula es reveladora: cuando una española fue a dejar su currículum para trabajar como cuidadora, la directora de una oficina le espetó: «damos preferencia a las inmigrantes ilegales porque pobrecitas están solas». La preferencia no es casual: forma parte de una estrategia que busca regularizar a cuantos más mejor, a costa de los propios españoles que también están solos.
La campaña de las huchas: ¿solidaridad o lobby?
Las imágenes de las voluntarias con sus huchas por las calles de Madrid contrastan con el discurso oficial de Cáritas, que en paralelo presiona para que el Gobierno amplíe los procesos de regularización. La pregunta que flota en el ambiente es si el dinero de los donantes se usa para financiar esta presión política o para ayudar realmente a los más necesitados. Mientras tanto, los críticos recuerdan que «la Iglesia y el negocio migratorio» caminan de la mano, y que detrás de la caridad se esconde un modelo de negocio que crea dependencia.
Con estos mimbres, la campaña del Día de la Caridad se ha convertido en un campo de batalla: unos ven solidaridad; otros, una máquina de captar recursos para un proyecto político que perjudica a los españoles de a pie. El tiempo dirá si las voluntarias logran llenar las huchas o si la ciudadanía ha empezado a mirar con otros ojos a los que piden «para los pobres».
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